Crimen y castigo

Cuando te enfrentas por primera vez a un escritor del siglo XIX, tienes que tener claro que la forma de escribir de los escritores de esta época, en comparación con los de nuestra época, es decir del siglo XX, puede resultar farragosa y larga.
Las descripciones, los personajes, las situaciones, la trama, se alargan. Tienden a contarlo todo, a simplificar poco, a presentarte las situaciones sin una línea expositiva clara para la mentalidad del siglo XX, en la que debemos mucho al cine. Tenemos que tener en cuenta que ese ansia de simplificación, de dar una imagen, un flash, es típica de otro siglo, el nuestro.
Se suele considerar a Dostoievski como un maestro del alma humana, el primer escritor que utiliza la psicología para construir sus tramas, para explicar su historia, para reflejar «eso» que quiere transmitir.
La historia que construye, principalmente, en Crimen y Castigo es el asesinato de una anciana usurera y de su hermana. El asesino es un joven estudiante de leyes, Rodion Románovich Raskólnikov. Se podría pensar que lo ha hecho movido por el ansia de conseguir dinero y de escapar, así, de su paupérrima situación. Esta es la historia que va perfilando al inicio del libro Dostoievsky.
Nótese que desde el principio nosotros vamos acompañando a Raskólnikov. Nosotros somos como unas presencias extracorpóreas a su lado y vamos saliendo, entrando y acompañándolo en su deambular y encontrándonos con todos los que él se encuentra. Escuchando lo que nos dicen los personajes de la historia. Nosotros estamos presentes mientras mata a la usurera y a su desgraciada hermana, que tiene la mala suerte de aparecer en el momento menos indicado.

Nada más empezar a leer el libro, Dostoievsky nos prepara mínimamente la situación. Nos presenta al personaje principal, al que vamos a acompañar en su devenir. Nos presenta a la víctima, Alíona Ivánovna y se menciona a la hermana, Lizaveta. Nos presenta al otro personaje, de una historia paralela que se va uniendo a la corriente principal gracias a Raskólnikov, Marmeládov. Todo ello lo presenta Dostoievsky de una forma rápida, de un plumazo, se diría.

Hasta tal punto, que cuando se está empezando a leer el libro, no se entiende muy bien el porqué de todo ello. Personaje principal, la anciana usurera, la taberna y Marmeládov. Una descripción breve de la habitación de Raskólnikov, de la casa, de la criada. Tienes la sensación de no enterarte bien de nada y no encuentras concatenación en la presentación de la historia. Por esta razón, he indicado antes que los escritores del siglo XIX, son difíciles o los lectores del siglo XX somos complicados. Estamos acostumbrados a que nos presenten la historia, pero que nos dejen capacidad de pensamiento independiente. A los lectores de este siglo nos nos gusta que nos lleven de la mano y nos vayan presentando la historia como quiere el escritor, embrollando la historia, complicándola al principio para ir dando o tumbos o remolque, despistados, sin poder preveer qué va a pasar.

Así que después de describirnos a la vieja usurera, de presentarnos al funcionario Marmeládov bebiendo en la taberna, de presentarnos a su mujer Katerina Ivánovna y a la familia del funcionario que tanta relación va a tener en el relato y de introducirnos a la familia del protagonista; Dostoievsky, que hasta ahora nos ha llevado de la mano presentándonos una serie de escenas, aparentemente inconexas y que observa nuestro asombro ante la presentación del relato, nos da un empujón y nos pone directamente en situación. No, no hemos tenido que esperar hasta la mitad del libro para que se desencadene el hecho de la muerte. No ha intentado explicar porqué el protagonista va a matar a la usurera. No, directamente nos empuja a ir con Raskólnikov a matarla, en lo que creemos que es un arranque de cambio de situación económica. El protagonista, suponemos, se cansa de ir a empeñar artículos para poder sobrevivir, en un arranque de furia asesina a la usurera y la roba, proveyéndose así de fondos para continuar con su vida, su pobre vida. Nosotros pensamos eso por el monólogo que se desarrolla en la taberna a la que acude Raskónikov después de empeñar unos objetos. El funcionario, Marmeládov, explica completamente borracho ante la concurrencia de la taberna que «… la pobreza no es un pecado, es la verdad. También sé que la embriaguez no es ninguna virtud. Pero la miseria, señor mío, la miseria…, ésa sí que es pecado. En la pobreza conserva usted todavía la nobleza de sus sentimientos innatos; en la miseria, ni hay ni ha habido nadie nunca que los conserve». Nosotros pensamos esto, también, porque nos ha descrito la habitación del estudiante, sabemos que ya no estudia, que su situación es desesperada, que suele recibir dinero desde su casa.

Pero también nos encontramos que, desde su casa, recibe una carta de la madre -Puljeria Raskónikova- que le informa de la vida de su hermana, Avdotia Románovna. Y aquí, se perfilan, otra serie de personajes relacionados con ellas que influirán en la historia general: Marfa Petrovna, su marido Svidriagáilov y Piotr Petróvich Luchin. Y, también, sabemos a través de esa carta, que próximamente su familia va ir a vivir a San Petersburgo y que el protagonista va a recibir dinero.

Por tanto, cuando se desarrolla el acontecimiento, el asesinato, no entendemos porqué se ha desarrollado el hecho. Porque previamente al asesinato, Raskolnikov ha recibido una carta en la que se le anuncia un cambio de rumbo de su familia. Su hermana se va a casar con un abogado de San Petersburgo. Su madre, le va a mandar más dinero porque la situación ha cambiado sustancialmente. Rakolnikov va a disponer, en un corto período de tiempo, de la solución a sus problemas económicos, va a poder salir un poco de su pobreza. Pero, antes de hecho crucial, se presentan dos escenas de pobreza, de miseria, que hacen al protagonista mantener un diálogo curioso con un oficial, en el transcurso de este se planea el asesinato de una usurera como un bien social, un bien necesario, distribuyéndose su fortuna entre los más necesitados, entre los pobres, desfavorecidos. Ahí, Dostoievsky, en este breve diálogo nos presenta la verdad, la razón por la que el estudiante de leyes va a matar y de hecho mata.

Pero una cosa es lo que se tiene decidido mentalmente, el orden mental, la preparación de una posibilidad pero no realizada y otra cosa, muy distinta, es la realidad, hacerlo. Agatha Christie en el libro de Maldad bajo el sol apunta en esa dirección cuando por boca de Hércules Poirot expresa que una cosa es pensar en un crimen, desear que alguien muera y otra cosa muy distinta es hacerlo. Una es un desahogo, la otra es la acción, la realidad del hecho.

Aunque Raskónikov planea un asesinato, la realización del mismo acaba de una forma burda y desordenada. Nada pasa como se lo había imaginado él. Al final, además de matar a la vieja usurera, mata también a la hermana, además de arramblar con lo que encuentra, no es ordenado porque oye, siente, cree, no se aísla para buscar, seleccionar, se embarulla y se asusta con facilidad y sólo por un golpe de suerte consigue salir de la casa sin que nadie le descubra. Pero todo este ejercicio físico y sobre todo, psicológico, todo ese desarrollo fallido le agota. Consigue llegar a casa y cae derrotado.

A partir de aquí, el desarrollo de la trama es, por una parte: la lucha del protagonista con sí mismo, con sus flaquezas,  con su miedo, con su ansia de ser perdonado, con su ansia de sobrevivir, con su ansia de hacer el bien.

Se desarrolla el desenlace del funcionario Marméladov que muere atropellado por un coche de caballos y deja una viuda tísica, una hijastra que ha tenido que vender su cuerpo para dar de comer a la familia y unos niños pequeños. Un drama que acaba con la muerte de la viuda y la herencia de la hijastra y de los pequeños de un dinero de otro personaje que surge del mismo pueblo de la familia de Raskónikov y que acaba de heredar de su difunta mujer.

Con relación, a la venida de la madre y la hermana del protagonista, el desarrollo del matrimonio acaba en fiasco, al demostrarse de todas las formas posibles la repulsividad del prometido. La familia de protagonista acaban amparadas por la herencia de la mujer que la difamó allá en el pueblo y por la inclusión en sus vidas de un compañero de estudios, que como San Juan, pasa a ser de la familia.

El juez instructor que por medio de la psicología llega a los hechos y al culpable, acaba teniendo razón.

Svidriagáilov, que condena al ostracismo a la hermana de Raskónikov en su pueblo y que conduce al personaje que aparece como su prometido, Piotr Petróvich Luchin, a relacionarse en condición de superioridad moral hacia ella, da una vuelta a la historia. Este personaje oscuro sirve como desencadenante bienhechor para el drama de los huérfanos, no ceja en su pasión y arrastrado por todo ello se pega un tiro al final del libro.

Y el estudiante,al final, se acaba entregando pero respaldado por una prostituta, por Sonia, la hijastra, la joven que no tuvo más remedio que venderse en favor de alimentar a un mujer que no era su madre y a unos niños que eran sus hermanastros. Una joven «manchada» pero que se sacrifica por todos ellos. Ella que conoce el secreto de Raskónikov no sólo le empuja a que se entregue sino que se va con él a dónde le mandan y lo que es más importante, le perdona.

En conjunto, es un libro en el que hay muchos puntos que podríamos tratar: la redención por el amor; la pasión sin freno y sin medida que conduce a la muerte; la maldad y la perversidad, el interés que conducen al ostracismo y a la condena… Todo ello sentimientos que llevan y conllevan. Porque, al final, lo que se desarrolla en este libro aparte de los hechos presentados son sentimientos de amor o repulsa, de bienintencionalidad o malentencionalidad y su desarrollo psicológico. Lo que se piensa y se desarrolla a nivel mental puede o no ser desarrollado a nivel real. Lo que es creído bueno a nivel mental, no siempre es «bueno» a nivel real. Lo que parece fácil y justificado a nivel mental, no siempre es fácil y justificado realmente. Los deseos, las pasiones, los pensamientos, las intenciones se desarrollan a nivel mental, el ponerlo en práctica no siempre es posible y algunas veces, no se debería. Lo que puede estar justificado a nivel filosófico es condenado a nivel legal. No podemos llegar a pensar y convencernos que cualquier persona sobra o es justificado quitarla de en medio por lo que sea o desarrolle en la vida. Todos somos únicos y tenemos nuestra función. Pero, sobre todo, es un peso a nivel psicológico insoportable para las personas normales, con escrúpulos y conciencia. No es tan fácil matar, por la razón que se le quiera dar, por la justificación que se le quiera encontrar, porque al final pesa, pesa en nosotros. ¿Quiénes somos nosotros para demostrar, para valorar, para justificar la muerte de una persona?. ¿En qué nivel quedamos si lo hiciéramos? ¿Nos quedaríamos ahí? ¿Seguiríamos asesinando personas, justificando nuestra acciones? ¿Quién entonces es inocente, quién sería culpable, quién se salvaría de nuestra justificación destructora?

Y, sobre todo, el amor. El amor, al final, es redentor.

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