El economista esperanzado. Leopoldo Abadía

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EL CAPITALISMO

La calle Mandri, la Capitalism Street, es una calle en la que todos son capitalistas. Por el lado derecho, subiendo -la calle está en cuesta-, uno se encuentra con una pastelería, una relojería, un bar, una ferretería, una joyería… Por el izquierdo, un bar -al que voy a desayunar-, otro bar -al que voy a tomar una copa con mi mujer antes de cenar-, otro bar -al que todavía no he ido, pero todo se andará-, una tienda de flores, una tienda de ropa para niños, una pescadería…

Capitalismo puro. todos esos negocios son producto de personas que tuvieron una idea y la pusieron en práctica. Se jugaron <<su dinero>>. Y contrataron personas, y pagaron impuestos, y dieron de comer a gremios diversos -carpinteros, albañiles, electricistas…- que, a su vez, contrataron personas, pagaron impuestos, etc.

(…) E incluso, todos ellos dieron de comer a una oficina bancaria que hay en la calle, porque abrieron cuentas allí, pidieron créditos y, curiosamente, ¡los devolvieron puntualmente, pagando los intereses correspondientes!.

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España hay 3,25 millones de empresas, de las cuales más de la mitad no tienen a nadie asalariado. Si a ellas les sumamos las que solo tienen a uno o dos asalariados, resulta que ocho de cada diez empresas en este país tienen dos o menos asalariados. Con lo cual, cuando hablamos del tejido empresarial y de lo importante del capitalismo no nos referimos solo a Telefónica, Repsol o Inditex.

El capitalismo tiene sentido. Yo tengo cien acciones de Inditex. Amancio Ortega tiene más. Cuando en esa empresa deciden repartir dividendos, a él le tocan más que a mí, porque él se juega más que yo.

Mientras tanto, el señor Ortega y yo, gracias a que nos jugamos nuestros dineros -él más que yo-, hemos dado trabajo en el mundo a 109512 personas -datos del ejercicio 2011-, cantidad inferior a los que caben en el Nou Camp, pero respetable de todas maneras.

…: un país con cuarenta y siete millones de personas con iniciativa y que no esperen nada del Gobierno es riquísimo y un país con cuarenta y siete millones de personas sin iniciativa y que lo esperen todo del Gobierno es paupérrimo.

Oigo hablar mucho del capitalismo salvaje. (…) lleva a pensar que lo primero en el mundo soy yo, y luego yo, y luego yo.

En este terreno hay que darse cuenta de que eso de que llaman el capitalismo salvaje no es otra cosa que <<unos cuantos salvajes que hacen de capitalistas>>.

Y cuando el salvaje es caníbal te come. Cuando es futbolista va por tu ligamento cruzado; cuando es controlador aéreo va a por tus vacaciones; cuando trabaja en una empresa intenta hundirla; y cuando es empresario va a por los trabajadores de su empresa a ver si les puede hacer la vida imposible, y va a por los clientes a ver si les puede estafar, y va a por los proveedores con la intención de apretarles por el cuello hasta que saquen la lengua y se les salgan los ojos de las órbitas.

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