Los grandes procesos de la Guerra Civil española. Fernando Díaz-Plaja

EL GENERAL BATET, UN MILITAR <<FUSILABLE>> EN LAS DOS ZONAS

En octubre de 1934 se impuso solemnemente a los generales Batet y López Ochoa la máxima condecoración militar española, la Cruz Laureada de San Fernando, por su decisiva actuación al sofocar las revoluciones de Asturias y de Cataluña, respectivamente. Cuándo estalló la de julio de 1936, unos grupos izquierdistas asaltaron el hospital donde permanecía enfermo López Ochoa y le cortaron la cabeza en represalia de aquella actuación.

Parecida suerte habría corrido el general Batet de encontrarse en zona republicana por aquellas fechas; sin embargo estaba en el lado <<nacional>>, donde fue juzgado y condenado a muerte por hacer exactamente los mismo que en 1936; es decir, obedecer las órdenes del Gobierno legalmente constituido en el primer caso era centro-derecha (Radical y CEDA) y en el segundo de izquierda.

A consecuencia de circunstancias de todos conocidas, el Ejército se vio en la obligación patriótica ineludible de iniciar el movimiento nacional, declarando el estado de guerra y asumiendo los Poderes de todos del Estado para defender a la Patria de enemigos interiores poderosos. Para llevar a cabo esta elevada misión tuvieron que realizarse gestiones preparatorias a las que ningún militar debía permanecer no ya hostil, sino ni siquiera indiferente, haciendo presumir fundamentalmente cualquier entorpecimiento o inhibición la existencia de un enemigo en la sagrada obra emprendida.

El general Batet al mando de la Sexta División Orgánica, se negó a cooperar con sus compañeros haciéndolo, en cambio, con la República.

Ante Jefes del Estado Mayor calificó Batet el movimiento de locura y dijo que había de cortarlo. Ordenó al Jefe de la Sección de Ordenanzas del edificio de la División que entregara la vigilancia en éste y pernoctase en él. Quería salir a la calle para combatir.

Fueron inútiles cuantos insistentes requerimientos se le hicieron por su Estado Mayor para que depusiera su actitud ante la realidad a entregar el Mando, hasta que sin violencias quedó desarmado y detenido. Y aún después lamentó no haber extremado la resistencia.

La referencia sucinta antes consignada la gestación tenaz que Batet hizo en la Sexta División durante menos de un mes -compendio exacto del proceso- demuestra que al nombrar Casares para aquel destino a Batet no estuvo equivocado. No pudo hacerse más para que el alzamiento glorioso fracasar en el Norte. Particularmente en Burgos, después de la detención y traslado del General González de Lara y sus tres compañeros, sólo la invencible decisión y el alto espíritu de una guarnición como aquélla pudo vencer en el forcejeo sostenido contra las actitudes, maniobras y habilidades de quien mandaba la División.

¿Y por qué tenía Batet que sumarse al Alzamiento? Para los firmantes del informe la razón es muy clara. El artículo segundo de la Ley Constitutiva del Ejército de 1878, daba a este organismo la potestad de tomar el mando de la nación si peligraba la patria por causa de enemigos <<exteriores o interiores>>.

Esta fue la base jurídica según la cual los <<rebeldes>> pasaban ahora a ser quienes se oponían a las Fuerzas Armadas. De ahí la figura del delito llamado <<auxilio a la rebelión>> aplicado a quienes permanecieron al lado del que consideraban Gobierno legítimo de la República.

Así lo precisa el informe:

El dilema era muy claro, de un lado las Autoridades Militares que, por la razón suprema de salvar a España, estaban resueltas a cumplir, costase lo que costase, aquel deber primordial que señala al Ejército el artículo segundo de la Ley de veintinueve de Noviembre de mil ochocientos setenta y ocho (Colección Legislativa número trescientos setenta y siete), y de otro los sostenedores del Gobierno del Frente Popular, sin reparar en medios.

Pero aquel artículo de la Ley que es fundamental para el Ejército, porque le crea y establece y fija las normas básicas, hasta el punto de ser llamada Ley Constitutiva, dice claramente: <<La primera y más importante misión del Ejército es sostener la independencia de la Patria y defenderla de enemigos exteriores e interiores>>.

Sólo, pues, Autoridades legítimas del Ejército, las que cumplían el fin esencial de éste, que es su razón de ser. Y cuantos se alzaron en armas contra ellas pasaron a la categoría de rebeldes.

El número segundo del artículo doscientos treinta y ocho del Código de Justicia Militar, invocado en la sentencia de esta causa como fundamento legal de la condena, comprende entre los culpables de rebelión militar a quienes valiéndose del servicio oficial que desempeñan, ejecuten actos que puedan contribuir a favorecerla.

3º. Los referidos hechos constituyen por parte del procesado Excmo. Sr. General de División Don Domingo Batet Mestres un delito de rebelión militar, previsto y penado en el párrafo segundo del artículo 238, en relación con el 237, ambos del Código de Justicia Castrense.

En la noche del 18 al 19 de Julio último, en efecto, el Ejército, por la razón suprema de salvar a la Patria, desposeyó del Poder en España al llamado Frente Popular y asumió, siquiera sea circunstancialmente, todos los poderes públicos a que se refiere el párrafo primero del citado artículo 237.

Concretamente, en la Sexta División Orgánica fue el Excmo. Sr. General Don Emilio Mola quien así obró, declarando el estado de Guerra sin reconocer al llamado Gobierno de Madrid. Al hacerlo, dicha Autoridad y los numerosísimos Jefes y Oficiales que le siguieron en tal actitud, no sólo realizaron una inexorable obligación impuesta por imperativos de patriotismo sino que también cumplían el más primordial de los deberes que al Ejército señala su Ley fundamental, la de que le crea y establece y fija las normas de su existencia y de la organización hasta el punto de ser llamada Ley Constitutiva del Ejército. La de 29 de Noviembre de 1878 (C. L. nº367), que en su artículo 2º dice: <<La primera y más importante misión del Ejército es sostener la independencia de la Patria y defenderla de enemigos exteriores e INTERIORES>>

El informe cita luego lo que será leitmotiv de la propaganda <<nacional>> durante toda la guerra: el comunismo (<<naciones extrañas>>), el separatismo, la masonería (<<poderes ocultos>>) obligan al Ejército a tomar el mando. En su contra se producirá una rebelión <<ilegítima>>. Y Batet tomó parte de ella.

Y en España por una serie de vicisitudes políticas, que no es el caso concretar ahora, y por un lento pero incesante proceso de descomposición había llegado a detentar los Supremos Poderes públicos quienes deseaban las destrucción, el acabamiento de España, su total ruina económica y la ruptura de su unidad como Nación, todo ello en contubernio con separatismos odiosos e influencias antiespañolas de naciones extrañas y poderes ocultos. El glorioso Movimiento Nacional defiende a España de enemigos interiores. El Ejército que inició aquél ha cumplido su misión primera y más importante según la citada Ley constitutiva.

Frente a las autoridades del Ejército que, por cumplir lo dispuesto en dicha Ley constitutiva son las legítimas, se produjo un alzamiento en armas preparado y sostenido por el Frente Popular e iniciado la misma noche del 18 de Julio. En tal alzamiento en armas, que aún subsiste, aunque en la menor parte del territorio Nacional, concurren las circunstancias todas establecidas por el citado artículo 237 del Código de Justicia Militar como características del delito de rebelión Militar, y preciso es enjuiciar la conducta toda del procesado por la estrecha relación que tiene con la ya definida rebelión. Los sucesos de la Sexta División no fueron un hecho aislado, sino un episodio, aunque de los más trascendentales, del gran Movimiento Nacional y de la lucha armada contra él. Sobre esta base es evidente que el Excmo. Sr. General de División Don Domingo Batet Mestres, valiéndose del servicio oficial que desempeñaba, ejecutó numerosos actos que contribuían a favorecerle. Por lo tanto está incurso en el párrafo segundo del artículo 238 del citado Cuerpo legal.

El Defensor pide que se proceda a unir al proceso la prueba de las conferencias telefónicas realizadas así como de los telegramas enviados y recibidos y, finalmente, niega la existencia de delito de rebelión militar que no se produjo.

Tercera. Exacto que la ley constitutiva del Ejército dice lo que el Sr. Fiscal afirma en la correlativa a este número de sus escrotos de conclusiones; pero ni los hechos que señala como fundamentales de calificación, y menos los reseñados por esta defensa son constitutivos de delito de rebelión militar.

Será bastante para demostrarlo copiar el artículo 237, y conste que lo hacemos de la colección legislativa; y conste también que el citado artículo está redactado con arreglo al Decreto de dos de Mayo de 1931.

Es pues la ley aplicable que defiende con sus sanciones al Ejército. Dice así el artículo numerado: Son reos del delito de rebelión los que se alcen en armas contra la Constitución del Estado Republicano, contra el Presidente de la República, la Asamblea Constituyente, los Cuerpos Colegisladores o el Gobierno Constitucional y Legítimo, siempre que lo verifiquen concurriendo alguna de las circunstancias siguientes:

1ª. Que estén mandado por militares o que el movimiento se inicie, sostenga y auxilie por fuerzas del Ejército.

2ª Que formen partida militar organizada y compuesta de diez o más individuos.

3ª Que formen partidas en menor número de diez si en distinto territorio de la Nación en otras partidas o fuerzas que se propongan al mismo fin y

4ª Que hostilicen a la fuerza del Ejército antes o después de haberse declarado el estado de guerra.

Un precepto legal define, ya lo hemos dicho; el otro gradúa, pero el 238 supone la existencia del 237, y… el General Batet <<no>> se alzó en armas contra nadie, ni valiéndose del cargo contribuyó a favorecer una rebelión marxista que en los días ya señalados no se habían exteriorizado.

Sentencia de muerte.

Los primeros <<resultandos>> constituyen una información general de las razones que obligaron al Ejército a levantarse en armas contra el Gobierno republicano para demostrar (6º Resultando) que cada militar estaba obligado a colaborar con el Alzamiento.

En el 7º Resultando se precisa la responsabilidad de Batet que, conocedor del ambiente <<fundamentalmente tenía que abrigar el convencimiento de que la lucha llegaba>> por lo que debía elegir bando. Obsérvese que se trata de una deducción un tanto aventurada. Es evidente que los conspiradores con Mola, su subordinado en Pamplona a la cabeza, nunca le hicieron partícipe de sus planes -probablemente por temor a que los rechazara- (…) Parece pues, cierta, la afirmación del procesado de que los ignoraba.

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