Matanza y cultura. Batallas decisivas en el auge de la civilización occidental. Victor Davis Hanson

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II

LA LIBERTAD, O «VIVIR COMO SE QUIERA»

SALAMINA, 28 DE SEPTIEMBRE DE 480 A.C.

Debe de ser horrible ahogarse en el mar. Los brazos debatiéndose contra las olas, los pulmones llenándose de agua salada, el cuerpo cada vez más pesado y aturdido, el cerebro resquebrajándose y crepitando a medida que agota sus últimas reservas de oxígeno, la última visión consciente de la débil e inalcanzable luz del sol, ahora lejana, muy por encima de ti, sobre la superficie rizada del océano. A fines de septiembre del año 480 a.C., ya al final del día, un tercio de los marineros de la flota persa se encontraban precisamente en esos últimos y horribles momentos de su existencia. (…) unos 40.000 (…) A todos, lejos de Asia, los aguardaba el mismo destino en las cálidas aguas del Egeo. (…) en la guerra naval el mar es el principal asesino.

El trirreme, invención de origen fenicio o tal vez egipcio, era un navío de remos y no de vela. Normalmente, contaba con una tripulación de 170 remeros a los que acompañaban timoneles y alrededor de treinta infantes y arqueros que navegaban apiñados en cubierta. A diferencia de lo que ocurría en las galeras europeas posteriores, en los trirremes, los remeros se sentaban a diferentes alturas y en grupos de tres, y cada uno de ellos manejaba un solo remo de no mucha longitud. La gran ventaja de los trirremes consistía en un diseño que mantenía una extraordinaria relación entre peso, velocidad y potencia.

El trirreme era también una nave frágil y vulnerable que, cuando navegaba en aguas abiertas, dejaba un margen de seguridad muy escaso a los doscientos hombres que llevaba a bordo, y es que las portillas de la bancada inferior de remos estaban a muy poca distancia del agua. A diferencia de lo que ocurre en los buques de guerra modernos, en los barcos antiguos la tripulación apenas disponía de tiempo para evacuar la nave.

Las aguas funerarias de los persas fueron un pequeño estrecho de apenas dos kilómetros de anchura situado entre la isla de Salamina y la región del Ática.

Salamina, un nombre que todavía es sinónimo de ideales abstractos como libertad y «el nacimiento de Occidente», no se asocia con un baño de sangre.

Toda la literatura griega hace hincapié en la singularidad de la libertad griega, una idea extraña que, según parece, no existió en sentido abstracto en ninguna otra cultura de la época. La idea de libertad, en efecto, surgió en los siglos VII y VI a.C., entre los hablantes de lengua griega de los pequeños y relativamente aislados valles agrícolas de la tierra continental griega, de las islas del Egeo y de la costa de Asia Menor. La palabra «libertad» o su equivalente -comas igualmente extrañas «ciudadano» (polites), «gobierno de consenso» (politeia) y «democracia» (demokratia, isegoria)- no se encuentra al parecer en el léxico de otras lenguas antiguas contemporáneas excepto el latín (libertas, civil, res publica).

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