Madrid y sus anhelos urbanísticos. Memorias inéditas de Secundino Zuazo, 1919-1940

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INTRODUCCIÓN

Carlos Sambricio

Palacios usaba el lápiz y yo la goma. (…) Palacios proyectaba con un 4B y a escala 1:500 y yo lo hacía con 2H y a escala 1:50

Frente a esta primera actividad, en 1920 Zuazo realizó dos viajes fuera de España que dejaron profunda huella en su modo de valorar la ciudad; el primero de ellos, con motivo de su viaje de bodas, le permitió conocer París, quedando impactado menos por su arquitectura que por las intervenciones llevadas a cabo por Haussmann, valorando de qué forma la construcción de la ciudad por el privado caracterizó un nuevo modelo de gestión. El segundo viaje, en 1920, lo realizó a Londres para asistir al Congreso Interaliado sobre Habitación y Ciudad.

El Congreso de Londres de 1920 se convocó para estudiar las políticas que los gobiernos debían seguir sobre los temas señalados. Después de seis días de debates se estableció, a modo de conclusiones, un plan sobre el acceso a la vivienda en el que se fijaban las responsabilidades del Estado, las del sector privado y las de los gobiernos locales. (…) Se abría con ello el debate entre los partidarios de un urbanismo liberal y quienes defendían que la intervención en la ciudad -tanto las reformas interiores como la construcción de viviendas sociales- fuese competencia de los poderes públicos. Aquellos temas, que preocupaban a la Europa destruida tras la guerra, eran igualmente trascendentes en una España que intentaba aprovechar la bonanza económica de la neutralidad para industrializar sus ciudades; por ello, el tema del congreso interesó tanto a los ayuntamientos de las grandes ciudades españolas como al Instituto de Reformas Sociales, que en ese momento preparaba una nueva Ley de Casas Baratas.

Para los españoles presente en el Congreso el tema de mayor interés -dado el cambio que se preveía en la Ley de Casas Baratas- fue la discusión sobre si la construcción de viviendas económicas era competencia del Estado, de los municipios o responsabilidad del sector privado.

El Congreso de Londres supuso un quiebro, tanto en Barcelona como Bilbao o Madrid, en la forma de valorar la ciudad. En Madrid, la situación en 1920 era compleja para quienes se enfrentaban al problema de la vivienda obrera, puesto que la casi totalidad del suelo no ocupado del ensanche pertenecía a propietarios cuya práctica era retener el mismo, sacándolo al mercado con cuentagotas. Ante tal actitud, la fuerte demanda provocó que su precio se incrementase, en sólo quince años, en más del 450%. Y quienes pensaban que la solución era crear suelo reclamaron la anexión de Fuencarral y Vicálvaro. (…), Zuazo entendió que la construcción de la ciudad debía ser competencia del sector privado. (…) y sólo así se comprende que, a su vuelta a España, figure como técnico de la contrata de la Gran Vía.

Para aquel Zuazo, el tema de interés era profundizar en los mecanismos de gestión de la ciudad, mientras que la arquitectura desarrollada tras la Gran Guerra por la joven vanguardia le era por completo indiferente; y es en este punto cuando es necesario destacar el hecho de que, desde 1919, Zuazo era el técnico responsable en la concesión del segundo tramo de la Gran Vía madrileña.

Entiendo que si la figura de Zuazo se estudia desde los proyectos arquitectónicos por él concebidos entre 1919 y 1936, existen evidentes saltos y contradicciones.

La Gran Vía madrileña era, en aquellos momentos, el paradigma de la intervención del sector privado en la construcción de la ciudad. (…) Mariano Belmás censuró en 1893 la pasividad de un Ayuntamiento incapaz de afrontar temas tales como la construcción de un ferrocarril de circunvalación propuesto por Arturo Soria, la instalación de líneas telefónicas o la apertura de la Gran Vía. Denunciaba la pasividad existente apuntando que, de haberse permitido al sector privado llevar a término estos proyectos, no sólo la ciudad se hubiera beneficiado con estas mejoras, sino que las mismas habrían dado trabajo a miles de obreros. La opinión de Belmás reflejaba una corriente de opinión, y sólo dos años más tarde – en marzo de 1895- el Gobierno de Cánovas del Castillo aprobaba la Ley de Reforma Interior y Saneamiento de Poblaciones, que, apoyándose en la Ley de Expropiaciones de 1876, establecía las pautas de urbanismo que facultaba al capital inmobiliario a intervenir en la ciudad, trazar reformas interiores, expropiar los solares por donde llevar las nuevas vías, reparcelar, proceder a los derribos y, finalmente, edificar las construcciones proyectadas. Aparecía una nueva figura, la del «concesionario», y la norma de 1895 otorgó a éste no sólo capacidad jurídica para marcar y delimitar parcelas, sino que le permitió expropiar una banda máxima de veinte metros a cada lado de la nueva vía.

El proyecto de Gran Vía presentado en 1898 por Carlos Velasco, y modificado y reformado por López Salaberry y Octavio Palacios, fue aprobado en 1901, dividiéndose -con vistas a su realización- la misma en tres tramos. El primero se iniciaba en las inmediaciones de la iglesia de San José, en la calle de Alcalá, terminando en la confluencia de Hortaleza y Fuencarral con Montera; el siguiente tramo arrancaba de este punto y alcanzaba las inmediaciones de la calle de San Marcos. (…) Son conocidos los grandes frutos obtenidos por los empresarios bilbaínos durante la guerra, y por ello no debe extrañar que el presidente de la Cámara de Comercio de Bilbao, Horacio Echevarrieta, decidiera convertirse en el concesionario del segundo tramo de la Gran Vía madrileña, contando para ello con la colaboración técnica de un arquitecto bilbaíno -afincado en Madrid- como era Secundino Zuazo.

…Zuazo decidió abandonar la dirección de las obras; tras negociar con Echevarrieta el pago de las cantidades correspondientes, obtuvo de éste la cesión de un solar en la esquina de la calle Abada con Gran Vía. Y aprovechando cuanto había aprendido de la Ley de 1895, decidió ser promotor de sí mismo, construyendo en dicho suelo el cine que conocemos como Palacio de la Música. (…) desde 1919 Zuazo había constituido con Mañas una Sociedad de Estudios cuyos primeros trabajos fueron el Anteproyecto de la reforma viaria parcial del interior y Ensanche de la ciudad de Sevilla, presentado en dicho año, y el Proyecto de Reforma Interior de Bilbao, presentado en Bilbao un año más tarde.

Dejó de ser «aquél que está a la espera del posible cliente con un posible encargo» para convertirse en un técnico en contacto con grupos inmobiliarios -con la banca española o incluso con la banca extranjera-, capaz de encauzar inversiones hacia determinadas propuestas urbanístico-arquitectónicas, aprovechando las posibilidades abiertas por la normativa.

Surgió una iniciática leyenda sobre la figura de Zuazo (una leyenda negativa) al considerar muchos que el purismo del artista era contrario a la labor desarrollada por un técnico con la capacidad gestora y empresarial necesaria para llevar a término el mismo. (…) a su condición de empresario liberal, ocultando su faceta de hombre de negocios presente en diferentes Consejos de Administración o, incluso, presidente de distintas inmobiliarias. No se ha comentado que la Casa de las Flores fue llevada a término por una sociedad inmobiliaria de la que Zuazo era el presidente del Consejo de Administración, ni se han estudiado cuáles fueron las compensaciones que el Zuazo empresario solicitó del Ayuntamiento como compensación por la ejecución de la prolongación de la Castellana. No se ha estudiado tampoco en qué manera intervino en el proyecto de Zaragoza, ni se ha mencionado su participación económica en la propiedad del Frontón Recoletos -lo que permitiría comprender su relación con Torroja-, ni jamás se ha hecho mención a las empresas inmobiliarias que creó tras la guerra y con las que llegó a construir en Madrid, en apenas dos décadas, varias decenas de miles de viviendas. Ignorarlo no sólo supone falsear la historia (…), sino que refleja no haber entendido el auténtico valor que, durante los años veinte y treinta, tuvo Secundino Zuazo.

A partir de 1919 su preocupación fundamental fue la de compaginar una actuación económicamente rentable para el promotor con la calidad técnica de la propuesta, y es por ello que el Zuazo hombre de empresa busca que le sean concedidos los encargos que el Zuazo arquitecto deberá diseñar. (…) Zuazo asume su convicción según la cual la calidad técnica del producto de fábrica estaría acompañada de la calidad estética del estilo.

… al dejar el Gobierno de Primo: tras le fuerte incremento en los precios de la construcción surgido durante la Gran Guerra, al acabar la misma se produjo un retraimiento en la edificación; por ello, y tras el fracaso de las políticas planteadas desde los Ayuntamientos, la reacción vino desde el propio Gobierno, que intentó, afrontando grandes proyectos de Estado, incentivar la economía. Se diluyó el interés en construir barriadas de casas baratas y, en su lugar, el Directorio potenció la inversión en obras hidráulicas y la construcción de carreteras, afrontó la colonización interior y potenció la ordenación del extrarrario de las grandes capitales. Por esta razón, las cuestiones expuestas en la conferencia de 1923 dejaron de tener actualidad. Y cuando en 1925, Zuazo participa en la Exposición sobre la Construcción y la Habitación, no sólo lo hará mostrando sus propuestas, sino participando en el debate técnico, tratando de incentivar el uso de los nuevos materiales.

Y es en este contexto cuando Zuazo se anuncia en la revista Arquitectura (dentro de las páginas dedicadas a publicidad) como «Sociedad de Estudios Limitada», ofreciendo sus servicios no tanto a particulares como a las grandes empresas o grupos inversores. Consciente de la falta de medios técnicos y económicos de los Ayuntamientos para llevar a cabo sus propuestas urbanas, centra su interés en obtener/participar/desarrollar/gestionar los grandes proyectos de Estado que se proponen en estos momentos, lo que hace no como simple promotor, sino como hombre de empresa ligado a la banca. Y como reconoce en las Memorias, su actividad en la Sociedad de Estudios «estaba vinculada a la de cierta banca española».

Por indicación de dicha banca afrontó el estudio de cuestiones tan dispares como la situación del tráfico ferroviario en Madrid, buscando resolver el enlace de las distintas líneas que confluían en la ciudad: formuló en Zaragoza las bases de un posible ensanche y de una nueva ciudad-jardín, o se interesó por un fantasioso plan (el posible túnel bajo el estrecho de Gibraltar) proyectando, en cada una de las embocaduras, una ciudad-jardín. Y prueba de la relación entre estas ideas y grupos inversores franceses y belgas es el comentario que aparece en las Memorias, como señala: «Existía una sociedad internacional de estudios en los que intervenía alguna banca española que trabajaba en dos trascendentales problemas: en la red ferroviaria, convirtiéndola en europea, y sobre el paso del túnel de Gibraltar. Esa sociedad se había constituido antes del advenimiento de la República, deteniéndose con el cambio político. Además, había pedido programas de ayuda general de Barcelona, Madrid o Valencia, para resolver sus problemas de crecimiento, inversiones en obras de servicios de agua y construcción de viviendas con préstamos de capitales y suministro de materiales que no se fabricasen en España. Yo tenía orientaciones sobre los planes a confeccionar en relación con estas dos grandes operaciones que Madrid precisaba resolver: la prolongación de la Castellana y el Plan de reforma interior».

…por primera vez, un protagonista de la época reconoce abiertamente que la banca internacional jugó un papel relevante en algunos de los planes de ordenación concebidos en Madrid, Barcelona o Valencia durante la Dictadura de Primo de Rivera; en segundo lugar, que dicho capital se interesaba tanto por la construcción de infraestructuras (…) o la ordenación de las citadas ciudades como por otros proyectos, (…); y por último, que la construcción de infraestructuras y la extensión de dichos núcleos se llevaron a término con créditos concedidos por grupos financieros extranjeros, tras haber sido aprobados los  correspondientes proyectos.

Para el estudioso, la historia del urbanismo se identifica con la historia de los proyectos que trazaron los arquitectos, y éstos -y sólo éstos- han sido objeto de estudio. Si pocas veces se ha diferenciado el estudio del Plan del análisis del Planeamiento, todavía menos veces se ha afrontado el estudio de las grandes transformaciones urbanas, tratando de comprender cuáles eran los intereses económicos de los grupos inversores, cuál su valoración de la ciudad (…) o cuál el saber profesional (o la competencia) de los técnicos que colaboraron con ellos. Entiendo, pues, que sería del mayor interés, para lograr un entendimiento global de la historia urbana, conocer tanto cuáles fueron las líneas de actuación de las grandes empresas constructoras como las políticas que sobre la ciudad, las obras públicas o el territorio, desarrollaron los bancos y grupos económicos.

En aquel Madrid, algunos asumieron la modernidad centroeuropea de manera un tanto mimética: así, el Rincón de Goya, de Mercandal; la Gasolinera de Porto Pí, de Fernández-Shaw, o la Casa del Marqués de Viana, de Blanco Soler, sólo fueron manifiestos arquitectónicos. Ejemplos relevantes del saber europeo, su planteamiento era completamente distinto a la problemática fundamental de aquellos años, a la discusión sobre cómo afrontar la construcción de viviendas para las clases más desfavorecidas. (…) Fue en dicho momento cuando Le Corbusier, Gropius o Van Doesburg visitaron la Residencia de Estudiantes…

…fueron rechazadas tanto por Lacasa (quién escribió un artículo titulado «Los falsos axiomas») como por Rubió i Tudurí, quien desde Barcelona comentaría («En front de Le Corbusier») sus opiniones en La Nova Revista. (…) «Creo que los rascacielos. Porque es lo que más semeja a las grandes construcciones técnicas del presente -un crucero-, un transatlático. Y a las antiguas: una pirámide, una esfinge, una torre de Babilonia». (…) Porque es sabido que la figura de Secundino Zuazo fue, para aquella generación, referencia indiscutida.

Sin teorizar, citar o mencionar las razones de tal cambio, el primer Zuazo arquitecto -aquel que había recurrido a composiciones próximas a Piacentini- se agota en los años finales de la década, y frente a él aparece otro distinto, un arquitecto que opta tanto por la simplificación en la composición como por una estilización en los recursos que se refleja en el modo de entender las plantas de sus viviendas. (…) se refleja en el proyecto que concibe en torno a 1928, cuando recibe de la Compañía Inmobiliaria Española el encargo de proyectar -en el barrio de Argüelles- el bloque de viviendas para alquiler que conocemos como Casa de las Flores. Pero no nos equivoquemos: que el encargo recayese en Zuazo se entiende mejor si sabemos que él mismo era presidente del Consejo de Administración de aquella sociedad.

…destacaría que «las plantas de las casas se hallan con patios de superficie que no permiten la entrada de aire ni de la luz y, consiguientemente, los inconvenientes del vestíbulo oscuro, pasillos desarticulados, largos y faltos de ventilación y distribuciones equivocadas».

Estudiando la manzana de Castro, valoró la parcela como un todo y no como suma de lotes, lo que le llevó a proponer dos tipos de patios: uno, patio-jardín, abierto a los testeros de la parcela y que enlazaba con las soluciones berlinesas de Lassen o Mebes, y el otro, patio-interior, alternativo a aquellos otros con mala aireación y peor iluminación, que debía desarrollarse longitudinalmente en el interior de cada bloque, articulando dos zonas bien distintas en la vivienda: una -dormitorios y sala de estar- con frente al exterior (calle o jardín) y otra -cocina y servicios- vertiendo a dicho patio. De este modo, al establecer dos dobles crujías a ambos lados del espacio ajardinado, convertía casi un tercio de la misma (en una parcela de 9.000 metros) en espacio abierto.

Dispuso para ello tres volúmenes distintos a cada lado del patio central y dio ocho alturas al cuerpo con fachada a la zona ajardinada, cuatro alturas al situado en el centro de la crujía paralela al jardín y con fachada a calle (…) y seis al resto del conjunto. (…) dispuso veintiún tipos de vivienda de distintas superficies -desde un mínimo de 71 metros y un máximo de 115 metros-…

Valoró, en consecuencia, la fachada sur de manera distinta a como trató las orientadas a levante y poniente; en la primera, dispuso los comercios, retranqueando el testero que daba acceso al jardín, y resaltó la esquina que daba ala calle de Princesa, convirtiéndola en espolón, y dando al proyecto una singular dimensión urbana. (…) enfatizó el cuerpo bajo de esta fachada con cinco grandes arcos abocinados tras los que dispuso los espacios comerciales,… Y en la intención de destacar esta fachada del resto del edificio, resaltó el uso del ladrillo en el bajo comercial, disponiendo en cada una de las plantas terrazas corridas que rompían la voluntaria austeridad del frente a Hilarión Eslava o Rodríguez San Pedro al utilizar, de modo excepcional, el perfil metálico.

Impacta, al recorrer la fachada, la renuncia que el arquitecto hizo del ornato. Si los frentes del jardín interior se trataron con un simple enfoscado, las fachadas a calle se valoraron como paños desnudo con un ladrillo mal cocido, donde sólo las aristas vivas de los huecos rompían la monótona imagen de dicho frente. (…) Zuazo introdujo, como única ornamentación, las posibilidades mismas del material, jugando con el amplio abanico de opciones que brindaba el aparejo: allí donde trató de favorecer el aislamiento ejecutó los paramentos exteriores combinando las hiladas de soga con hiladas de tizones, y cuando quiso enfatizar los dinteles sobre los huecos de ventanas trató el aparejo a sardinel.

En la España de finales de los años veinte el concepto «vivienda mínima» fue mal entendido por quienes e preocuparon por el tema, y cuando aquel agitador cultural que fuera García Mercadal convocó a su costa, en 1929, un concurso sobre «vivienda mínima», los proyectos presentados testimoniaron que la forma de entender la cuestión nada tenía que ver con lo que se planteaba en otros países. (…) Porque, ajeno al debate europeo sobre la vivienda que caracterizó a los CIAM (viviendas con superficie próxima a los 50 metros), en la Casa de las Flores su preocupación fue definir cuál debía ser la vivienda para una burguesía media, asumiendo un papel que ni eera el desempeñado por Gutiérrez Soto (viviendas de 400 metros) ni tampoco el jugado por la vanguardia europea de esos años.

Con aquella propuesta Zuazo abría una reflexión sobre varios frentes: en primer lugar, sobre la organización y distribución de la vivienda; después, planteando el problema del bloque cerrado o abierto; y por último, sobre la gestión de la ciudad, buscando -…- la rentabilidad de la operación.

Únicamente Fullaondo admitía -…- la presencia de Fleischer en el estudio, sin comentar cuál fue allí su labor, cuánto tiempo duró su colaboración o en qué proyectos intervino, si bien sí fue Fullaondo quien, aunque sólo de pasada, mencionó por primera vez una imprecisa presencia de Mercadal en el citado despacho.

En el Madrid anterior a la guerra dos eran los arquitectos reconocidos como referencia por la joven generación: uno, Leopoldo Torres Balbás, el catedrático de Historia de la Arquitectura próximo en sus planeamientos a la Institución Libre de Enseñanza, difundió, entre los más jóvenes, el valor de la historia y la necesidad de afrontar la arquitectura desde el estudio de la tradición. Erudito historiador de la arquitectura, Torres Balbás fue al mismo tiempo el primer crítico moderno que comentó cuáles eran los problemas de la nueva realidad. (…) El otro maestro de la arquitectura -…- fue Secun, abreviatura cariñosa que Zuazo recibió de los más jóvenes.

«En mi estudio y oficina en esos momentos era numeroso el personal». A finales de los años veinte y durante la década de los teinta, el estudio de Secundino Zuazo contaba con la presencia, además de García Mercadal, de algunos jóvenes arquitectos españoles, entre los que cabría destacar a Martín Domínguez, Arniches, Ortiz, Pérez Mínguez, Bidagor y Moreno. (…) Junto a éstos, en la nómina del estudio figuraban cuatro delineantes, uno de los cuales, Nuere (…) fue quien, en plena Guerra Civil, viajó a Francia para entrevistarse con el arquitecto cuando éste recibió de Prieto el encargo de Reus. Pero lo que sorprende de aquel estudio es que entre 1930 y 1936 colaboraron no uno, sino un mínimo de cinco arquitectos alemanes, alumnos varios de ellos de Hermann Jansen.

Además de Fleischer, desde 1930 y hasta poco antes de iniciarse la Guerra Civil, colaboró también en el estudio un joven alemán apellidado Jansen -sin relación familiar con el berlinés coautor del concurso de 1929-, quien, a su vuelta a Alemania, fue nombrado en 1940 Hochbauamt -literalmente «funcionario superior de la construcción- en Saarbruecken. Colaboró igualmente en el despacho de Zuazo situado en la plaza de la Independencia el arquitecto austríaco Edgar Tritthart, personaje de singular perfil: miembro del NSDAP, su permanencia en España fue sorprendente por cuanto que -…- sabemos que fue uno de los contactos/enlaces políticos-profesionales de José Antonio Primo de Rivera, reclamándose incluso amigo personal, y del vasco José Manuel Aizpurua, el arquitecto del Naútico de San Sebastián, socio de Labayen, miembro del Grupo Norte del GATEPAC y, paralelamente, jefe provincial de la Falange. (…) Y junto con los tres citados, en 1931 aparecía en el estudio Ewald Liedecke…

En aquel equipo Jansen era quien dominaba las claves de la disciplina y los recursos del diseño y del oficio, mientras que Zuazo conocía urbanísticamente la ciudad y sus problemas, y poseía las claves para llevarla a cabo, estableciendo los mecanismos de la gestión.

Los participantes al concurso contaron con una excepcional documentación (la Información sobre la Ciudad, elaborada por un equipo dirigido por Fernández Quintanilla) donde, tras analizar el desarrollo histórico y la topografía -las características de tráfico, las condiciones de higiene, el hacinamiento y la falta de vivienda o la distribución de comercios-, se recomendaba la conveniencia de organizar el desarrollo de un eje Norte-Sur que enlazara el entorno de Chamartín con las inmediaciones del río. Y tras poner de relieve que una de las cuestiones prioritarias para Madrid era dar solución a los enlaces y a la red ferroviaria, el trazado de un ferrocarril de circunvalación se convertía en tema fundamental para posteior formulación.

Al concurso se presentaron doce trabajos -algunos alemanes y franceses- de los que no tenemos noticias, entre los que se encontraban tres que eran fruto de colaboraciones entre técnicos españoles y extranjeros, si bien nada sabemos de los criterios con los que se configuraron dichos equipos. Justificando el incumplimiento de las bases, el jurado declaró desierto el primer premio, a pesar de que en acta destacara el trabajo presentado por Zuazo y Jansen por encima de las restantes ideas y explicara que le premio no les era concedido al no haber afrontado algunas de las cuestiones técnicas planteadas en la bases.

La preocupación fundamental de Zuazo en el proyecto de la Castellana era la definir un plan capaz de atraer a los inversores privados de forma que fuesen éstos (y no el Estado o el Ayuntamiento) quienes lo ejecutasen. (…) atribuía la indecisión a la nula formación urbanística de los concejales municipales, políticos -la mayor parte de las veces- de tercer orden, carentes de cualificación técnica y sin ideas claras sobre cómo afrontar la gestión de la ciudad.

Para desbloquear la situación de punto muerto a la que se había llegado, Zuazo -viendo cómo con el debate desde la disciplina era imposible encontrar solución- apeló a los más altos poderes políticos, reclamando de ellos la necesidad de afrontar con otra perspectiva la gestión de la ciudad. (…) el gran éxito de Zuazo fue conseguir que Azaña hiciera suyo el proyecto,…

…Azaña fue, sin duda, el político con una mayor y más ambiciosa idea de cambio: consciente de la necesidad de modificar la imagen de gran poblacho mesetario que tenía Madrid, ciudad sin ambición de capital, entendía como prioritario contar con un Plan (…), razón por la que apoyó decididamente, y frente a los criterios y opiniones del Ayuntamiento, las ideas de Secundino Zuazo.

…Azaña (…) Plumas y Palabras, «es una ciudad prehistórica, cavernaria. Siempre que escribo algo de lo mucho bueno que pienso de Madrid, trabajo me cuesta celar esta convicción profunda. Madrid no me inspira una afición violenta. Si el amor propio de los madrileños no se irrita, añadiré que Madrid me parece incómodo, desapacible y, en la mayor parte de sus lugares, chabacano y feo. Es un poblachón mal construido, en el que se esboza una gran capital».

Lo que en cualquier caso resulta evidente es que las obras de la Castellana y la idea de los Nuevos Ministerios fueron proyectos del Gobierno de la República y no del Ayuntamiento.

Al margen de las opiniones de Azaña, para Prieto la propuesta de Zuazo suponía una plataforma idónea para coordinar la política ferroviaria y ordenar los accesos ferroviarios a la capital. Si para Azaña el Plan fue un pretexto para modificar la imagen urbana de Madrid, para Prieto el Plan afrontaba tres problemas bien concretos: en primer lugar, al entenderse como Plan comarcal, solucionaba los ejes de crecimiento de la ciudad; en segundo lugar, señalaba cuántas deberían ser las estaciones de circunvalación próximas a la capital, ubicándolas; y por último, resolvía la comunicación entre Atocha y la nueva Estación de Chamartín mediante un túnel ferroviario, estableciendo una estación en los Nuevos Ministerios.

…cuánto, en aquellos años, era valorado Zuazo por la sociedad madrileña no sólo como un profesional de la arquitectura de reconocida solvencia, sino también como un técnico con óptimas relaciones empresariales y con un excepcional conocimiento sobre cómo podía invertir el capital privado en obras de infraestructura. Decano del colegio de Arquitectos y hombre de empresa ligado, desde hacía muchos años, a la banca y a grupos inmobiliarios, Zuazo no representaba únicamente la figura del intelectual sino que, por su compleja personalidad, era buscado por quienes se proclamaban liberales de centro-derecha. (…) La segunda razón, porque el Partido Radical de Alejandro Lerroux (partido que explotaba un progresismo republicano con ribetes españolistas) tenía como aliado a la Iglesia a través del marqués de Comillas, presidente del Banco Hispano Colonial, con el que Zuazo colaboraba desde hacía años.

Zuazo comprendió que si el Madrid anterior a 1931 apenas había cambiado, tampoco con la República -en plena crisis económica- iban a llevarse a cabo grandes tansformaciones, máxime cuando la Corporación aprobaba los proyectos planteados sin el necesario plan general, documento que obligadamente tenía que haberse concebido tras el concurso. Creyendo que la solución económica a la crisis era incentivar el déficit público, fomentando obras públicas, pronunció en la madrileña Casa del Pueblo una conferencia de claro corte keynesiano, donde expuso una visión ideal de la futura ciudad, formulando la idea no del «futuro Madrid», sino la del Gran Madrid. (…) Lo que importaba no era la premonición de la realidad inmediata, sino el hecho de definir las condiciones y características de la ciudad-territorio.

La obra de los Nuevos Ministerios fue, en la fecunda vida profesional de Zuazo, su gran proyecto, puesto que el encargo le permitió enfrentarse, simultáneamente, a tres problemas: los urbanísticos de gran escala, entendiendo por tal la consolidación del eje Castellana gracias a una pieza capaz -por su potencia y dimensiones- de generar un trama urbana en su entorno; las cuestiones de escala menor, al estudiar y trazar las plazas que rodeaban el edificio, y, por último, las cuestiones de diseño arquitectónico. (…) Lejos de buscar pautas en un arquitectura próxima, comentó la lección que suponía la veneciana plaza de San Marcos, y propuso la lonja escurialense como paradigma del «saber hacer», abriendo puertas a lo que -durante su deportación en Las Palmas- sería uno de los temas con los que, poco más tarde, ocuparía su tiempo.

Uno de los grandes asuntos que no se han estudiado en la obra de Zuazo es su valoración de la historia, su interés por la arquitectura escurialense.

Vive el tiempo del exilio obsesionado por colaborar en la reconstrucción del país que tuvo que abandonar, estableciendo contactos y desarrollando una singular actividad con otros refugiados. (…) su más ambicioso sueño: coordinar y dirigir, terminada la Guerra Civil, la reconstrucción de España.

…el Gobierno de Franco organizó un primer Servicio de Reconstrucción bajo la responsabilidad de Benjumea, el ingeniero que en 1926 había integrado a Zuazo en la Junta Interventora de la Industria del Cemento. Tratando de organizar aquellos Servicios de forma similar a como lo hicieran los franceses después de la Gran Guerra, al tener noticia Benjumea de la estancia de Zuazo en París y advertido, igualmente, de que su actividad en aquellos momentos no era otra que el estudio de la experiencia francesa tras la Gran Guerra, reclamó al Gobierno la presencia del arquitecto. Argumentaba que la personalidad de Zuazo se hacía necesaria al nuevo Gobierno, máxime cuando el arquitecto formaba parte de una asociación internacional de estudios integrada por entidades bancarias, constructoras y técnicas, con sede en la parisina Banca Dreyfus. Y buscando forzar su retorno, la política fue cerrarle las puertas. En este sentido, y a pesar de que durante un tiempo intentara motivar al capital extranjero para coordinar su inversión en España, el Régimen de Franco consiguió sus objetivos: como el propio arquitecto señala, una de las veces en que fue convocado a una reunión para tratar las bases de la reconstrucción aconteció que, antes de su inicio, representantes de la banca española le impusieron, caso de que quisiera participar, manifestar su adhesión al régimen franquista, y al negarse a formalizar la misma, le fue impedido el acceso.

Del mismo modo, y por idénticos «motivos», cesaron sus contactos tanto con la Banca Morgan como con el «Consortium Comercial pour l’Etranger», presidido por el conde de Parret de la Roca. En el intento de recuperar el arquitecto para la causa de Burgos, aquel Gobierno envió a Francia, para entrevistarse con Zuazo, a su viejo conocido Pedro Muguruza, ahora primer director general de Arquitectura. En las Memorias se describe la entrevista, se cuentan cuáles fueron los «argumentos» utilizados para convencer al maestro sobre la necesidad de que expresase su adhesión al nuevo Estado, cuáles las razones de conciencia expuestas para rechazar la oferta y también cuáles fueron, a corto y medio plazo, las consecuencias del rechazo. (…) visitó a Zuazo en noviembre o diciembre de 1937 y, según cuenta, «venía a decirme que creía que debía incorporarme a la España nacional; «dime, Pedro ¿quién te envía con esta comisión?». «El Caudillo». Mi respuesta no podía ser más que una, la que había dado al ministro de Obras Públicas […] y la misma contestación a la dada al Consejo que íbamos a celebrar en la Banca Dreyfus».

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