Tipos diversos. G.K. Chesterton

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POPE Y EL ARTE DE LA SÁTIRA

La teoría crítica general más extendida tanto en el nuestro como en el pasado siglo es la que da por sentado que fue muy fácil para los imitadores de Pope escribir poesía inglesa. El pareado clásico era algo al alcance de las facultades de cualquiera. Pero sería perfectamente legítimo responder pidiendo a quien quiera que lo intentara. Puede ser más fácil tener ingenio que, en el sentido más audaz y perdurable de la palabra, tener verdadera imaginación. Pero resulta incomparablemente más fácil fingir tener imaginación que fingir tener ingenio.

Un elemento paradójico recorre toda la existencia misma. Comienza en el reino de la física última y de la metafísica, en esos dos hechos que consisten en que no somos capaces de imaginar un espacio infinito y tampoco somos capaces de imaginar un espacio finito. (…) Y recorre, del mismo modo, todas las cuestiones morales menores, de manera que no podemos imaginar que exista el valor si no es junto al miedo o la magnanimidad junto a alguna clase de tentación de la mezquindad.

En nuestro tiempo hemos asistido a un importante renacimiento del culto a la violencia y a la hostilidad. Mr. Henley y sus jóvenes seguidores poseen cuantiosos epítetos rebosantes de furia con los que aplastar a todo aquel que difiera de ellos. No es una postura plácida ni cómoda la del enemigo de Mr. Henley, si bien sabemos con certeza que sí es bastante más segura que la de ser su amigo. (…) La sátira política y social es un arte perdido, como el del alfarero o el vidriero.

Podría parecer una observación singular decir que no somos lo suficientemente generosos para escribir una gran sátira. (…) Para escribir una gran sátira, para a atacar a un hombre de forma que éste acuse el ataque y casi llegue a admitir que es justo, es necesaria una cierta magnanimidad intelectual que reconozca los méritos del oponente además de sus defectos. (…) Inglaterra, en nuestra época y espíritu actuales, fracasa en la sátira por la misma razón que fracasa en la guerra: por despreciar a su enemigo. En cuestión de batallas y conquistas ha arraigado con firmeza en nuestra mente la idea (…) de que es mejor pisotear a un pueblo ignorando todos sus méritos particulares que darle la oportunidad de pisotearnos a nosotros. (…) Es imposible satirizar a un hombre sin haber tenido antes en cuenta sus virtudes.

No otra es la causa del fracaso de la sátira contemporánea, que carece por completo de magnanimidad, o, lo que es lo mismo, de paciencia. (…) pues quien enfurece ante una calumnia enfurece por la mentira, pero quien enfurece ante una sátira enfurece por una verdad.

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