Tipos diversos. G.K. Chesterton

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CARLOS II

…Carlos II representaba algo extraordinariamente peculiar y satisfactorio: era un escéptico auténtico y consecuente. El escepticismo, con sus ventajas y desventajas, ha sido bastante mal entendido en nuestro tiempo. Fuera de nuestras fronteras, existe la curiosa idea de que el escepticismo guarda alguna relación con teorías como el materialismo, el ateísmo y la secularidad. (…) El verdadera escéptico es tan espiritualista como el materialista. Cree que la danza salvaje en torno a un ídolo africano tiene tantas probabilidades de ser acertada como las ideas de Darwin. Considera el misticismo tan racional como el propio racionalismo, y alberga, desde luego, las más profundas dudas sobre si fue San Mateo quien escribió su evangelio, aunque no menos profundas que son sus dudas acerca de si el árbol que tiene delante es verdaderamente un árbol o un rinoceronte.

…se mostró con especial prominencia en la vida de Carlos II. Me refiero a su constante oscilación entre el ateísmo y el catolicismo romano. Cierto es que los católicos romanos constituyen un gran sistema fijo y formidable, pero lo mismo ocurre con los ateos. (…) Se trata, en realidad, de la afirmación de una negación universal, pues para un hombre, decir que no existe Dios en el universo es como decir que no existen insectos en ninguna estrella.

Cuando recibió el Sacramento de la Iglesia Romana en su última hora, estaba actuando conscientemente como un filósofo. La Hostia podía no ser Dios, pero del mismo modo podía no ser una oblea.

Pero el problema fundamental que nos plantea Carlos II radica en que apenas si tenía una sola virtud moral en su haber, y aun así nos atrae moralmente.

Los puritanos fracasaron en el hecho irrefutable de poseer una teoría completa acerca de la vida, en la paradoja eterna de que una explicación satisfactoria jamás puede satisfacer.

Escribir El Paraíso Perdido habría parecido a los poetas de Carlos II un trabajo tan arduo como recuperar el propio Paraíso.

Quizás no haya otra expresión de significado tan terrible como la de <<matar el tiempo>>. Es una imagen imponente y poética, la imagen de una especie de parricidio cósmico. Existe en la tierra una raza de rebeldes que, bajo toda su apariencia entusiasta, considera al tiempo fundamentalmente un enemigo. A esta raza pertenecieron Carlos II y los hombres de la Restauración. Cualesquiera que pudieron haber sido sus méritos, pues, como hemos dicho, creemos que los tuvieron, nunca lograrán un lugar entre los grandes representantes de la alegría de vivir. Pertenecieron a esos epicúreos de rango inferior que matan el tiempo frente a los grandes epicúreos que hacen al tiempo vivir.

Una familia mal avenida. Falange, Iglesia y Ejército. Alfonso Lazo

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Nacionalcatolicismo contra catolicismo nacional

Entre los más frecuentes errores a los que conduce la confusa conceptuación de los fascismos y la incomprensión del pensamiento falangista, se encuentra el de endosar a Falange la paternidad de lo que se suele llamarse nacionalcatolismo, columna vertebral del régimen franquista. La realidad histórica es justamente la contraria: el triunfo del nacionalcatolicismo, dentro del sistema creado por el general Franco, y que duraría larguísimos años, representó de hecho el fracaso de la Falange, pues la idea que nuestros fascistas domésticos se hacían de lo religioso, de la Iglesia y del catolicismo -algo que podemos denominar «catolicismo nacional»- resultaba del todo incompatibles con el nacionalcatolicismo de clérigos, derechistas varios y militares.

El término que acabamos de utilizar, «catolicismo nacional», no es en absoluto arbitrario. Responde a una expresión jonsista de la primera hora antes de que las JONS, grupúsculo fascista liderado por Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo, se fusionasen con la Falange de José Antonio en 1934- tomada de una circular, con fecha de julio de 1933,…

En el punto tercero de aquel documento se contraponía el «catolicismo nacional » (el entrecomillado es del texto») a cualquier otra forma de ser católico;…

…el clero no podía interferir y entorpecer ese catolicismo imperial que en la historia del momento representaba la Falange; (…) Lo cual significa, en suma, que Falange no ocultaba su pretensión de construir un Estado católico; pero católico en cuanto históricamente catolicismo e imperio habían sido inseparables. (…) mientras para el nacionalcatolismo España, elegida por Dios, cumplía su vocación manteniéndose firme en la fe y obediente a la Iglesia, a su clero y a su moral, para el catolicismo nacional falangista España, elegida por Dios, mantenía su fe a través de la evocación imperial que la Falange encarnaba.

La Iglesia de la época, y mucho más la Iglesia española, consideraba el liberalismo y la democracia como un peligroso enemigo a combatir; de aquí su apoyo incondicional a Franco. Lo que los eclesiásticos reclamaban en el texto que acabamos de reproducir era libertad de expresión para ellos solos, y no en absoluto la desaparición de la censura que la misma jerarquía católica pretendía ejercer sobre el conjunto de la sociedad.

Como veremos en el próximo capítulo, cuando la Iglesia de aquellos años hablaba de «derechos» se estaba refiriendo únicamente a los «derechos de la Iglesia»; esto es, al derecho de la Iglesia a dirigir las conciencias y no a los derechos humanos.

Lo que sí hubo fue una tensión permanente entre clérigos y falangistas por el dominio del pensamiento;…

…Auxilio Social.

En pleno fragor de la contienda, en enero de 1937, el primer Consejo Nacional de la Sección Femenina de Falange acordó cambiar el sentido de la beneficiencia, según cuenta la escritora falangista Mercedes Formica en sus memorias: la «caridad» debía quedar relegada al fondo de las conciencias, y ser sustituida por la justicia social. (…) la viuda de Onésimo Redondo creó en Valladolid los primeros hogares infantiles que pronto pasarían a ser llamados Hogares del Auxilio Social, donde se acogía a los huérfanos de familias pobres sin distinciones políticas. Con el tiempo, a lo largo de la vida del franquismo, esos lugares de acogida se convirtieron en algo espantoso que recuerdan con pavor los que por ellos pasaron. Pero al principio no era así; (…) Tales instituciones se extendieron por toda la España nacional; daban preferencia a los hijos de los vencidos, y mantenían un tono seglar bien diferente a las Conferencias de San Vicente de Paúl que habían caracterizado la caridad de las derechas. Apenas terminada la Guerra Civil, la Iglesia colocó allí sus manos y, otra vez, en competición con Falange logró dar un tono completamente distinto a la educación de los niños acogidos al Auxilio Social.

Mientras para la Falange los Hogares eran centros donde se educaba en los valores del fascismo a los hijos de los que el mismo fascismo había fusilado, Cantero, en un folleto titulado La hora católica de España, sostenía que el Auxilio Social tenía como primer objetivo: «la recristiniazación de las masas españolas que habían apostatado».

Mercedes Sanz Bachiller era la esposa de Onésimo Redondo, unos de los fundadores, junto con Ramiro Ledesma Ramos, de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas); grupúsculo netamente fascista que en 1934 se fusionó con la Falange de José Antonio.

Después de la muerte de su marido, Mercedes Sanz Bachiller no se encerró en su casa como una clásica viuda castellana de la época, sino que con una actividad enorme buscó mitigar en lo posible los horrores de la guerra, muy especialmente entre los huérfanos y las viudas de los combatientes del llamado bando rojo; huérfanos y viudas que lo eran, en gran medida, a causa de los fusilamientos que llevaba a cabo, junto ocn los militares y los carlistas, la propia Falange. El trabajo de Mercedes que era militante de la Sección Femenina que dirigía Pilar Primo de Rivera, fue, al menos al principio, del todo desinteresado, y respondió a una auténtica preocupación por integrar en el bando vencedor a los vencidos. Recibió en este trabajo la ayuda inestimable de otro jonsista antiguo amigo de Onésimo Redondo, Javier Martínez de Bedoya, quien terminó contrayendo matrimonio con Mercedes.

… inspirándose en el Auxilio de Invierno alemán, incluso tomando de él el mismo nombre, empezaron prácticamente por su cuenta y riesgo a prestar ayuda, junto con un grupo de camaradas de partido, a la víctimas más desamparadas de la guerra, con especial atención a los hijos de los fusilados. Pero en 1936, y en Valladolid, los hijos de los fusilados eran forzosamente los hijos de los rojos. (…) proporcionaba muchísimo prestigio a la Falange.

La cosa empezó, …, en Valladolid, con la apertura de algunos locales atendidos por voluntarias, y en los que se repartía gratuitamente comida caliente. No era una obra de caridad ociosa: sin ella muchas mujeres y niños habrían muerto de hambre. (…) La comida había que comprarla, además de cocinarla, así que aquellas muchachas pasaban una buena parte del día recorriendo las calles de la ciudad castellana con una hucha en la mano, y solicitando dinero a cambio de un pequeño emblema de cartón que se colocaba en la solapa de los trajes de las personas que entregaban algún donativo. La primera cuestación fue un éxito; se celebró el 28 de octubre y se recaudaron 46.000 pesetas. Una suma más que considerable para aquel tiempo.

El Auxilio de Invierno rebasó enseguida los límites de la provincia de Valladolid. Después de una entrevista con el general Mola, Martínez de Bedoya quedó incorporado al Cuartel General, y destinado a acompañar, como jefe de Auxilio de Invierno, a las tropas que iban a conquistar Bilbao. Desde entonces, los ejércitos nacionales siempre fueron acompañdos por una sección del Auxilio de Invierno encargada de repartir alimentos de primera necesidad entre la población civil que se acababa de conquistar. (…) Vista hoy por el historiador, la imagen resulta espeluznante: a la vez que se fusilaba a los derrotados, se alimentaba a sus hijos y mujeres.

Junto a los tradicionales comedores colectivos y Cocinas de Hermandad comenzaron a abrirse guarderías infantiles donde las madres trabajadoras podíasn dejar a sus hijos durante la jornada laboral; (…) Se abrieron también centros preventivos de enfermedades infantiles y, por fin, los llamados Hogares para huérfanos que no podían ser atendidos por ningún familiar.

…con las cuestaciones callejeras (…) Una segunda fuente de financiación era la denominada Ficha Azul: donativos mensuales a los que se comprometían en ciudades y pueblos personas acomodadas después de reibir la visita de una representación de la Falange local.

El Auxilio Social, pues, se había convertido en una gran maquinaria benéfica y de propaganda política que buscaba, sobre todo, atraerse a las masas vencidas y depauperadas. (…) Ese afán integrador fascista era incluso visible en el comité director de la institución que dirigían Mercedes Sanz y Martínez de Bedoya. Aparte de ellos, estaba compuesto por los falangistas procedentes de las JONS Jesús Ercilla y Antonio Román; un republicano seguidor de Miguel Maura y muy amigo del doctor Marañón, José Pardo, que ocupaba el puesto de asesor médico para adultos; un republicano de Lerroux, Martínez Tena, que asesoraba jurídicamente a la organización; una antiguo militante de la FUE (Federación Universitaria Española), Eduardo Lozano, que tenía el puesto en el comité de «asesor de arquitectura»; el hijo de un socialista ferroviario, José María Azgote, también arquitecto; una monárquica alfonsina, Carmen de Icaza, y un independiente llamado Pérez Delgado. Y la misma diversidad ideológica nos encontramos en los comités provinciales repartidos por toda España. (…) sus colaboradores (…) entre personas eficaces y capacitadas.

Al principio, como ocurría con la propia Falange, Auxilio Social resultaba algo así como demasiado laico para la beatería rampante y clerical de la España nacionalista. Eso fue lo que llevó a la Iglesia a intervenir. (…) la institución creó en su seno una Asesoría de Cuestiones Morales y Religiosas que, de inmediato, tejió una red de asesores provinciales religiosos que convirtieron los centros de Auxilio Social en lugares de adoctrinamiento del nacionalsocialismo.

El final de la guerra se acercaba (…) ¿Qué pasaría con la llegada de la paz? Porque Mercedes Sanz Bachiller era muy consciente de que la inminenete victoria iba a desmovilizar a las voluntarias al cabo de poco tiempo. Eso fue lo que llevó a redactar un proyecto que creaba un servicio social para la mujer que equivaliese al servicio militar obligatorio de los hombres: las muchachas españolas deberían así destinar algunos meses a trabajar obligatoriamente en las instituciones benéficas de Auxilio Social. Franco aceptó el proyecto (…) Un motivo más para que se reprodujera la hostilidad de Pilar Primo de Rivera hacia aquella institución…

Hostilidad a la que se sumaba la de la Iglesia que seguía viendo (…) demasiado laicismo en los «Hogares». Era como si el clero considerase que Auxilio Social había invadido un terreno acotado de su propiedad: el de la caridad hacia los menesterosos.

El final de la guerra iba suponer la extensión de Auxilio Social a toda España, convertido ya en un enorme organismo. Pero significó también la caída de sus fundadores y el paso de la institución a manos de la clientela política falangista de Pilar Primo de Rivera, que nunca había tenido problemas con los obispos.

Matanza y cultura. Batallas decisivas en el auge de la civilización occidental. Victor Davis Hanson

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LAS RAZONES DE LA VICTORIA DE OCCIDENTE

En las descripciones bélicas, los eufemismos o las omisiones del historiador militar pueden constituir una ofensa criminal. No es casualidad que los autores de talento que se han ocupado de las guerras -desde Homero, Tucídides, César, Víctor Hugo y León Tolstoi hasta Stephen Runciman, James Jones y Stephen Ambrose- equiparen las tácticas a la sangre, la estrategia a los cadáveres.

Porque se lo debemos a los muertos es preciso descubrir, cueste lo que cueste, de qué modo y por qué la práctica del gobierno, la ciencia, la ley y la religión determinan el destino de los miles de soldados que se dan cita en un campo de batalla. (…) En última instancia, la guerra consiste en matar. Su crónica resulta absurda cuando el historiador ignora o pasa por alto la trascendencia de las muertes que ocasiona.

La idea de estudiar algunas «batallas decisivas» elegidas de modo arbitrario ha caído en descrédito.

Las grandes batallas se estudiaban también por ser consideradas dignas de un análisis ético y moral. (…) Sin embargo, me propongo recuperar el decimonónico género de las grandes batallas debido a un propósito enteramente distinto al de revelar lo que sucedió en algunas horas decisivas de la historia o establecer algún postulado acerca de la gallardía de la guerra. Y es que en las batallas se produce también una suerte de cristalización cultural. En la batalla, los principios más sutiles y ocultos de una sociedad, que hasta el momento parecían o bien turbios o bien indefinidos, adquieren un carácter afilado y preciso y con una impiedad y resolución desconocidas se aplican a una sola finalidad: el asesinato organizado.

Ninguna tribu de indios americanos, ningún impi zulú podría haber reunido, asistido, armado -y hecho matar y reemplazado- a tantos cientos de miles de hombres para combatir durante meses y meses por una causa tan políticamente abstracta como la suerte de una nación Estado.

Incluso tras la caída del Imperio romano, Occidente, presuntamente atrasado y muy inferior a las culturas de China y el mundo islámico, conservó una fortaleza militar que ni por población ni por territorio parecían corresponderle. Durante la alta Edad Media, los bizantinos hicieron gala de una gran maestría en el empleo del «fuego griego», lo que permitió a sus flotas imponerse a escuadras islámicas numéricamente superiores; esto sucedió, por ejemplo, en el año 717 con la victoria de León III sobre la flota mucho mayor del califa Solimán. La invención de la ballesta (h. 850) -que podía fabricarse con mayor rapidez y a menor coste que los mortíferos arcos compuestos- permitió poner a disposición de miles de soldados relativamente poco entrenados un arma letal. Desde el siglo VI hasta el siglo XI, los bizantinos mantuvieron la influencia europea sobre Asia; tras el siglo X ningún ejército musulmán volvió a penetrar en Europa occidental; la Reconquista fue lenta pero firme y progresiva. En cierto sentido, por lo demás, la caída de Roma supuso la expansión de Occidente hacia el norte, puesto que las tribus germánicas comenzaron a establecerse, cristianizarse y occidentalizarse como no lo habían hecho hasta entonces.

Toda idea es en parte presa del tiempo y del lugar donde nace. Gran parte de la sociedad de la antigua Grecia nos parecería hoy extraña, si no sucia y vulgar, a la mayoría de los occidentales. De las polis jamás habría surgido una Declaración de Derechos, nosotros jamás pondríamos nuestras sentencias judiciales en manos del voto mayoritario de un jurado masivo que desconocía el derecho de apelación a un tribunal superior. En nuestro tiempo, Sócrates habría leído el decreto que le daba derecho a guardar silencio, habría apelado con asesoramiento legal gratuito, jamás habría declarado en su contra y, una vez, preso, habría salido en libertad con fianza y, tras el juicio, habría apelado la sentencia durante años. Por lo demás, su mensaje, que a los ojos de sus pares atenienses caía en el más puro radicalismo, nos parecería, por el contrario, una manifestación en extremo reaccionaria. La clave no está en mirar el pasado esperando ver el presente, sino en identificar en la historia, mirando a través del tiempo y del espacio, las semillas del cambio y de lo posible. En este sentido, Wall Street  está mucho más cerca del ágora que del palacio de Persépolis, y los tribunales atenienses no son más afines que las leyes dictadas por un faraón o un sultán.

«Ciudadano» es una palabra peculiar que tiene valor sobre todo en el vocabulario de las lenguas europeas. La infantería pesada es también un concepto sobre todo occidental, lo cual no puede sorprendernos si pensamos que las sociedades occidentales tienen en muy alta estima la propiedad privada y en ellas la tierra está en manos de un sector muy amplio de la comunidad. (…) Por el mismo motivo, los europeos han estado prestos a modificar tácticas, robar innovaciones extrajeras y tomar prestados los inventos de otros cuando, en el mercado de las ideas, sus propias tácticas y armas han demostrado su insuficiencia.

La doctrina bélica occidental es con frecuencia una extensión de la concepción política del Estado más que un mero esfuerzo por obtener territorios, riquezas o prestigio personal, o el cumplimiento de una venganza. (…) En resumidas cuentas, hace ya mucho tiempo que los occidentales consideran la guerra como un método para llevar a cabo lo que a la política le resulta imposible y por lo tanto, cuando recurren a ella, se decantan por aniquilar más que por frenar o humillar a quienquiera que se interponga en su camino.

Los especialistas pueden discutir la eficacia de las armas occidentales, el impresionante poder de los ejércitos de China o India, la ocasional masacre de las tropas coloniales europeas, pero en cualquier debate que se plantee deben tener presente que los soldados no europeos nunca atravesaron el océano para llegar a otros territorios, que tomaron prestada otra tecnología militar en vez de difundir la suya, que no colonizaron otros tres continentes y que, normalmente, combatieron a los europeos en suelo propio y no en Europa.

«¿Vamos hacia una depresión?» de Charles P. Kindleberger, en El orden económico internacional

He señalado que, antes de finalizar el año, los establecimientos financieros de Wall Street se hallarán sumergidos en el abatimiento. Las expectativas de que al final del ejercicio se repartan dividendos extraordinarios se han esfumado a causa de las pérdidas del último trimestre, algunos por especializarse en sus inversiones, otros por asegurar emisiones como la derivada de la privatización de la British Petroleum, en la que los bancos implicados en la misma formalizaron sus compromisos antes del 19 de octubre. Resultaron imprescindibles cierto número de fusiones para alejar el peligro de bancarrotas. E incluso establecimientos financieros sólidos abandonaron los planes de expansión forjados a lo largo de los dos últimos años, liquidando por completo departamentos y reduciendo la plantilla de sus empleados. Pero todo parece más bien síntoma de una recesión que de una depresión.

Una mayor sensación de dificultad, si no de enfermedad, emerge del ámbito de la puesta en circulación de deuda empresarial en el transcurso de los últimos años, bien para financiar ofertas públicas de compra de una compañía respecto a otra, algunas amigables, otras hostiles, o bien para prevenir y alejar el peligro de tales ofertas de carácter hostil a través de sobrepujar el precio de sus acciones y de generar deuda. Parte de la expansión registrada por el mercado bursátil de Nueva York entre 1982 y 1985 se debió a la sustitución de la negociación de acciones por las emisiones de deuda. El servicio de la deuda será una pesada carga para cierto número de empresas en los años venideros si la inflación es contenida mientras los tipos de interés permanecen muy elevados. Algunas empresas pueden quebrar. Un tema de debate en los círculos financieros es el relativo a si los elevados rendimientos de los llamados bonos <<basura>> -aquellos que constituyen una inversión que merece poca confianza- son los suficientemente crecidos como para obviar el riesgo de que se produzcan suspensiones de pago. No conozco suficientemente esta cuestión como para tener una opinión al respecto. Pero observo que el mercado evoluciona a la baja.

Pasemos a ocuparnos de la banca de crédito hipotecario: los establecimientos de ahorro del suroeste y de California se hallan en apuros a causa de sus inversiones en el sector de la construcción y de los préstamos hipotecarios levantados sobre edificios de oficinas y viviendas de lujo. Por otra parte, constructores dedicados a la edificación de viviendas de elevado coste con fines especulativos a lo largo de todo el país pueden experimentar dificultades para colocar los edificios construidos, y por efecto de ello también los bancos que han coadyuvado a financiar sus operaciones. Los establecimientos de ahorro que sobrecargaron sus carteras con préstamos hipotecarios antes de la subida experimentada por los tipos de interés en los años setenta han resultado especialmente afectados por problemas de desintermediación, cuando los impositores retiraron sus ahorros situados en depósitos a bajo interés para invertirlos en activos líquidos, certificados de depósito y embriagados por la euforia, hasta cierto punto en el mercado bursátil. El Federal Savings and Loan Insurance Corportation ha tenido que ampliar sus recursos mediante fondos facilitados por el Congreso a fin d epoder hacerse cargo de los depósitos subsistentes después de la penosa economía de dichos establecimientos. El Farm Loan Bank Agency necesitó, igualmente, una ampliación de capital.

Algunos observadores vaticinan la aparición de problemas por lo que respecta al crédito al consumo. La deuda derivada de los préstamos para el consumo ha crecido continuamente en el transcurso de los últimos años, y, en consecuencia, se ha mantenido constantemente elevada, y la insolvencia de los consumidores por efecto de su incapacidad para disponer de créditos más cuantiosos es creciente. La Tax Act de 1986 puso límites a la deducción de los intereses devengados por los créditos para el consumo de ingreso sujeto a tributación, pero ello no afectó a los créditos hipotecarios; algunos de estos solicitantes de crédito están pidiendo préstamos, aprovechando los efectos de la inflación, bajo la garantía de la diferencia entre el valor actual de la finca y la cantidad en que la misma se halla hipotecada – son las denominadas segundas hipotecas- para financiar la adquisión de bienes de consumo más que con propósitos de inversión. El continuo declive de la magnitud relativa del ahorro doméstico -en contraposición a lo que era de esperar desde la perspectiva de la teoría del lado de la oferta, en el sentido de que la reducción de impuestos en 1981 comportase un incremento del ahorro y un crecimiento acelerado de la inversión-, no augura nada bueno para la salud de la economía familiar.

El crac del mercado bursátil no es, en este contexto, un acontecimiento suficientemente importante para acarrear una seria depresión; la creciente desintermediación bancaria, para mencionar una de las muchas vertientes del sistema crediticio, no tiene por qué comportar efectos funestos y puede ser solventada. Las expectativas para el futuro dependen, sobre todo, de dos eventualidades: en primer lugar, que los inversores extranjeros no sólo dejen de invertir, sino que vendan sus dólares y sus inversiones en dólares, hasta el punto de que las autoridades monetarias se vean abocadas a la necesidad de aumentar, fuerte y repentinamente, las tasas de interés con objeto de atraer y mantener las inversiones extrajeras, lo que acarrearía serias repercusiones sobre los mercados de valores de renta fija y de crédito hipotecario; y en segundo lugar, que tal vez uno, o más probablemente dos, de los mercados crediticios especializados se precipiten hacia serios problemas conducentes a operaciones de salvamento por parte de las autoridades monetarias y fiscales, y que éstas se hallen en dificultades por falta de unas directrices tendentes a planificar una actuación apropiada al respecto, o por divisiones políticas que conduzcan a los gobernantes a un estado catatónico que los incapacite para desplegar una acción efectiva.

Una cuestión interesante es determinar si los mercados de mercancías, acciones, bonos <<basura>>, hipotecas en moneda extranjera y de crédito al consumo han de ser considerados de forma aislada y separadamente o interrelacionados entre sí. Ello plantea la siguiente cuestión: si la posibilidad de problemas en cualesquiera de estos mercados -que no fuera pronta y efectivamente atajada por efecto de la acción del prestamista de última instancia- fuera de 1 a 10, y el probema real se planteara a partir de la existencia de dos mercados colapsados por dificultades de desintermediación y por liquidaciones, dicho grado de probabilidad se vería multiplicado o sumado. (…) Mis lecturas de historia me sugieren que los mercados de crédito y de valores están íntimamente relacionados, y que, en el caso de que le problema real no sea prontamente atajado, la crisis podría generalizarse y posiblemente hacer añicos la red de seguridad que proporcionan los depósitos de seguros y de actuación del prestamista de última instancia.

Los invitados del jardín. Antonio Gala

El matrimonio tiene un enemigo grave: el amor ideal o el ideal previo al amor. Todos y todas queremos que nuestro cónyuge sea igual que el que habíamos soñado. Y lo estiramos o lo rebajamos para que logre tener la estatura que pensábamos. Por eso maltratamos y deformamos la realidad, que es el único que tenemos… Y cuando yo, como todos, supe que una cosa era la realidad y otra el deseo, me refugié en los dos burladeros que tenía más a mano: el sexo, que no sirve para mucho, que enmascara y lo que hace es aplazar si se acaba en sí mismo, y los hijos, que separan o unen, según se les reciba o se les tenga… 

Y otro día me pregunté de quién era la culpa. Dónde me había equivocado: en la educación de mis hijos; en haberlos preferido a mi marido o al contrario; en haberme caso hace ya tanto, en no saber retener lo que tuve o en no distinguirlo de lo que quizá no tuve; en conservar todavía una curiosidad, una expectativa, una pobre ambición que no era de dinero ni podía comprarse… Y ese día no me consolaron de mi soledad ni los éxitos de mi familia tan chica, que me rodeaba pero no me calentaba ni me acariciaba ni me sentía… Porque ya no era capaz, aunque me resistiese a reconocerlo, aunque me lo negara a mí misma, de evitar saberme infinitamente sola. Sola e irremediable, porque ya no me quedaba ánimo para recomenzar, a tientas, con nadie, el amargo proceso de la desilusión. 

Porque, en el fondo, la pena es siempre la misma: que todo se acaba mal, antes que la vida, una vez y otra vez. Mientras estuve enamorada fue igual que faquier. Pisé descalzas las ascuas del amor; me acosté en su cama de clavos, devoré sus antorchas. Y en apariencia salí ilesa… Ilesa y moribunda…

Cada ruptura es una liberación y un fracaso. Y yo no aspiraba ya a la ilusión, sino al compañerismo, a que nadie me hundiera súbitamente el mundo. Pero ni esa modesta decisión estuvo en mi poder. Alguien o algo lo ha decidido de antemano. No sé desde cuándo, quizá desde el principio. Todo se va gastando, en el germen, en la raíz, se desluce, se mustia… Hasta llegar a una conversación lúcida y helada en que, igual que si se tratase de una guerra remota o una mundo se desplomó… Ilesa y moribunda. Nada ha pasado. Sólo el tiempo y nosotros… Si en esas ruinas se hubiese encontrado mi cadáver, eso habría salido ganando. Lo pienso de verdad.

Un viaje. H.G. Adler

Los descendientes han concebido extrañas ideas sobre los muertos, a quienes daban el nombre de difuntos, y querían poseerlos también a ellos o hacerlos aparecer como poseedores, aunque fueran desechos e inmundicias que más seguro es evitar. Por esos se plantaron jardines, consagrados y cercados, en los que, con observancia de extraños ritos y costumbres, se mete, encerrados en cajas, a los antiguos propietarios. En los jardines se cavan reducidas fosas, en torno a las cuales, entristecidos o más bien acongojados, se reúnen los vivos, que luego esconden llorando las cajas en las fosas, echan encima flores asesinadas y con la pala amontonan tierra encima hasta que las fosas quedan cerradas. Pero el orgullo no se contenta con ese juego y erige sobre cada fosa un túmulo que se cultiva y se adorna para satisfacer la creencia de que el antiguo propietario no ha sido olvidado y permanece en el recuerdo de nuevos propietarios.

El mundo en el que estaba situado con su celo y su capacidad enfermó poco a poco y después se murió. Se trataba de una dolencia que el doctor al principio apenas percibió y después nunca llegó a entender perfectamente. (…) era una dolencia sin raíces, que no se le revela al ojo ni al oído, pero esa dolencia estaba allí, prepotente y consuntiva, aquello formaba parte de la psiquiatría por la que Leopold nunca había sentido el menor aprecio. Con los enfermos mentales no se podía hacer nada, sólo proteger el entorno aislando al paciente y dándole calmantes cuando era una carga para él mismo y para sus guardianes.

El mal había llegado sigilosamente, sin enviar indicios previos que se conocieran en el mundo de la medicina, pero de pronto todos estaban enfermos, era la primera enfermedad mental de carácter epidémico, sin embargo nadie lo notó de inmediato, nadie sintió nada, ni los pacientes ni los médicos. De nadie decían que estaba enfermo, porque debido a la epidemia todo estaba trastornado, pero cuando por fin se percataron de ello, ya era tarde.(…) Pero también fracasaron los psiquiatras, esos medicastros, proque no entienden de medicina y sólo por compasión, por incompresible tolerancia se los considera médicos. <<Cuando no se puede hacer absolutamente nada, se empieza por el psiquiatra>>.

Cuando la desconocida epidemia asoló los países, ya era tarde. Ahora se percibía, pero aún no se la comprendía, Leopold tampoco, porque no le permitieron reconocer ni tratar a nadie, de forma que no le fue posible informarse de la índole y de la evolución de la enfermedad. <<¡Locura total!>>. Pero eso no es un diagnóstico clínico, sino estúpidas afirmaciones de ignorantes que cuestionan la dignidad de la medicina seria, y la mano deja caer con tristeza el estetoscopio, no se oyen sonidos, sólo ruidos confusos, quizá los pacientes no tengan pulmones ni corazón.

-¿O ea que aquí sólo se cura con dieta, con vida sana y con fisioterapia?

– ¿Dieta y vida sana? ¿Pero usted qué se imagina? ¡Y dice que es médico! Aquí cura la muerte, cuando no ayuda la naturaleza.

La voluntad de destrucción se dirige en lo esencial contra el hombre y sus obras, todo los demás queda apartado y sólo recibe un roce o, por obra de la casualidad, alguien se lo lleva. Hasta la resignación de la naturaleza es bienaventuranza, lo que se humilla se incorpora para nuevo fundamento. Pero esa furia aniquiladora que avanza mortalmente y nunca se deitene no es sino avaricia morbosa y extraviada que ya es incapaz de disfrutar adquiriendo bienes de modo pacífico y aun ni siquiera violento, desde el momento que estalla la siniestra guerra en la que los propietarios pierden la medida y la segura protección en lugares habituales y en debidas condiciones, ya que se le ha privado al ser humano del derecho, hasta ahora considerado inalienable, de poseer. Entonces mueren o se ponen tristes, si no se enfurecen y con su miedo salen de estampía para llevar a cabo obras horribles. Entonces forman hordas, que son difíciles de dominar, y todos se ponen en camino o se ven obligados a partir. Los envían fuera y se les concede que hagan sufrir, un sufrimiento que es malo, pero que anuncia cosas peores aún. Al mismo tiempo aumenta el propio tormento de esos seres malévolos y sólo puede ser aliviado cuando se prepara para fiestas destructivas que amenazan todo lo alcanzable. (…) Con los desenfrenados llega el crimen y el incendio y el espanto, pero finalmente también ellos quedan atrapados y perecen en la catástrofe que desencadenaron.

El horror que hay detrás del crepitar de las llamas y del estrépito de los vidrios rotos permanece oculto y se rodea de misterios protectores que son desconocidos para ambos, para los vividores y para los oprimidos del día. Quien supera esos castigos, como verdugo o como víctima que paso inadvertida, suele evitar la luz y no quiere saber nada, para borrar el pecado mediante el silencio. Cuando se les piden explicaciones, los verdugos aseguran que no hubo eso o que al menos no fue así;…

Quien se ocupa de la basura es un inútil, mísera mentalidad que ya no tiene ni fuerza de llevar a cabo una obra. Por eso está justificado que os administren por la fuerza, mientras se siga permitiendo vuestra reprobable existencia. Sólo porque sois miseria estáis tristes por la basura podrida que os refleja con inexorable repugnancia lo que vosotros sois y lo que aún no queréis admitir que sois, por l oque la desesperación que hay en vosotros suspira para que intervenga el Círculo de Embellecimiento.

Sois basura, que no se guarda entre mesas y camas, entre sillas y armarios. La basura se mezcla con la basura, y el pecado con el pecado, todo es una asquerosa papilla, sólo buena para los gusanos que aceleran su putrefacción. Os despidieron y retorcieron las manos frente a vosotros, pero no para deciros adiós, no, las manos las extendieron contra vosotros en un gesto de rechazo.

…sobre todo porque una entidad superior, el Ministerio de Economía, ya se encarga de quedarse gratuitamente con los inservible, pues lo que el hombre no necesita, el Estado siempre puede necesitarlo.

Sin guerra no puede haber victorias. (…) Las palabras escritas son sagradas, porque están fijadas. Se las puede tirar a la basura, pero de la Biblioteca Municipal no desaparecen.

Ve que por allí van soldados, ésos ejercen un oficio pacífico, vigilan a los espíritus para que no se escapen. (…) Lo único que teme esa chusma tan poco fiable de Ruhenthal es a fría bala en el cuerpo. Todos tienen un vientre pequeñísimo, es tan flaco y sucio porque son unos puercos que no se lavan, sus tripas son tubos llenos de una sopa que es pura agua. Y que saltaría como un asqueroso surtidor si a esa gentuza le metiesen una perdigonada en el abdomen. Entonces esos espíritus mudos lanzarían gritos y reventarían a toda prisa, la Brückengasse estaría llena de cadáveres malolientes,…, habría que recoger los despojos con horquillas de estercolero y echarlos en camiones. (…) ¡A enterrar y tapar! Es demasiado trabajo. Eso no lo hacemos, Así que, venga esa gasolina y a encenderla, un fuego grande e higiénico. Luego sólo quedan cenizas, y ésas pueden esparcirse.

…, el amor da más inventiva que la necesidad.

Entregaos a los sueños, si eso os consuela, pero no debéis fiaros de ellos. Guardaos de la curiosidad. Cuando se la satisface, depara sobresalto y disgusto.

Quien viaja no mira a su alrededor y no lo sabe. A quien se niega a viajar, lo matan a tiros tranquilamente, pero tienen sus razones. (…) En todas partes previenen contra la permanencia en un lugar. Los parásitos pueden estar en cualquier sitio y uno los escupe al momento. Pero escupir libremente en el vagón está prohibido a causa de los bacilos. Matar a tiros es mucha más higiénico si se tiene a disposición cloruro de cal. (…) Por todas partes limpian, por todas partes se engendra, se vive, se prohíbe y se ajusticia según los mismos principios humanitarios. El tren va a su lugar de destino, por eso no debe fluctuar la velocidad. Asomarse por las ventanillas es peligroso debido a las corrientes de aire y por eso está prohibido. La pérdida de la mano derecha comporta un daño físico permanente. A los perros se los reconoce por el bozal. Según la ley no se permite a nadie elegir el propio género de muerte. Pararse está prohibido porque el viaje ha de realizarse. Sin viaje no hay pasatiempo. Antes de usar la ejecución, agitar y tomar quince gotas en un vaso lleno de agua. ¡No por el ferrocarril sino por la indiferencia humana los reconocerás!

Es fácil ser una buena persona cuando no se desembaraza de todas las preocupaciones y contempla, sin comprender nada, lo que está ocurriendo. (…) Hay aquí gente más pobre y desgraciada que él, no tienen a nadie y pasan un hambre espantosa porque nadie se preocupa de que les den lo que les corresponde. (…) Cuando hay escasez, cada cual tiene que extender la pierna hasta donde llega la sábana. El hambre es mala consejera, por eso Karoline no se extraña de que en Ruhenthal tanta gente haya perdido la honradez. (…) Todo el mundo puede hacerse el gran señor mientras vive en la abundancia. Cuando se pasa necesidad, cada cual piensa primero en sí mismo. Que nadie se imagine que él constituye una loable excepción. Por un trocito de pan es posible comprarlo todo, pero también venderse a sí mismo.

Quien toma las cosas como son también puede conformarse con ellas y disfrutar de pequeñas alegrías. (…) En estos tiempos no queda nada de los muertos, ya no hay sentimentalismos.

En aquel entonces se escondía todo, se enterraba la verdad bajo la hipocresía, mucho más que en tiempos posteriores, y era porque se vivía demasiado bien.

Hoy todo ha terminado y todo da igual. La vida ya no tiene arreglo. Ruhenthal está aislada y apartada del mundo exterior. Allí las personas ancianas no ven nada del mundo y sólo llegan hasta la barrera, e incluso eso únicamente en los entierros. Para los jóvenes aún se abre la barrera. (…) La lealtad tiene sólo un sentido si va unida a la valentía y a la astucia. (…) Quien cree, como ella, que enseguida hay que decir las verdades bien claras, no aguanta carga alguna. No se puede perder la serenidad por cualquier insignificancia, porque en este caso uno sólo se atormenta y muere día tras día.

– Tienes que aprender por fin a esconder un poco en tu interior lo que estás pensando.

(…) La solidaridad es estupenda, pero también debemos pensar un poco en nosotros. Con tu abnegación no consigues nada.

Sí, es cierto que os sacaron de aquí, pero no hicieron eso para que, durante la guerra, estuvieseis bien guardados y seguros como pepinillos en un frasco de vinagre que luego sólo se abre para que volváis aquí sanos y salvos. Eso no lo hemos creído ni un momento. Entonces no os dijimos esto porque nos daba pena vuestra desgracia. ¡Nos dolió tanto lo que hicieron con vosotros! Así no se trata a ningún ser humano. Pero podéis creerlo, si no conocíamos con seguridad lo que os esperaba, lo adivinábamos. Los periódicos insinuaban con suficiente claridad que os sacaban de aquí sólo para ahorrarnos el repugnante espectáculo de vuestro exterminio. Por eso os absorbieron con toda perfección, lo hicieron como una aspiradora, todos al saco, ¡hale, cataplún!, y ya os habíais marchado.

Ya no se llevan a cabo ejecuciones públicas porque eso vulnera la acendrada sensibilidad. Todo ocurre a escondidas, con el saco. (…) los campos con alambradas son nuestra compasión, vistos de lejos no parecen algo tan malo, (…) ¿Vosotros, sin embargo, aseguráis que os han hecho una injusticia? Puede ser, eso no podemos ni queremos investigarlo, pero la autoridad lo ha ordenado, por tanto así se ha hecho. No es nuestro estilo poner en duda la bondad de lo que se hace. (…) No miréis con esa cara de ignorantes, sabemos que fue asesinato y no una diversión. Nosotros no pudimos hacer ahí nada, son las cosas de la vida. Viajar, viajar, verano e invierno, entre hielos y con sol abrasador, para allá y para acá, sin luz ni aire, en número de sesenta o de cien y apelotonados en un cajón, embalados, sellados, sin comida ni agua. Así era lógico que murierais, pero si alguno lo aguantaba, lo sacaban a golpes y lo tiraban como un desecho.

…sin embargo Zerline sólo quiere vivirse a sí misma. Nadie puede comprender que un ser humano desee dejar de ser el prójimo de otros. O sea, que desee ser sólo un ser humano, sólo dependiente de sí mismo, orgulloso de atreverse a convertir en realidad el recuerdo de la propiedad. (…) ¡marcharse, marcharse, silenciosa y discretamente, marcharse y nada más!

¡Miradnos bien! Somos aquellos que conocíais. No podemos haber desaparecido por completo de vuestra memoria sólo porque la mayoría de nosotros ya no estemos aquí. ¡Pero no todos han muerto!… ¡Hay supervivientes, nosotros somos supervivientes. Si tenéis un poco de buena voluntad, tendríais que vernos. No somos sombras, tampoco nos hemos colocado máscaras. Sólo somos algo mayores y tal vez tengamos peor aspecto que hace unos siglos. Ruhenthal nos ha cambiado. (…) Nosotros mismos hemos abominado muchas veces de que sigamos existiendo; (…) Queremos humillarnos y admitimos que sería más fácil para vosotros que ninguno de nosotros apareciera ante vosotros. (…) no queremos ni dinero ni bienes, con tal de que os compadezcáis de nosotros y nos dirijáis una mirada fraternal.

Hay que reducir los cementerios, no ampliarlos. Lo que se vende más barato en la subastas es el terreno. (…) También para los muertos se colocarán cajas de cartón impermeable. (…) Entonces no harán falta ataúdes cuando se muera porque se lo deja en su caja, que se coge y se ata con un cabo de cuerda, eso es cómodo y muy práctico, y ya se está llevando la caja bajo el brazo al crematorio. No harán falta coches fúnebres, ésos se han quedado de todos modos en Ruhenthal.

El crematorio es práctico e higiénico. Es uno de los más hermosos y útiles inventos de la Edad Moderna; no lo ideó sólo la mente sino la sensibilidad refinada de un corazón civilizado, para hacer con rapidez lo que ha de ser hecho, y para ahorrar mucho trabajo a los enterradores. Los hornos se pueden alimentar con combustible, pero en el estado actual de la ciencia es aconsejable calentar más bien con corriente eléctrica. Gracias a las constantes mejoras, el tiempo que dura la incineración del cadáver de un conejo adulto, que como es sabido alcanza el tamaño de un hombre más bien alto, ha quedado reducido a diez minutos incluso a menos. Esa duración no sólo vale para la incineración de un solo cadáver, más emotiva pero poco rentable, sino que también se logra cuando se presta servicio al mismo tiempo a veinte o treinta clientes.

La deformación natural de los cadáveres se reduce a un plazo soportable. Los gusanos se quedan sin empleo, pero pueden apuntarse en la Oficina del Trabajo para acometer una actividad distinta y más útil, por ejemplo en la agricultura o en remociones de tierra. Eso, desde un punto de vista sanitario y moral, también será más ventajoso para los gusanos, cuya profanación de cadáveres es, para decirlo suavemente, poco apetitosa. ¿No es espantoso imaginarse cómo tiene lugar la putrefacción a la antigua? La llama, sin embargo, purifica, las energías se transforman, y hasta desde una perspectiva religiosa habría que celebrar tal procedimiento. (…) Todo el conjunto, la bolsita y los grumitos, pueden meterse para su conservación en un elegante recipiente, que puede ser, según el precio,una caja de hojalata o, para el doctor Plato, una urna griega, una vasija curvilínea especial para duelos y a la que se puede cobrar afecto, además se la puede embellecer con alabeados caracteres de imprenta.

En nuestra empresa está totalmente descartado que haya una confusión de cenizas. Se trabaja con la mayor pulcritud y bajo control oficial de un técnico jurado (…) El ejecutor precinta personalmente cada caja y está presente cuando se echa la ceniza en la bolsa. ¡Antes confunden recién nacidos en una clínica de maternidad que cenizas en nuestra casa! Por lo demás, se pueden enterrar las cenizas y entonces se unen las ventajas de la incineración con los beneficios de la inhumación. (…) ¡Haga usted hoy mismo una prueba! ¡Los suicidas gozan de reducción de precios! (…) ¡Exija prospecto gratis en nuestra sección especial para ejecuciones! ¡Profusamente ilustrado! ¡Instructivo! ¡Edición especial para niños, texto adaptado al entendimiento de tan tierna edad! ¡Muy ameno! ¡La silla eléctrica debe quedar arrumbada en el desván igual que la doncella de hierro!

Nuestras ejecuciones tienen lugar rapidísimamente en el propio crematorio. Una vez desvestidos, los pacientes, sobre losas de mármol, son disparados por detrás, todo limpio, todo con la necesaria precaución a fin de evitar incidentes desagradables. Mediante un dispositivo giratorio, el cadáver pasa inmediatamente a la parrilla del horno crematorio, sin que el cuerpo sin vida entre en contacto directo con ninguna mano. De esa manera queda reducido a un mínimo peligro de contagio. ¡Dieta irreprochable! ¡Éxito garantizado! ¡Rechácense otros métodos de ejecución aparentemente igual de buenos! Según convenga, los últimos deseos pueden ser cumplidos o denegados. ¡Severamente prohibido vomitar dentro del crematorio y sobre todo durante la ejecución! El personal ha de enjuagarse después la boca con una solución antiséptica. ¡Excluido cualquier fallo técnico del dispositivo de tiro! Si se encuentran faltas en la mercancía se devuelve el importe completo. El crematorio, con todas sus instalaciones, esta impermeabilizado contra el sabotaje. Se evita cualquier sufrimiento adicional. Si el delincuente se entrega dócilmente a su destino, esa muerte artificial es preferible, con mucho, a cualquier óbito natural.

Las cenizas también pueden ser enviadas a casa aun precio adecuado, paquete postal sencillo, la urna cuidadosamente envuelta en basura, envío certificado, también es posible asegurarlo contra pérdida y robo. Como se calcula que pocos desean que se lo envíen, se instaló con hormigón, hojalata y vidrio una vertedero público especial con las correspondientes vitrinas, de gran efecto publicitario, para cenizas humanas.

Las ejecuciones pueden realizarse en diferentes clases, según la situación económica de la familia interesada o también según su capacidad de sacrificio. A tenor de las posibilidades existentes se tienen benévolamente en cuenta las preferencias individuales.

Así no se puede emprender el camino de vuelta. Hay que empezar más despacio, por abajo del todo. No hay que dirigirse en absoluto a señores importantes. (…) Cada cual quiere sólo tener, nadie quiere ser.

¿Está demasiado herido? (…) Incluso cargados de problemas, parecen contentos; tienen sus problemas y pueden pensar en lo que ahora hay que hacer y que dejar de hacer. Todo es obvio para ellos. (…) pero allí debería haberse desengañado y haber reconocido que cada cual está enclavado en su círculo y que no debe esperar, ni menos aún exigir, que sus secretos queden vinculados a los secretos de los demás seres humanos. Quien sólo sigue la voz de sus instintos no es noble, seguro, pero apenas sufrirá un descarrilamiento. (…) Padece de ideas que no encuentran ninguna realidad. (…) Se ha dado mucha prisa y ha corrido tras la ilusión de tomar con pasos desatinados, débil y sin fuerzas, una dirección desconocida.

Después de cuatro años sin domicilio no quiere dejarse embanastar con masas de gente en un albergue colectivo; no, ni una noche más.

Quien ha estado como yo en situación tan desesperada y ya no sabía si pertenecía a la vida o a la muerte, no podía permanecer en paz. También he tenido que desesperar. (…) Hay demasiada gente en el mundo que desespera por miedo y por vanidad; miedo, porque falta el sostén, vanidad, porque no se busca sostén. Habría que desesperar por algo, no de algo.

Hay que tener un centro, un lugar de origen que no se mueve, que descansa, y al que uno se aferra (…), sólo centro, un punto estable que no se transforma en progreso o regreso.

El centro,…, no pueden quitárnoslo. Viaja con nosotros y nos saca de los desechos.

Cada uno de nosotros tiene que actuar en un círculo, por pequeño que sea.

Sólo quien emprende el viaje encuentra el camino de casa

Un viaje cuenta la historia de personas prohibidas. Ciudadanos sencillos, con sus temores y esperanzas, como la familia Lusting. En medio de la vida diaria experimentan el mandamiento final, <<No habitarás>>, y a esta sencilla frase se van añadiendo disposiciones cada vez más monstruosas. <<El mundo entero fue una pura prohibición>>. Los afectados lo ven ellos mismos: <<Estamos todos prohibidos>>. Tales disposiciones transforman todos los conceptos normales, convierten la sociedad libre en una comunidad de forzados, con instituciones pervertidas cuya finalidad es hacer imposible la vida.

Así crea la novela una posibilidad de recordar, al recorrer los caminos de los prohibidos a través de las esperanzas y los recuerdos de éstos, así como del viaje que hace al mismo tiempo la voz narradora, para evocar el recuerdo compasivo de la posteridad a través de los testimonios recordados.

Hans Günther Adler, nacido el 2 de julio de 1910 en Praga, creció en el seno de una familia burguesa, estudió música, literatura, filosofía y psicología y se doctoró en una tesis sobre <<Klopstock y la música>>. (…) Aspiraba a ser profesor universitario y al mismo tiempo intentaba establecerse como escritor. Esa esperanza se desvaneció en 1933. Trabajó de secretario en un instituto de educación popular de Praga y hacia 1938 se preparaba para emigrar, pero esos planes también fracasaron. (…) Primero, en 1941, fue enviado a un campo de concentración donde trabajó en la construcción de una línea ferroviaria; vino a continuación, en 1942, la deportación a Theresienstadt, con su primera mujer, la doctora Gertrud Klepetar, y la familia de ésta. Allí murió el padre de Gertrud, la tía fue transportada a otro lugar; Hans Günther y Gertrud Adler-Klepetar llegaron a Auschwitz en octubre de 1944. En la selección, Gertrud se marchó voluntariamente al <<lado malo>> con su madre, para que ésta no muriera sola. Dos semanas después, mi padre llegó a Niederorschel, un campo anejo a Buchenwald, luego a la fábrica subterránea del campo de Langenstein, donde finalmente fue liberado en abril de 1945 por tropas norteamericanas.

Primero marchó a pie -extenuado y enfermo- a Halberstadt, luego su complicado recorrido acabó devolviéndole a Praga. (…) Sin embargo logró rehacer su vida. Se consagró al recuerdo <<de los queridos muertos>> y encontró en el <<testimonio de la verdad>> un nuevo, más aún, el único sentido de su vida. En 1947, huyendo del régimen comunista, que ya veía llegar, abandonó Praga, su ciudad natal, y se trasladó a Londres. (…) Poco a poco se estableció en Alemania, Austria y Suiza, más tarde en Israel y Estados Unidos. Cuando murió en Londres el 21 de agosto de 1988, dejaba, …, una extraordinaria <<obra de arte total>>, que constaba de una profusión de poemas, relatos, novela, libros y ensayos científicos.

Después de haber redactado entre los años 1945 y 1948 la primera versión de la monografía fundamental Theresienstadt 1941 bis 1945. Das Antlitz  einer Zwangsgemeinschaft [Theresienstadt de 1941 a 1945: la fax de una comunidad forzosa], mi padre escribió en rápida sucesión -…- cinco novelas, entre ellas novela de formación Panorama (…en 1968) y de 1954 a 1956 Die unsichtbare Wand [La pared invisible], publicada en 1988. Un viaje, escrita entre 1950 y 1951,…

… la época aún no estaba madura para que un antiguo preso escribiera, con ambiciones literarias, no sólo como trabajo de documentación, una obra sobre los años pasados en una campo de concentración.

Piénsese sólo en el tiempo que necesitó la estremecedora narración de Primo Levi sobre su vida en Auschwitz para conseguir el lugar que merecía. El dar a conocer lo ocurrido no bastó en absoluto para hacer comprender y para fomentar el recuerdo y para, de ese modo, posibilitar un acceso al mundo de los campos. La opinión pública necesitó hitos tan decisivos como los juicios de Núremberg, el juicio de Fráncfort sobre Auschwitz y el juicio de Eichmann en Jerusalén para que la indignación por la presencia de los culpables despertara el recuerdo de su víctimas. Desde entonces ya no es posible cerrar los ojos. (…) Quien quiera apartar la vista ha de preguntarse adónde dirige la mirada.

La novela traspone las experiencias del autor, les da un carácter ajeno (Verfremdung), como solía decir Adler, y las separa así de la esfera personal. Tomando él la figura de Paul Lusting, el escritor se transforma en el hermano de su primera mujer, Gertrud Klepetar, creando así una unidad familiar. Mi padre llamaba a Gertrud Geraldine. (…) Zerline. Sus padres, el doctor David y Elisabeth Klepetar, están reflejados en las figuras del doctor Leopold y de Karoline Lusting. La tía de Gertrud, la hermana de su madre, queda retratada como Ida Schwarz.

Nos vemos llevados, casi sin darnos cuenta, por las estaciones de la novela, de Stupart a Leitenberg, después de Ruhenthal y a Unkenburg. Tras esos nombres se ocultan Praga (recuérdese la Stupartgasse), Leitmeritz, Theresienstadt y Halberstadt.

Entre el miedo y la libertad. Los EEUU: de la Gran Depresión al fin de la segunda guerra mundial (1929-1945). David M. Kennedy

Prólogo: 11 de noviembre de 1918

<<La muerte resuelve todos los problemas -decía Stalin-. Ningún hombre, ningún problema>>.

Wilson había tenido la visión de una paz liberal, una paz sin victoria, una paz que le devolvería magnánimamente a Alemania el lugar que le correspondía en un mundo abierto de libre intercambio y democracia. En ese mundo el comercio no estaría limitado por restricciones políticas; la política estaría basada en el principio de autodeterminación, y el orden se mantendría a través de un nuevo organismo internacional, la Liga de Naciones. Pero lo que surgió del suplicio de las negociaciones de paz de París fue un documento que se burlaba de esos ideales.

El tratado de Versalles, según escribió Keynes en su amargo y astuto estudio de 1919, Las consecuencias económicas de la paz, contenía tres defectos letales. Transfería a Francia importantes yacimientos de carbón, hierro y acero alemanes y prohibía su utilización por parte de la industria germana. <<De esta manera, el tratado ataca la organización -declaró Keynes-, y mediante la destrucción de la organización deteriora aún más la reducida riqueza de toda la comunidad>>. El tratado, además, le quitaba a Alemania sus colonias en el exterior, sus inversiones extranjeras y su marina mercante, y restringía su control de sus propias vías navegables y sus tarifas. Y el mayor castigo económico se produjo cuando las potencias vencedoras impusieron a una Alemania drásticamente debilitada una colosal cuenta de alrededor de 33.000 millones de dólares en concepto de pago de reparaciones. Sumando un insulto a la herida, el artículo 231 del tratado (la famosa <<cláusula de culpa>> obligaba a los alemanes a asumir la responsabilidad exclusiva del estallido de la guerra.

El tratado, concluía Keynes, perpetuaba de manera descabellada en tiempos de paz los trastornos económicos de la guerra misma. A la catástrofe militar del combate se añadía la carga económica de una paz vengativa. Alemania, que se esforzaba en convertirse en una república, soportó la mayor parte de ese temible peso. Pero en las décadas de entreguerras todas las naciones, vencedoras y vencidas por igual, sufrieron ese lastre aplastante.

Un joven estadista que había llegado a París desde un rincón distante del planeta, el príncipe Fumimaro Konoye, de Japón, que entonces tenía veintisiete años de edad, también encontró motivos de queja. (…) ¿Por qué debería Japón -se preguntaba- aceptar un pacto que se negaba a reconocer el principio de igualdad racial? (…) Al igual que Alemania, sostenía Konoye, a Japón no le quedaba otro <<recurso que destruir el status quo por el bien de la autoconservación>>. Dos décadas más tarde, el primer ministro Konoye uniría el destino de Japón al de la Alemania nazi y la Italia fascista en el Pacto Tripartito: un agresivo intento de destruir el status quo en Europa y Asia a la vez, no sólo con el objetivo de la autoconservación, sino que para lograr la expansión imperial.

Adolf Hitler tenía el objetivo de ser el agente de esa resurrección. A su regreso a Munich en 1919, se sumergió en el mundo furtivo y turbulento de la organización política entre los veteranos de guerra descontentos que compartían su resentimiento por la traición que había sufrido su ejército a manos de dirigentes civiles en 1918. Dos años más tarde ya había ayudado a organizar el National-sozialistische Deutsche Arbeiterpartei: el partido nazi, con su distintivo símbolo de la Hakenkreuz, o esvástica. En 1921 ya era el líder indiscutido, y sus  matones de camisas pardas, los Sturmabteilungen (SA), estaban listos para hacer valer su voluntad. Hitler pulsó como un virtuoso las hinchadas cuerdas del resentimiento alemán, y los nazis avanzaron a medida que el experimento democrático de Alemania perdía terreno. La República de Weimar, que desde su nacimiento cargaba con la ignominia de la derrota y el duro peso económico y psicológico del pacto de Versalles, atravesó a tropezones y con dificultades la década de 1920. Cuando en 1922 no satisfizo el pago de las reparaciones, Francia ocupó el Ruhr, el área donde se centraba el corazón de la industria alemana, lo que provocó una fantástica espiral de hiperinflación que virtualmente convirtió el Mark alemán en una moneda sin valor. Hitler aprovechó la ocasión para intentar un golpe en Múnich, el fallido Beer Hall Putsch, que le valió una sentencia de presión en la fortaleza de Landsberg. Liberado a fines de 1924, una vez más concentró su demoníaca energía en la construcción del partido nazi, que incluía a su guardaespaldas personales de élite, los Schutz Staffeln (SS), de camisa negra. En 1928 el partido decía tener más de cien mil afiliados y obtuvo 810.000 votos en las elecciones del Reichstag.

Luego se produjo la crisis económica mundial que comenzó en 1929, y con ella llegó la gran oportunidad de Hitler. Mientras el desempleo alemán alcanzaba los tres millones de personas en 1930, el número de afiliados al partido nazi se duplicó. En septiembre de ese año, cuando los alemanes fueron a las urnas, los nazis obtuvieron 6.400.000 votos. A partir de ese momento Hitler dirigía el partido más numeroso del Reichstag, con 107 escaños. Dos años más tarde consiguió 113 escaños más, y Hitler exigió que se le otorgara la cancillería. El 30 de enero de 1933, lo logró. Cinco semanas más tarde, Franklin D. Roosevelt asumió la presidencia de Estados Unidos.

La Escuela de Chicago en Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

7. LOS DISCÍPULOS DE LA ESCUELA

Las situaciones sociales están sujetas a un proyecto de valoración individual, como indica su posición teórica de que <<si las situaciones se definen como reales, son reales en sus consecuencias>>.

Las características objetivas de una situación no son, por tanto, las que determinan las respuestas individuales, sino que más bien el significado que las personas dan a dicha situación es lo que determina su comportamiento.

Observar lo que sucede alrededor significa en realidad adoptar y mantener deliberadamente una mirada diferente, sobre un fenómeno social, de la realiza el layman, el hombre de la calle.

Así pues, la Escuela de Chicago puede considerarse una especie de joint venture entre las dos disciplinas. Sus fundadores, principalmente Park y Burgess, estaban convencidos de que los barrios más degradados y pobres de la ciudad debían ser estudiados como si fuesen junglas exóticas, con el mismo espíritu que mostraban en aquellos años los alumnos del antropólogo F. Boas. El objetivo de las investigaciones realizadas durante este período era hacer accesible a la mirada de los lectores occidentales la vida cotidiana, los aspectos rituales, los estilos de vida, los valores, en una palabra, la cultura de las poblaciones <<lejanas>> y exóticas, considerando como tales tanto las del África central como las de los guetos existentes en las ciudades y cercanos a los ciudadanos. (…) En este sentido el método biográfico del case study (estudio de casos) fue un sello distintivo de la sociología de Chicago.

[Thomas:] «El criterio esencial de la ciencia social frente a la filosofía social es la dependencia directa de sus generalizaciones respecto a los nuevos descubrimientos y sucesos. Si una generalización social no se contrasta permanentemente, de tal manera que en cualquier momento una nueva experiencia la puede contradecir, forzándonos bien a rechazarla o bien a complementarla con otras generalizaciones, no es científica y no tiene sitio en la teoría social».

El objeto de la investigación debería ser la vida entera de una sociedad civilizada real en su pleno desarrollo, con toda la complejidad de las situaciones sociales. Obviamente el científico abstrae alguna parte para estudiarla intensamente, pero cualquiera que sea el objeto de estudio debía ser considerado en términos de su significado dentro de la sociedad total.

Por otra parte, subraya la importancia de la comparación que considera necesaria en cualquier investigación científica. Comparando dos grupos o situaciones el investigador mantiene constantes ciertas variables y, al mismo tiempo, observa el efecto de otra variable a la que se le ha permitido fluctuar. El ideal es mantener dos grupos constantes comparándolos en un momento determinado para todos los ítems excepto uno, y observar cómo varían los grupos con respecto a esa variable. Si éstos no varían, entonces ese factor obviamente no es peculiar a uno de los grupos. No obstante, en cualquier investigación de relaciones sociales solamente podemos alcanzar una aproximación a este ideal.

Se considera, generalmente, que el trabajo de Thomas y Znaniecki, El campesino polaco en Europa y América (1918-1920), es el punto de partida del método biográfico.

A partir de esta investigación se inicia una reflexión sobre el desarrollo y refinamiento de las técnicas cualitativas. Las entrevistas en profundidad, el uso de informantes clave, las historias de vida o la recogida de documentos personales se emplean con rigurosa flexibilidad en un sinnúmero de trabajos y monografías.

«[…] el término historias de vida se ha tomado en sentido tan amplio que ha englobado las autobiografías como vidas narradas por quienes las han vivido, o informes producidos por los sujetos sobre sus propias vidas, y las biografías entendidas como narraciones en las que el sujeto de la narración no es el autor de la misma […] Asimismo hemos tomado el término historias de vida para designar tanto los relatos de toda una vida como narraciones parciales de ciertas etapas o momentos biográficos. Además, conviene señalar que el término se refiere no sólo al relato en sí sino a toda la información acumulada sobre la vida que es objeto de estudio: información procedente de etapas escolares, de fuentes sanitarias, etc., y obviamente, la labor de análisis realizada por los investigadores.»

Para Pujadas, el método biográfico puede, y tal vez debe, constituirse como un método fundamental dentro de los enfoques cualitativos en las ciencias sociales, haciendo la salvedad de que puede ser incluso útil para determinados surveys cuantitativos. Su interés reside en que permite a los investigadores sociales situarse en ese punto crucial de convergencia entre: 1) el testimonio subjetivo de un individuo a la luz de su trayectoria vital, sus experiencias y su visión particular y, 2) la plasmación de una vida que es el reflejo de un época, de normas sociales y de valores esencialmente compartidos con la comunidad de la que forma parte.

Algunas de sus ventajas son:

1. En las etapas iniciales de cualquier investigación posibilita la formulación de hipótesis, debido a la extraordinaria riqueza de matices y a la profundidad de sus testimonios, que nos permiten conocer en un caso concreto cómo opera la correlación causal entre variables.

2. Nos introduce en profundidad en el universos de las relaciones sociales primarias.

3. Proporciona un control casi absoluto de las variables que explican el comportamiento del individuo dentro de su grupo primario, que representa el nivel esencial de mediación entre individuo y sociedad. Este control se puede ejercer a través de la narrativa del sujeto biografiado, y puede complementarse con las declaraciones de las personas que conforman su entorno social inmediato, utilizando la técnica de los relatos de vida cruzados.

4. En cualquier tipo de estudio sirve de control de las perspectivas eticmacro, pues aporta el contrapunto de la visión emicmicro.

(…), los últimos años del siglo XX han presenciado la llegada de lo que podrían llamarse historias de vida reflexivas y recursivas. Son más autoconscientes y reflexivas, sugiriendo que la historia contada es un juego de lenguaje, un acto del habla, una manera de escribir, una construcción social.

Para entender por qué alguien se comporta como lo hace, el investigador debe conocer cómo percibe la persona su comportamiento, lo que pensó frente a las situaciones que tenía que enfrentar y qué alternativas tenía. Sólo se puede entender los efectos de la estructura social sobre las oportunidades de vida, las subculturas, las normas sociales, y otras formas de comportamiento comunes, viéndolas desde el punto de vista del actor.

Los principales grupos de inmigrantes estaban integrados por polacos, italianos y judíos, y parece ser que después de estar un año leyendo revistas de folklore sobre estos países para encontrar información sobre sus costumbres y comportamientos, decide estudiar a los polacos, en gran medida, porque había encontrado material suficiente sobre ellos:

«Thomas señala que el material encontrado estaba publicado en un semanario dirigido a sus paisanos (polacos) y contenía un gran número de cartas enviadas por ellos mismos […]. Después, invoca otra razón de más peso, que era el comportamiento que mantenían los polacos en América. Constituían un grupo incomprensible y quizá el más desorganizado de todos los grupos de inmigrantes. El hecho que de la policía americana les llamara <<la guerra polaca>> puede ser una buena ilustración de lo que comento.»

Durante diez años estuvo pendiente de todo lo que sucedía en la comunidad polaca de Chicago con el objetivo de recoger materiales escritos que completaran las informaciones obtenidas oralmente. Recordemos que en 1913, durante un viaje a Polonia, mantiene un encuentro con el director de la Asociación para la Protección de los Emigrantes Polacos, Florian Znaniecki, (…) decidieron reunir más cartas, sobre todo de los polacos residentes en Estados Unidos, (…), Thomas, durante su estancia en Polonia, (…) logró tener acceso y utilizar 8.000 cartas que algunos inmigrantes polacos en Estados Unidos enviaban a la Gazeta Suiateczna,(…) En estas cartas, destinadas a los campesinos polacos, se escribía sobre todo tipo de temas y fueron una de las fuentes de datos más importante para la investigación.

Otro tipo de material empleado en la recogida de datos fue la historia de vida, entendida como técnica que permite introducirse y comprender desde dentro el mundo del actor social. (…) fue Znaniecki,…, quien escogió a Wladek Wiszniewski como el protagonista de la tercera fuente de ascendencia campesina.

The Jack-Roller (…) investiga la delincuencia juvenil y la segunda [Ladrones profesionales] la delincuencia de <<cuello blanco>>.

…, C.R. Shaw, es el responsable de la famosa trilogía sobre la delincuencia, que comprende: The Jack-Roller (1930), The Natural History of a Delinquent Career (1931) y Brothers in Crime (1936).

En The Jack-Roller estudia el caso de Stanley, un joven delincuente de dieciséis años a quien el investigador frecuenta regularmente durante seis años, y le anima a escribir su autobiografía, donde relata las circunstancias concretas por las que ha llegado a convertirse en delincuente, así como su <<carrera>> delictiva.

Otro de los estudios significativos en este campo fue Ladrones profesionales, de Sutherland.

El trabajo de Sutherland está considerado como una de las aportaciones más originales de su época, y consiste en la descripción detallada de los saberes, artes, categorías y códigos internos de un <<grupo profesional>>: el de los ladrones.

«Hemos escrito esta obra a dos manos: el ladrón ha redactado dos tercios de la misma respondiendo a las cuestiones que yo le planteaba»

Otro aspecto interesante que conviene destacar es el tiempo de elaboración del trabajo: siete años dice el autor que duró el proceso, y los contenidos así lo reflejan…

[Landesco] Las características más importantes de sus hallazgos fueron las siguientes:

1. La organización clandestina de Chicago mantenía actividades vinculadas a la comercialización del vicio, el juego y otros métodos violentos e ilegales.

2. Este poder extralegal no tenía una organización formal, pero se mantenía unido por una especie de sistema feudal de líderes poderosos, lealtades personales, alianzas, acuerdos y códigos informales.

3. La continuidad del liderazgo en este submundo criminal era más duradera que la de la organización policial, que tuvo trece jefes durante ese período, y solamente uno de ellos tuvo continuidad en todo ese tiempo.

4. La empresa criminal se extendía normalmente a otros campos, controlados por otros intereses, como la distribución de alcohol o los sindicatos.

5. La amistad y otras alianzas informales entre gánsteres y políticos operaba de manera inmune.

…W. Thomas (…) El libro se publica en 1923 y presenta una serie de historias de vida recogidas y analizadas directamente por el autor. Esta información, como ocurre con otras investigaciones del Departamento, se complementa con datos de otras fuentes como artículos de prensa, informes de los tribunales y de la Vice Comission de Chicago.

La originalidad de este trabajo reside en considerar al inadaptado y delincuente no como un ser biológicamente anormal sino como un sujeto recuperable, individual y socialmente.

Finalmente, Thomas considera que lo más aberrante de la prostitución femenina es que está vinculada al fenómeno de la esclavitud blanca, en la que chicas consideradas <<normales>>son obligadas a prostituirse. La obra The Unadjusted Girl tiene una actualidad tanto conceptual como metodológicamente.

La observación participante nace en el campo de la antropología entre los siglos XIX y XX. El antropólogo inglés de origen polaco B. Malinowski, en su obra Los Argonautas del Pacífico Occidental, fue quien sentó los principios de esta perspectiva metodológica. (…) Como se ha señalado al inicio de este capítulo, el objetivo de Park era aplicar a las culturas urbanas el mismo enfoque metodológico que habían utilizado los antropólogos Frances Boas y Robert Lowie para el estudio de los indios de América.

Estas experiencias desde el campo de la sociología enriquecieron y desarrollaron el modelo inicial de Malinowski: residencia del investigador en el lugar investigado, participación en la vida de los grupos estudiados, observación del ambiente natural y cotidiano de la interacción social y utilización de personajes clave como informadores.

En el contexto de la investigación de tipo etnográfico, o field study, la observación participante no es el único instrumento metodológico que el investigador utiliza. El observador participante debe observar, escuchar y preguntar, y para preguntar adopta otra herramienta metodológica, la entrevista, pero, al mismo tiempo, debe documentarse sobre los hechos que suceden y sobre los que ya han ocurrido, debe explotar el material documental que ya existe sobre la comunidad que estudia y  el que la comunidad produce en ese momento (documentos históricos, autobiografías, cartas, reportajes, artículos de prensa, etcétera).

Thrasher, a diferencia de los médicos y funcionarios que regían las instituciones de menores, dio un interpretación sociológica al comportamiento de las bandas. Para él los jóvenes eran psicológicamente normales, y el fenómeno de la formación de las bandas era un desarrollo sociológico natural. La motivación del comportamiento de la banda, lejos de ser causado por una anomalía psicológica, estaba basado en la sociabilidad normal de sus deseos de aventura y emoción.

«Las bandas en Chicago son sobre todo un fenómeno de jóvenes inmigrantes que han nacido fuera del país. El muchacho inmigrante tiende a escapar del control paterno y convertirse en una persona americanizada superficialmente. Las instituciones socializadoras como la familiar, la escuela, la iglesia y los centro de ocio fracasan dentro de sus comunidades y entonces las bandas surgen como una especie de organización sustitutiva.»

 

El economista esperanzado. Leopoldo Abadía

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CAJÓN DE SASTRE DE ESTA CRISIS

Sin tener muy claro todavía cuál es la utilidad real de las Diputaciones, se habla de que su posible desaparición implicaría una severa reducción del gasto, cosa que es buena. (…) Según un reciente informe del Círculo de Empresarios, las treinta y ocho diputaciones provinciales, tres forales, siete cabildos y cuatro consejos insulares suponen un gasto anual cercano a los 22000 millones de euros. De ellos, algo más de 15000 millones corresponden a las tres forales, mientras que los 6800 millones restantes los suponen las demás instituciones intermedias, cuya función principal es prestar servicios a los municipios más pequeños.

Emplean a cerca de ochenta mil personas -casi la mitad de su presupuesto se va en personal y gastos de funcionamiento- y tienen deudas que, al cierre del 2010, alcanzaban los 6358 millones de euros.

Estas cifras tan enormes son especialmente relevantes porque equivalen a la mitad del recorte anunciado para este ejercicio por el gobierno y porque estos organismo han perdido su sentido dentro de un Estado tan descentralizado, convirtiéndose en cosas redundantes, institucionalmente hablando.

Con tamos en España con 8116 Ayuntamientos, de los que cerca del 60 por 100 corresponden a municipios con menos de mil habitantes.

Más de la mitad no puede atender ni prestar servicios básicos. Habría que plantearse, por tanto, una reorganización de municipios (…)

Se habla de un ahorro de 250 millones de euros por evitar duplicidades (…)

Es un tema ya no solo de recorte y ahorro, sino de marketing puro. El Senado es una cámara de representación que asume capacidad legislativa, de representación del pueblo, de control del Gobierno y de supervisión del presupuesto; o sea, lo mismo que el Congreso.

En el Senado hay 207 senadores electos y 56 más asignados por la autonomías. A pesar de que solo tiene un presupuesto de 55 millones de euros -que si nos lo ahorráramos se sumaría, por ejemplo a los 113 millones de subvenciones de partidos políticos y los 17,3 de los sindicatos y, con el total, ya habríamos reducido gastos por 185 millones de euros-, su utilidad está en tela de juicio porque duplica el trabajo del Congreso.

Un diputado del Congreso cobra, por serlo, 2813 euros brutos al mes, más los complementos por ser portavoces de grupo -1700- o presidir una comisión -1500 euros-. O sea, que cuando se habla de la creación de una comisión especial para analizar el comportamiento de las ranas autóctonas de Doñana, …, significa que el diputado ha conseguido vender un pedido y tener un ingreso extra.

Todos los diputados tienen, además, derecho a 1823 euros ala mes para asumir gastos de alojamiento, si no eres electo por Madrid, y 3000 euros anuales en taxis, ordenador y móvil.

A esto, además, hay que añadir que la vida parlamentaria de un diputado es en muchos casos media, de modo que a esas cifras les tengamos que añadir su sueldo mensual por su profesión:…

Y, por supuesto, una vez jubilados, recibirán su pensión y se dedicarán a asumir cargos de asesoramiento en ranas autóctonas de grandes compañías que cotizan en Bolsa.

A mí me parece que los parlamentarios pueden y deben cobrar todas estas cosas porque su trabajo no es normal. Lo que pasa es que habría que establecer un código de conducta básico que:

– Obligue a los diputados a ir a todas y cada una de las sesiones del Congreso.

– Vele por la buena imagen y seriedad de la Cámara.

La Escuela de Chicago de Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

DECADENCIA Y CRISIS

Algunos factores que contribuyeron a este cambio de situación fueron, sobre todo, la crisis de 1929, la institucionalización de la profesión del sociólogo, que fue asumida por la Administración pública, la proliferación de otras universidades, que se consolidaron en esos años, como las de Washington, Michigan o Harvard, y la jubilación de los cabezas de fila de Chicago, como Small y Park.

La crisis de 1929 tuvo efectos devastadores, quebraron muchísimas empresas, cayeron los precios agrícolas, la mayor parte de la población perdió sus ahorros y el desempleo alcanzó a 15 millones de personas en 1932. Esta bancarrota puso sobre la mesa los temas acuciantes del paro, la vivienda, el trabajo, las desigualdades sociales y la pobreza en el ámbito federal, y pasan a segundo plano los problemas locales de inmigración, delincuencia, etcétera.

La Gran Depresión provocó que el New Deal lanzase una serie de cambios legislativos entre 1933 y 1938, mucho más reformistas y avanzados que los de la era progresista.

Una <<zona>> no podía ser transformada en una variable con el mismo peso teórico que la <<desorganización social>>, el <<comportamiento de la muchedumbre>> o las <<distancias sociales>>.

La orientación metodológica basa exclusivamente en la percepción subjetiva de los actores sociales perdió peso a medida que aumentaba el protagonismo de la estadística, y esta nueva situación fue aislándola de la corriente principal.

El punto de inflexión lo marca la figura de W.F. Ogburn (…)

Quien marcó el paso al cuantitativismo fue Ogburn y el interés de la Universidad de Chicago por enseñar y aplicar estas técnicas, convencido como estaba de que las ciencias sociales debían adoptar los métodos y técnicas de las ciencias experimentales si querían ser rigurosas. El empleo dela estadística a través de la muestra, y la aplicación de la encuesta como elemento objetivo para la captación de datos, daba ala investigación social un carácter neutral y científico más allá de ideologías particulares o de grupo.

W.F. Ogburn (1886-1959) era un estadístico de formación (…) donde expone que la naturaleza humana está compuesta por factores tanto psicológicos como culturales, y la explicación del comportamiento humano ha de tener en cuenta ambas características.

Su presupuesto básico nace de lo que llama la <<Ley del interés compuesto>>. Esta ley es el principio matemático que afirma que cuanto más grande es el número de elementos presentes en las condiciones para que se dé un proceso, mayor será el número de combinaciones nuevas que se pueden dar, y que es probable que se produzcan.

Para hacer nuevos inventos o descubrimientos era necesaria la habilidad, pero tenía mucha importancia, sobre todo, la base cultural, es decir el conjunto de conocimientos e inventos ya existentes. Cada invento es un pequeño paso que se produce, en general, por la combinación de elementos ya presentes en la base cultural. Antes de cualquier invención, como el avión, la radio o el automóvil, se habían dado muchos pequeños pasos en el proceso innovador protagonizado por un gran número de personas desconocidas.

También cuando el concepto de cultura se mezcló con el de civilización y ambas definiciones fueron objeto de equívocos y discusión entre sus aspectos materiales y espirituales (Kroeber y Kluckhohn) y, sobre todo, cuando incluyó dentro de los aspectos no materiales de la cultura a la ciencia, como hizo en su colaboración para la voz <<cambio social>> en la Encyclopedia of Social Sciences (1930), (…) Éstas y otras contradicciones, que aparecieron en su estructura conceptual, fueron resueltas cuando a partir de 1936 sustituyó el concepto de cultura material por el de tecnología, y el de cultura no material por el de instituciones sociales, lo que supuso un uso más restringido de los conceptos, pero al mismo tiempo permitió un acierto mayor en sus análisis, y fue un indicador de la importancia que tiene la aplicación correcta de los conceptos.