Las trampas del deseo. Dan Ariely

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El coste del coste cero

Por qué a menudo pagamos demasiado cuando no pagamos nada

No es ningún secreto que conseguir algo gratuito suena muy bien. resulta que un precio cero no es un precio más; es un dedo en la llaga emocional, una fuente de irracional excitación.

¿Qué es lo que tiene el coste cero que hace que lo encontremos tan irresistible? ¿Por qué ¡gratis! nos pone tan contentos? Al fin y al cabo, también puede plantearnos un problema: cosas que jamás habíamos considerado la posibilidad de comprar pasan a ser increíblemente atractivas en el momento que son gratuitas.

El cero tiene una larga historia. Fueron los babilonios quienes inventaron el concepto de cero; luego los antiguos griegos debatieron sobre él en elevados términos (¿cómo algo podía no ser nada?); el antiguo erudito indio Pingala lo emparejó con el numeral 1 para obtener los dígitos dobles, y tanto los mayas como los romanos hicieron de él parte de sistemas de numeración. Pero en realidad el cero encontró su lugar alrededor del año 498 de nuestra era, cuando el astrónomo indio Aryabhata se levantó de la cama una mañana y exclamó: Sthanam sthaman dasa gunam; que traducido quiere decir más o menos: <<De posición a posición, 10 veces su valor>>. Con ello nacía la idea de la notación decimal que relaciona el valor de un dígito con su posición. A partir de ahí el cero experimentó un auge: se difundió al mundo árabe, donde floreció; atravesó la península Ibérica rumbo a Europa (gracias a los musulmanes hispanos); fue objeto de algunos retoques por parte de los italianos, y luego cruzó el Atlántico para llegar al Nuevo Mundo, donde a larga resultaría tremendamente útil (acompañado del dígito 1) en una lugar llamado Silicon Valley.

Pero el concepto del cero aplicado al dinero es algo que se entiende con bastante menos claridad. De hecho, no creo que ni siquiera tenga historia. Pese a ello, ¡gratis! tiene enormes implicaciones, que se extienden no sólo a promociones y descuentos, sino también al modo en que puede emplearse para ayudarnos a tomar decisiones que nos beneficien a nosotros mismos y a la sociedad.

La cuestión crítica surge cuando ¡gratis! se convierte en una lucha entre un artículo gratuito y otro artículo que no lo es, una lucha en la que la presencia de ¡gratis! nos lleva a tomar una decisión errónea.

La mayoría de las transacciones tienen sus ventajas y sus desventajas, pero cuando es ¡gratis! nos olvidamos de las desventajas. ¡Gratis! nos proporciona una carga emocional que percibimos que nos está ofreciendo algo de un valor mucho más inmenso del que en realidad tiene. ¿Y por qué? Creo que ello se debe a que los humanos sentimos un intrínseco miedo a perder. El verdadero atractivo de ¡gratis! se halla vinculado a ese temor. Cuando elegimos un artículo ¡gratis! no hay posibilidad de pérdida (debido precisamente a que es gratuito). Pero supongamos que, en lugar de ello, elegimos el artículo que no es gratuito. ¡Vaya! ¡Resulta que ahora sí que existe el riesgo de haber tomado una mala decisión, es decir, la posibilidad de salir perdiendo! En consecuencia, dada la posibilidad de elegir, optamos por el artículo gratuito.

Así pues, cuando hemos de elegir entre dos productos, solemos reaccionar exageradamente ante aquel que es gratuito.

El concepto de cero también se aplica al tiempo. Al fin y al cabo, el tiempo que se dedica a una actividad es tiempo que se saca de otra.

Una familia mal avenida. Falange, Iglesia y Ejército. Alfonso Lazo

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Nacionalcatolicismo contra catolicismo nacional

Entre los más frecuentes errores a los que conduce la confusa conceptuación de los fascismos y la incomprensión del pensamiento falangista, se encuentra el de endosar a Falange la paternidad de lo que se suele llamarse nacionalcatolismo, columna vertebral del régimen franquista. La realidad histórica es justamente la contraria: el triunfo del nacionalcatolicismo, dentro del sistema creado por el general Franco, y que duraría larguísimos años, representó de hecho el fracaso de la Falange, pues la idea que nuestros fascistas domésticos se hacían de lo religioso, de la Iglesia y del catolicismo -algo que podemos denominar «catolicismo nacional»- resultaba del todo incompatibles con el nacionalcatolicismo de clérigos, derechistas varios y militares.

El término que acabamos de utilizar, «catolicismo nacional», no es en absoluto arbitrario. Responde a una expresión jonsista de la primera hora antes de que las JONS, grupúsculo fascista liderado por Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo, se fusionasen con la Falange de José Antonio en 1934- tomada de una circular, con fecha de julio de 1933,…

En el punto tercero de aquel documento se contraponía el «catolicismo nacional » (el entrecomillado es del texto») a cualquier otra forma de ser católico;…

…el clero no podía interferir y entorpecer ese catolicismo imperial que en la historia del momento representaba la Falange; (…) Lo cual significa, en suma, que Falange no ocultaba su pretensión de construir un Estado católico; pero católico en cuanto históricamente catolicismo e imperio habían sido inseparables. (…) mientras para el nacionalcatolismo España, elegida por Dios, cumplía su vocación manteniéndose firme en la fe y obediente a la Iglesia, a su clero y a su moral, para el catolicismo nacional falangista España, elegida por Dios, mantenía su fe a través de la evocación imperial que la Falange encarnaba.

La Iglesia de la época, y mucho más la Iglesia española, consideraba el liberalismo y la democracia como un peligroso enemigo a combatir; de aquí su apoyo incondicional a Franco. Lo que los eclesiásticos reclamaban en el texto que acabamos de reproducir era libertad de expresión para ellos solos, y no en absoluto la desaparición de la censura que la misma jerarquía católica pretendía ejercer sobre el conjunto de la sociedad.

Como veremos en el próximo capítulo, cuando la Iglesia de aquellos años hablaba de «derechos» se estaba refiriendo únicamente a los «derechos de la Iglesia»; esto es, al derecho de la Iglesia a dirigir las conciencias y no a los derechos humanos.

Lo que sí hubo fue una tensión permanente entre clérigos y falangistas por el dominio del pensamiento;…

…Auxilio Social.

En pleno fragor de la contienda, en enero de 1937, el primer Consejo Nacional de la Sección Femenina de Falange acordó cambiar el sentido de la beneficiencia, según cuenta la escritora falangista Mercedes Formica en sus memorias: la «caridad» debía quedar relegada al fondo de las conciencias, y ser sustituida por la justicia social. (…) la viuda de Onésimo Redondo creó en Valladolid los primeros hogares infantiles que pronto pasarían a ser llamados Hogares del Auxilio Social, donde se acogía a los huérfanos de familias pobres sin distinciones políticas. Con el tiempo, a lo largo de la vida del franquismo, esos lugares de acogida se convirtieron en algo espantoso que recuerdan con pavor los que por ellos pasaron. Pero al principio no era así; (…) Tales instituciones se extendieron por toda la España nacional; daban preferencia a los hijos de los vencidos, y mantenían un tono seglar bien diferente a las Conferencias de San Vicente de Paúl que habían caracterizado la caridad de las derechas. Apenas terminada la Guerra Civil, la Iglesia colocó allí sus manos y, otra vez, en competición con Falange logró dar un tono completamente distinto a la educación de los niños acogidos al Auxilio Social.

Mientras para la Falange los Hogares eran centros donde se educaba en los valores del fascismo a los hijos de los que el mismo fascismo había fusilado, Cantero, en un folleto titulado La hora católica de España, sostenía que el Auxilio Social tenía como primer objetivo: «la recristiniazación de las masas españolas que habían apostatado».

Mercedes Sanz Bachiller era la esposa de Onésimo Redondo, unos de los fundadores, junto con Ramiro Ledesma Ramos, de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas); grupúsculo netamente fascista que en 1934 se fusionó con la Falange de José Antonio.

Después de la muerte de su marido, Mercedes Sanz Bachiller no se encerró en su casa como una clásica viuda castellana de la época, sino que con una actividad enorme buscó mitigar en lo posible los horrores de la guerra, muy especialmente entre los huérfanos y las viudas de los combatientes del llamado bando rojo; huérfanos y viudas que lo eran, en gran medida, a causa de los fusilamientos que llevaba a cabo, junto ocn los militares y los carlistas, la propia Falange. El trabajo de Mercedes que era militante de la Sección Femenina que dirigía Pilar Primo de Rivera, fue, al menos al principio, del todo desinteresado, y respondió a una auténtica preocupación por integrar en el bando vencedor a los vencidos. Recibió en este trabajo la ayuda inestimable de otro jonsista antiguo amigo de Onésimo Redondo, Javier Martínez de Bedoya, quien terminó contrayendo matrimonio con Mercedes.

… inspirándose en el Auxilio de Invierno alemán, incluso tomando de él el mismo nombre, empezaron prácticamente por su cuenta y riesgo a prestar ayuda, junto con un grupo de camaradas de partido, a la víctimas más desamparadas de la guerra, con especial atención a los hijos de los fusilados. Pero en 1936, y en Valladolid, los hijos de los fusilados eran forzosamente los hijos de los rojos. (…) proporcionaba muchísimo prestigio a la Falange.

La cosa empezó, …, en Valladolid, con la apertura de algunos locales atendidos por voluntarias, y en los que se repartía gratuitamente comida caliente. No era una obra de caridad ociosa: sin ella muchas mujeres y niños habrían muerto de hambre. (…) La comida había que comprarla, además de cocinarla, así que aquellas muchachas pasaban una buena parte del día recorriendo las calles de la ciudad castellana con una hucha en la mano, y solicitando dinero a cambio de un pequeño emblema de cartón que se colocaba en la solapa de los trajes de las personas que entregaban algún donativo. La primera cuestación fue un éxito; se celebró el 28 de octubre y se recaudaron 46.000 pesetas. Una suma más que considerable para aquel tiempo.

El Auxilio de Invierno rebasó enseguida los límites de la provincia de Valladolid. Después de una entrevista con el general Mola, Martínez de Bedoya quedó incorporado al Cuartel General, y destinado a acompañar, como jefe de Auxilio de Invierno, a las tropas que iban a conquistar Bilbao. Desde entonces, los ejércitos nacionales siempre fueron acompañdos por una sección del Auxilio de Invierno encargada de repartir alimentos de primera necesidad entre la población civil que se acababa de conquistar. (…) Vista hoy por el historiador, la imagen resulta espeluznante: a la vez que se fusilaba a los derrotados, se alimentaba a sus hijos y mujeres.

Junto a los tradicionales comedores colectivos y Cocinas de Hermandad comenzaron a abrirse guarderías infantiles donde las madres trabajadoras podíasn dejar a sus hijos durante la jornada laboral; (…) Se abrieron también centros preventivos de enfermedades infantiles y, por fin, los llamados Hogares para huérfanos que no podían ser atendidos por ningún familiar.

…con las cuestaciones callejeras (…) Una segunda fuente de financiación era la denominada Ficha Azul: donativos mensuales a los que se comprometían en ciudades y pueblos personas acomodadas después de reibir la visita de una representación de la Falange local.

El Auxilio Social, pues, se había convertido en una gran maquinaria benéfica y de propaganda política que buscaba, sobre todo, atraerse a las masas vencidas y depauperadas. (…) Ese afán integrador fascista era incluso visible en el comité director de la institución que dirigían Mercedes Sanz y Martínez de Bedoya. Aparte de ellos, estaba compuesto por los falangistas procedentes de las JONS Jesús Ercilla y Antonio Román; un republicano seguidor de Miguel Maura y muy amigo del doctor Marañón, José Pardo, que ocupaba el puesto de asesor médico para adultos; un republicano de Lerroux, Martínez Tena, que asesoraba jurídicamente a la organización; una antiguo militante de la FUE (Federación Universitaria Española), Eduardo Lozano, que tenía el puesto en el comité de «asesor de arquitectura»; el hijo de un socialista ferroviario, José María Azgote, también arquitecto; una monárquica alfonsina, Carmen de Icaza, y un independiente llamado Pérez Delgado. Y la misma diversidad ideológica nos encontramos en los comités provinciales repartidos por toda España. (…) sus colaboradores (…) entre personas eficaces y capacitadas.

Al principio, como ocurría con la propia Falange, Auxilio Social resultaba algo así como demasiado laico para la beatería rampante y clerical de la España nacionalista. Eso fue lo que llevó a la Iglesia a intervenir. (…) la institución creó en su seno una Asesoría de Cuestiones Morales y Religiosas que, de inmediato, tejió una red de asesores provinciales religiosos que convirtieron los centros de Auxilio Social en lugares de adoctrinamiento del nacionalsocialismo.

El final de la guerra se acercaba (…) ¿Qué pasaría con la llegada de la paz? Porque Mercedes Sanz Bachiller era muy consciente de que la inminenete victoria iba a desmovilizar a las voluntarias al cabo de poco tiempo. Eso fue lo que llevó a redactar un proyecto que creaba un servicio social para la mujer que equivaliese al servicio militar obligatorio de los hombres: las muchachas españolas deberían así destinar algunos meses a trabajar obligatoriamente en las instituciones benéficas de Auxilio Social. Franco aceptó el proyecto (…) Un motivo más para que se reprodujera la hostilidad de Pilar Primo de Rivera hacia aquella institución…

Hostilidad a la que se sumaba la de la Iglesia que seguía viendo (…) demasiado laicismo en los «Hogares». Era como si el clero considerase que Auxilio Social había invadido un terreno acotado de su propiedad: el de la caridad hacia los menesterosos.

El final de la guerra iba suponer la extensión de Auxilio Social a toda España, convertido ya en un enorme organismo. Pero significó también la caída de sus fundadores y el paso de la institución a manos de la clientela política falangista de Pilar Primo de Rivera, que nunca había tenido problemas con los obispos.

Tipos diversos. G.K. Chesterton

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POPE Y EL ARTE DE LA SÁTIRA

La teoría crítica general más extendida tanto en el nuestro como en el pasado siglo es la que da por sentado que fue muy fácil para los imitadores de Pope escribir poesía inglesa. El pareado clásico era algo al alcance de las facultades de cualquiera. Pero sería perfectamente legítimo responder pidiendo a quien quiera que lo intentara. Puede ser más fácil tener ingenio que, en el sentido más audaz y perdurable de la palabra, tener verdadera imaginación. Pero resulta incomparablemente más fácil fingir tener imaginación que fingir tener ingenio.

Un elemento paradójico recorre toda la existencia misma. Comienza en el reino de la física última y de la metafísica, en esos dos hechos que consisten en que no somos capaces de imaginar un espacio infinito y tampoco somos capaces de imaginar un espacio finito. (…) Y recorre, del mismo modo, todas las cuestiones morales menores, de manera que no podemos imaginar que exista el valor si no es junto al miedo o la magnanimidad junto a alguna clase de tentación de la mezquindad.

En nuestro tiempo hemos asistido a un importante renacimiento del culto a la violencia y a la hostilidad. Mr. Henley y sus jóvenes seguidores poseen cuantiosos epítetos rebosantes de furia con los que aplastar a todo aquel que difiera de ellos. No es una postura plácida ni cómoda la del enemigo de Mr. Henley, si bien sabemos con certeza que sí es bastante más segura que la de ser su amigo. (…) La sátira política y social es un arte perdido, como el del alfarero o el vidriero.

Podría parecer una observación singular decir que no somos lo suficientemente generosos para escribir una gran sátira. (…) Para escribir una gran sátira, para a atacar a un hombre de forma que éste acuse el ataque y casi llegue a admitir que es justo, es necesaria una cierta magnanimidad intelectual que reconozca los méritos del oponente además de sus defectos. (…) Inglaterra, en nuestra época y espíritu actuales, fracasa en la sátira por la misma razón que fracasa en la guerra: por despreciar a su enemigo. En cuestión de batallas y conquistas ha arraigado con firmeza en nuestra mente la idea (…) de que es mejor pisotear a un pueblo ignorando todos sus méritos particulares que darle la oportunidad de pisotearnos a nosotros. (…) Es imposible satirizar a un hombre sin haber tenido antes en cuenta sus virtudes.

No otra es la causa del fracaso de la sátira contemporánea, que carece por completo de magnanimidad, o, lo que es lo mismo, de paciencia. (…) pues quien enfurece ante una calumnia enfurece por la mentira, pero quien enfurece ante una sátira enfurece por una verdad.

Las trampas del deseo. Dan Ariely

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La verdad de la relatividad

Por qué todo es relativo, incluso cuando no debería serlo

La relatividad nos enseña a tomar decisiones en la vida. Pero también puede hacernos completamente desgraciados. ¿Y por qué? Pues porque comparar nuestra suerte en la vida con la de otros genera celos y envidia.

…desde que nacemos, estamos predispuestos a comparar.

…cuanto más tenemos, más queremos. Y el único remedio para ello es romper el círculo de la relatividad.

Una familia mal avenida. Falange, Iglesia y Ejército. Alfonso Lazo

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El Decreto de Unificación

 

Viva, viva, la revolución

Viva, viva, Falange de las JONS

Muera, muera, el necio Requeté

Viva, viva, Falange sin la T.

Sin la T de «Tradicionalista», se entiende.

… si ya no había peleas callejeras cotidianas entre camisas azules y boinas rojas es porque estos últimos habían desaparecido como formación diferenciada.

Las que no desaparecieron fueron las protestas de los dirigentes carlistas ante las más altas esferas. (…) Cuando cierto jerarca de Falange fue entrevistado por un periodista francés que le interrogó acerca de lo que harían en caso de que se restableciese la monarquía en España, el falangista contesto: «Habría otra revolución, y en este caso, se lo aseguro, nosotros estaríamos en el mismo bando que los republicanos».

Una familia mal avenida. Falange, Iglesia y Ejército. Alfonso Lazo

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1936-1937. La Falange crece

 

… no es exagerado decir que en la provincia de Sevilla las clases trabajadoras constituyeron, a partir del 18 de julio, la mayoría militante de Falange, con una altísima presencia de jornaleros. (…) es legítimo pensar que lo mismo ocurría en toda la zona dominada por Queipo de Llano y, seguramente, en toda la España llamada Nacional.

En Sevilla, y en realidad en toda España, la Falange inicial, la que va desde su fundación en 1933 al triunfo del Frente Popular, fue más que nada un grupo de señoritos. En sus escuálidas filas, organizadas en «centurias» -grandilocuente término que jamás llegó a albergar a cien militantes-, había un puñado de obreros -sobre todo antiguos comunistas y anarquistas-, bastantes estudiantes -más de bachillerato que de universidad-, profesionales de la clase media y unos pocos militares. El tono lo daban los señoritos: latifundista de secano y aristócrata que frecuentaban los bares y restaurantes caros y eran socios de clubes y círculos selectos. Jose Antonio Primo de Rivera era él mismo un aristócrata, y su primo, fundador de la Falange en Cádiz y Sevilla, Sancho Dávila, otro noble terrateniente.

La afluencia multitudinaria que siguió al 18 de julio alteró de modo radical el rostro de FE-JONS, convirtiéndola en una organización de masas donde la masa de jornaleros y trabajadores representaba la mayoría.

Para la mentalidad ultraconservadora no fascista el pueblo bajo era el «pobre», el «servidor», el «trabajador honrado» que gorra en mano inclinaba la cabeza ante los señores. Para el fascismo, muy al contrario, las masas proletarias debían ser integradas en el movimiento, incluso si alguno de estos trabajadores procedía originariamente de la izquierda militante. El trabajador se convertía así en un camarada que luchaba codo con codo junto a las otras clases sociales por la grandeza de la nación.

… la camisa azul -color proletario de los monos de trabajo-, el «tuteo»- que tanto molestaba a la derecha española- y las invocaciones a una necesaria revolución social -que encrespaba a los tradicionalistas-, por muy gestos retóricos que fueran, causaron efecto y las masas acudieron.

Durante las primeras semanas de la Guerra Civil, el partido joseantoniano fue un paraguas protector bajo el que buscaron refugio todos aquellos que temían ser tildados de izquierdistas y corrían el riesgo de la cárcel o el paredón: las masas jornaleras, los obreros, los más pobres, habrían sido atraídos hacia la Falange por una búsqueda de seguridad. (…) Si entre todos los partidos de derechas y milicias únicamente creció FE de manera espectacular fue porque sólo FE estaba utilizando el clásico discurso «integrador» fascista.

La afluencia de trabajadores a Falange no pasó desapercibida ni al Ejército, ni a la Iglesia, ni a los carlistas, ni al conjunto de la derecha española.

El 8 de noviembre de 1936, en un pueblo de la sierra de Cádiz, Olvera, se repartía a la una de la tarde el rancho que suministraba diariamente la Junta Benéfica local; un organismo integrado por el párroco, la autoridad militar y los más ricos de la población, pero donde no estaba representada la Falange, que tenía, como veremos, sus propios comedores colectivos. En la fila, a la espera de la sopa caliente y un pedazo de pan, aguardaban dos centenares de mujeres hambrientas. De pronto, comenzó una pelea entre ellas. Los dos guardias municipales que mantenían el orden desenfundaron sus porras y, con una extrema violencia, comenzaron a golpear a diestro y siniestro. Algunas mujeres con sus famélicos hijos en los brazos rodaron por los suelos.

Cerca de allí montaba guardia el falangista de 23 años José Sánchez, de profesión jornalero. No se quedó indiferente ante el tumulto, y se acercó a los municipales para reprocharles el comportamiento bárbaro que estaban teniendo: «Bien está ya, hombres, que son mujeres y niños y se encuentran desmayadas». El desorden agravóse, porque los dos policías del ayuntamiento la emprendieron también a golpes con José Sánchez. Lo que ocurría, empero, es que el falangista estaba armado, y se echó el fusil al hombro en medio de grandes gritos y de una multitud de vecinos que habían acudido ante el escándalo. Sólo la intervención de la Guardia Civil impidió un intercambio de disparos. Después, intervino el Ejército que detuvo y condenó a un mes de arresto al militante de FE. Lo cual, a su vez, llevó a intervenir a la Falange local de Olvera que publicó un comunicado donde condenaba a los guardias municipales y defendía la actuación del camarada en favor de «mujeres indefensas y necesitadas».

Este suceso del pueblo gaditano, del que han quedado abundantes documentos en el Archivo Militar de la Segunda Región, no fue una anécdota aislada y sin valor histórico, sino que representa, por el contrario, muy bien la manera en que la Falange Española se veía a sí misma, y la manera en que la veían sus socios de la derecha.

…, desde el 18 de julio los militares estaban poniendo bajo su dominio directo tanto las milicias de Falange como las del Requeté…

Franco, inaugurando con ello una práctica política que utilizaría durante cerca de 40 años y que consistía en tener permanentemente desunidos y enfrentados unos contra otros a sus colaboradores,…

Sin duda, la falta de independencia del Requeté frente al Ejército no fue el único problema de la Comunión Tradicionalista.

Tiempo de censura. La represión editorial durante el franquismo. Eduardo Ruiz Bautista (coord.)

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INTRODUCCIÓN

Eduardo Ruiz Bautista

En una fecha tan temprana como 1480, tiempo de incunables, los Reyes Católicos intuyeron el provecho mayúsculo que podría reportar a sus reinos la fluida circulación de libros que el invento de Gutemberg había desatado, y para estimular este tráfico eximieron a tan preciosa mercancía del pago de alcabalas. Veinte años después, además de las ventajas, se habían percatado asimismo de los peligros para la ortodoxia y el orden establecido que se agazapaban tras las letras de molde, e iniciaron una tradición de control y represión de lo escrito que habría de prolongarse durante casi cinco siglos.

Son cantidad, y en absoluto reñida con la calidad, los trabajos que abordan la represión dictatorial en su múltiples variantes y escenarios.

Los autores de los periódicos <<estados de la cuestión>> acostumbran a mostrarse más huidos y evasivos a la hora de enjuiciar la evolución de la historiografía española consagrada al estudio de la represión cultural. Quizá porque resulta harto más fácil identificar el fenómeno represivo con un pelotón de fusilamiento que con un gris funcionario que proscribe la lectura de una determinada obra o autor. Y aunque establecer comparaciones resultaría del todo impropio, no debemos subestimar el daño que la censura infligió a varias generaciones de españoles. Con bastante frecuencia, se considera que las principales víctimas de la censura fueron los creadores, los poetas, novelistas, dramaturgos o cineastas que tuvieron que poner freno a su inspiración, que contemplaron con rabia o resignación la mutilación o la prohibición de su obra. (…) Sin embargo, …, los principales damnificados de este ataque a la inteligencia no fueron unos cuantos centenares de intelectuales, tal vez unos pocos millares, sino los millones de españoles que fueron lo que no leyeron, porque, de haberles dejado leerlo, quién sabe lo que habrían sido.

La psicología de la autoestima. Nathaniel Branden

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Capítulo 5

LAS EMOCIONES

La herramienta básica de supervivencia del hombre, su razón, tiene dos funciones básicas: la cognición y la evaluación. El proceso de cognición consiste en descubrir qué son las cosas, en identificar su naturaleza, sus atributos y sus propiedades. El proceso de evaluación consiste en que el hombre descubra la relación entre él y las cosas, que identifique lo que es beneficioso o perjudicial para su persona, qué debería procurar y qué debería evitar.

<<Un «valor» es aquello que uno actúa para obtener y/o conservar>> (Ayn Rand). Es aquello que uno considera que contribuye a su bienestar.

Como ser con conciencia volitiva, el hombre no está <<programado>> biológicamente para elegir los valores correctos automáticamente.

…la irracionalidad es un concepto inaplicable a los animales: sólo es aplicable al hombre.

Los valores básicos y objetivos de un animal vienen <<programados>> biológicamente, por naturaleza.

…el punto de vista que tenga alguien de sí mismo juega un papel fundamental en la elección de sus valores. (…) Implícito en nuestros juicios de valores está el punto de vista (consciente o no) sobre nosotros mismos como personas, sobre nuestra naturaleza y capacidades, tanto si nos evaluamos correctamente como si no.

La relación que existe entre juicios de valor y emociones es la que hay entre causa y efecto. Una emoción es un valor-respuesta. Es el resultado psicológico automático (que implica características mentales y somáticas) de una evaluación rapidísima e inconsciente.

Una emoción es la forma psicosomática según la cual el ser humano experimenta el cálculo que hace de la relación beneficiosa o perjudicial entre su persona y algún aspecto de la realidad.

La secuencia de sucesos psicológicos es la siguiente: desde la percepción a la evaluación, y desde allí a la respuesta emocional.

1. La competencia para hacer una introspección e identificar los procesos mentales de uno mismo es algo que se debe adquirir, hay que aprenderlo.

2. La mayoría de las personas no tienen valores y convicciones con una forma claramente definida.

4. A veces, respondemos emocionalmente a cosas de las que no somos conscientes.

Una de las características principales de la enfermedad mental es la política de permitir que los sentimientos, los deseos y temores, determinen el pensamiento, guíen las acciones y funcionen como el patrón de los juicios que emite una persona. Esto es más que un síntoma de neurosis, es la receta para obtenerla. Es una política que implica la destrucción de nuestra facultad racional.

No es accidental, sino lógico e inevitable, que las emociones predominantes que le quedan a un irracionalista (una vez ha puesto en práctica su política) sean la depresión, la culpabilidad, la angustia y el temor. La idea de un irracionalista feliz, igual que la de un psicótico feliz, es un mito, tal y como puede corroborar cualquier psicoterapeuta.

Una de las características cardinales de los valores irracionales es que siempre implican cierto tipo de <<resaca>>, ya se la pérdida de la salud, del trabajo, de la esposa o esposo, de la competencia intelectual, de la capacidad sexual o la autoestima. Dependiendo de los valores que lija una persona, sus emociones son una recompensa o un castigo. La naturaleza y la realidad siempre tienen la última palabra.

La felicidad y la alegría es el estado emocional que se deriva de la consecución de nuestros valores. El sufrimiento es el estado emocional derivado de la negación o destrucción de esos valores. Dado que la actividad de perseguir y alcanzar los valores es la esencia del proceso vital, podemos considerar que la felicidad y el sufrimiento son un sistema de incentivos que la naturaleza ha insertado en el hombre, un sistema de recompensa y castigo, diseñado para alargar y proteger la vida humana.

El dolor físico advierte al hombre de un peligro para su cuerpo, capacitándole para adoptar las medidas correctivas oportunas. Lo que no se suele admitir demasiado es que el dolor psicológico -la angustia, la culpa, la depresión- desempeñan la misma función biológica en lo relativo a la conciencia humana. Le advierte que su mente se halla en un estado incorrecto, y que debe actuar para modificarlo.

Toda emoción proviene de un juicio de valor, pero todo juicio de valor conduce a una emoción. Experimentamos una emoción cuando consideramos que el juicio de valor involucrado tiene importancia para nuestra vida, tiene relevancia para nuestras acciones.

Toda conciencia es necesariamente selectiva.

La conciencia focal implica el proceso de discriminar ciertos hechos o elementos del campo más amplio en que aparecen, considerándolos separadamente.

Hay grados de conciencia.

El hombre se programa a sí mismo. (…) tiene la capacidad de retener, integrar y automatizar el conocimiento.

Pero el valor moral de una persona no se puede juzgar por el contenido de sus emociones; hay que juzgarlo por el grado de racionalidad: sólo ésta cae directamente dentro de su control volitivo.

Un hombre puede cometer errores, honestamente o no, que dan como resultado unas emociones que él sabe que son malas, indeseables; se puede dar el caso de que algunas de estas emociones inadecuadas sean el resultado de errores pasados o de la irracionalidad. Pero lo que determina su estatura moral en el presente es la política que adopte hacia esas emociones.

La ignorancia no es ninguna bendición, al menos no en el ninguna área de la vida humana, y ciertamente no en lo que respecta al contenido de la mente del hombre.

Cuando una persona se reprime, su intención es obtener una mayor sensación de control sobre su vida; invariablemente e inevitablemente, lo que consigue es lo opuesto.

La represión destruye más que las emociones humanas: tiene efectos desastrosos sobre la claridad y eficiencia de su pensamiento.

Tipos diversos. G.K. Chesterton

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EL OPTIMISMO DE BYRON

 

El hombre que es popular necesariamente ha de ser optimista acerca de algo, aunque sólo sea un optimista del pesimismo; y éste fue, claramente, el caso de Byron y los byronistas. Su auténtica popularidad no se basaba en que protestaran contra todo, sino en que alababan algo. Amontonaban denuestos sobre los hombres, pero usaban a los hombres como un simple elemento de contraste. Lo que por comparación pretendían ensalzar eran las energías de la naturaleza.

Cuando un hombre joven puede elegir pasear solo en invierno junto a la orilla batida por el mar, cuando encuentra placer en las tormentas y las cumbres solitarias y en la melancolía sin límite de la tierra más antigua, podemos deducir con toda la certeza de la lógica que es un hombre muy joven y muy feliz.

La psicología de la autoestima. Nathaniel Branden

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Capítulo 4

EL HOMBRE: UN SER CON CONCIENCIA VOLITIVA

En las obras de los psicólogos modernos, el hombre es la entidad más claramente ausente. Hoy día podemos leer muchos libros de texto sin aprender que el hombre tiene la capacidad de pensar; (…) En estos libros no podemos aprender que la forma de conciencia distintiva del hombre es conceptual, ni que esto es un hecho de una importancia vital.

La relación entre la razón del hombre y su supervivencia es el primero de dos principios básicos sobre la naturaleza humana que son indispensables para comprender su psicología y conducta. El segundo es el que dice que el ejercicio de su facultad racional, a diferencia del uso que hace un animal de sus sentidos, no es automático; que la decisión de pensar no está biológicamente <<programada>> en el hombre; que pensar es una elección.

«La clave de… <<la naturaleza humana>>… es el hecho de que el hombre es un ser con conciencia volitiva. La razón no funciona automáticamente; pensar no es un proceso mecánico; las conexiones lógicas no se pueden hacer por instinto. La función de nuestro estómago, pulmones o corazón es automática, la función de nuestra mente no lo es. En cualquier hora y circunstancia de nuestra vida, somos libres de pensar o eludir ese esfuerzo, pero no tenemos la libertad de escapar de nuestra naturaleza, del hecho de que la razón es nuestro medio de supervivencia; de modo que para nosotros, que somos seres humanos, la pregunta de <<ser o no ser>> se traduce como <<pensar o no pensar>>.

No es necesario diseñar experimentos de laboratorio concretos para demostrar que pensar no es un proceso automático, que la mente del hombre no <<bombea>> automáticamente el conocimiento conceptual cuando su vida lo exige, igual que el corazón bombea sangre. (…) Resulta demasiado fácil observar la capacidad humana de ignorar su responsabilidad de pensar. Debe elegir centrar su mente, debe optar por perseguir la comprensión. En el nivel conceptual, la responsabilidad de autorregulación es suya.

Pensar es mantener esa concentración sobre un tema o problema específicos.

No estar centrado es dejar que la mente vague pasivamente, sin voluntad, dirigida tan sólo por las impresiones al azar, las emociones o asociaciones, o considerar un tema sin desear genuinamente comprenderlo, o iniciar un acción sin interesarse en lo que uno está haciendo.

El ser humano es libre no sólo para eludir el esfuerzo de mantener su conciencia plena de propósito en general, sino también para eludir ciertas pautas de pensamiento que le resulten desconcertantes o dolorosas.

Un niño percibe que es necesario autorregularse a nivel cognitivo cuando empieza a pasar del nivel perceptual al conceptual, cuando aprende a abstraer, clasificar, comprender principios razonar explícitamente. (…) Pero cuando empiece a conceptualizar, se enfrentará al hecho de que esta nueva forma de conciencia implica trabajo mental, que requiere un esfuerzo que debe elegir realizar. Descubre que, en este nuevo nivel de conciencia, no es infalible: es posible equivocarse, porque el éxito cognitivo no es automático. (…) Descubre la necesidad constante de controlar y regular su actividad mental.

La resolución de problemas implica la búsqueda de la respuesta a una pregunta específica; como tal, presupone un estado en que la mente está centrada, pero no es sinónimo de éste.

Centrarse no significa que hemos de pasarnos la vida concentrados en resolver problemas. Lo que quiere decir es que debemos saber lo que está haciendo nuestra mente.

Cuando más consistente y conscientemente mantenga una persona esta política de estar centrado a nivel mental, de pensar, de juzgar los hechos de la realidad con los que se encuentra, de saber lo que está haciendo y por qué, más fácil y <<natural>> se vuelve el proceso. El creciente conocimiento (…) la creciente sensación de control sobre su existencia, su creciente confianza en sí mismo, son elementos que sirven como incentivo emocional…

…esto no significa que para esa persona la política de la racionalidad se convierta en algo automático (…) pero se ha <<programado>>,…, para tener todos los incentivos emocionales posibles para ser racional, (…) Parafraseando a Aristóteles, esa persona ha aprendido a hacer que la racionalidad sea una <<segunda naturaleza>> para ella. (…) Pero debe mantener ese estado psicológico voluntariamente, (…) En cada caso que se le presente, debe elegir pensar.

…cuanto más mantenga una persona la política de centrarse cuanto menos mejor, cuanto más evite los hechos que le resultan dolorosos, más se saboteará a nivel psicológico y más difícil se le volverá la tarea de pensar. Las consecuencias inevitables de esa política de no pensamiento son los sentimientos de indefensión, ineficacia, ansiedad, la sensación de vivir en un universo incognoscible y hostil.

…no implica que su evasión e irracionalidad sean automáticas;…, pero se ha <<programado>> a sí mismo/a para que la racionalidad le resulte cada vez más ardua,…

Pero sigue teniendo el poder de variar su curso.

Frente a cualquier valor que se le ofrezca como correcto, frente a cualquier afirmación que se le presente como la verdadera, un hombre es libre para preguntar: ¿Por qué?. Ese <<¿por qué?>> es el umbral que no pueden cruzar las creencias de los demás sin su consentimiento.

El intento por parte de los psicólogos de explicar la conducta del hombre sin hacer referencia al grado en que piensa o no piensa, intentando reducir la conducta humana a unas causas que están bien en su <<condicionamiento>> o en su herencia, es profundamente indicativo del grado en que el ser humano está ausente y es ignorado en la mayoría de las teorías psicológica. Según el punto de vista que prevalece hoy día, el hombre sólo es una grabadora ambulante a la que sus padres, maestros y vecinos dictan lo que quieran; (…) En lo que respecta a la pregunta de dónde provienen las nuevas ideas, conceptos y valores, ésta se queda sin respuesta; ese indefenso trozo de fango, que se supone que es el hombre, las produce en virtud de alguna concatenación aleatoria de fuerzas desconocidas.

Todo lo que hace una persona, declara el defensor del determinismo, lo hace porque tenía que hacerlo: si cree en algo es porque tenía que creerlo; si centra su mente, tenía que hacerlo; si elude este esfuerzo de centrarla, es que tenía que hacerlo; si lo único que le guía es la razón, es que se vio forzada a ello, si, en cambio, lo que le controlan son sus sentimientos o caprichos, es que tenía que ser así: la persona no podía evitarlo.

El hombre no es ni omnisciente ni infalible. Esto quiere decir: a) que debe trabajar para adquirir su conocimiento, y b) que la mera presencia de una idea dentro de su mente no prueba que ésta sea cierta. (…) Pero si una persona cree lo que tiene que creer, si no es libre para confrontar sus creencias con la realidad y validarlas o rechazarlas, si las acciones y el contenido de su mente vienen determinados por factores que puedan tener que ver o no con la razón, la lógica y la realidad, entonces esa persona nunca podrá saber si sus conclusiones son verdaderas o falsas.

El conocimiento consiste en la correcta identificación de los hechos de la realidad;…, para que pueda saber que ha identificado correctamente los hechos de la realidad, necesita un medio para probar sus conclusiones. Este medio es el proceso de razonamiento, de confrontar sus conclusiones con la realidad y buscar contradicciones. (…) Pero esta validación es posible sólo si su capacidad de juzgar es libre, (…) Si su capacidad de juzgar no es libre, no hay forma de que una persona discrimine entre sus creencias y las de un loco de remate.

Si los defensores del determinismo insisten en que su elección de pensar y su aceptación de la razón es condicionada, dependiente de factores que escapan a su control,…, entonces no pueden pretender saber que su teoría es cierta; (…) no pueden evitar creer otra cosa.

Algunos partidarios del determinismo, sin duda conscientes de este dilema epistemológico, han intentado evitarlo al afirmar que, aunque están determinados para creer lo que creen, el factor que les determina es la lógica. (…) Ellos y el lunático son por igual el peón de fuerzas deterministas. Ambos son incapaces de juzgar sus juicios.

Una de las características definitoria de la psicosis es la pérdida del control volitivo sobre el juicio racional; pero, según el determinismo, ése es el estado normal y metafísico del hombre.

Una mente que no es libre para comprobar y validar sus conclusiones no tiene patrón alguno para distinguir lo lógico de lo ilógico, para definir qué es lo que empuja y motiva, no tiene derecho a aspirar a conocimiento alguno;…

Los que defienden el determinismo deben o bien afirmar que llegaron a esa teoría mediante una revelación mística (excluyéndose así del ámbito de la razón), o que ellos son la excepción a la teoría que exponen, excluyéndola así del reino de la verdad.