La Escuela de Chicago de Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

DECADENCIA Y CRISIS

Algunos factores que contribuyeron a este cambio de situación fueron, sobre todo, la crisis de 1929, la institucionalización de la profesión del sociólogo, que fue asumida por la Administración pública, la proliferación de otras universidades, que se consolidaron en esos años, como las de Washington, Michigan o Harvard, y la jubilación de los cabezas de fila de Chicago, como Small y Park.

La crisis de 1929 tuvo efectos devastadores, quebraron muchísimas empresas, cayeron los precios agrícolas, la mayor parte de la población perdió sus ahorros y el desempleo alcanzó a 15 millones de personas en 1932. Esta bancarrota puso sobre la mesa los temas acuciantes del paro, la vivienda, el trabajo, las desigualdades sociales y la pobreza en el ámbito federal, y pasan a segundo plano los problemas locales de inmigración, delincuencia, etcétera.

La Gran Depresión provocó que el New Deal lanzase una serie de cambios legislativos entre 1933 y 1938, mucho más reformistas y avanzados que los de la era progresista.

Una <<zona>> no podía ser transformada en una variable con el mismo peso teórico que la <<desorganización social>>, el <<comportamiento de la muchedumbre>> o las <<distancias sociales>>.

La orientación metodológica basa exclusivamente en la percepción subjetiva de los actores sociales perdió peso a medida que aumentaba el protagonismo de la estadística, y esta nueva situación fue aislándola de la corriente principal.

El punto de inflexión lo marca la figura de W.F. Ogburn (…)

Quien marcó el paso al cuantitativismo fue Ogburn y el interés de la Universidad de Chicago por enseñar y aplicar estas técnicas, convencido como estaba de que las ciencias sociales debían adoptar los métodos y técnicas de las ciencias experimentales si querían ser rigurosas. El empleo dela estadística a través de la muestra, y la aplicación de la encuesta como elemento objetivo para la captación de datos, daba ala investigación social un carácter neutral y científico más allá de ideologías particulares o de grupo.

W.F. Ogburn (1886-1959) era un estadístico de formación (…) donde expone que la naturaleza humana está compuesta por factores tanto psicológicos como culturales, y la explicación del comportamiento humano ha de tener en cuenta ambas características.

Su presupuesto básico nace de lo que llama la <<Ley del interés compuesto>>. Esta ley es el principio matemático que afirma que cuanto más grande es el número de elementos presentes en las condiciones para que se dé un proceso, mayor será el número de combinaciones nuevas que se pueden dar, y que es probable que se produzcan.

Para hacer nuevos inventos o descubrimientos era necesaria la habilidad, pero tenía mucha importancia, sobre todo, la base cultural, es decir el conjunto de conocimientos e inventos ya existentes. Cada invento es un pequeño paso que se produce, en general, por la combinación de elementos ya presentes en la base cultural. Antes de cualquier invención, como el avión, la radio o el automóvil, se habían dado muchos pequeños pasos en el proceso innovador protagonizado por un gran número de personas desconocidas.

También cuando el concepto de cultura se mezcló con el de civilización y ambas definiciones fueron objeto de equívocos y discusión entre sus aspectos materiales y espirituales (Kroeber y Kluckhohn) y, sobre todo, cuando incluyó dentro de los aspectos no materiales de la cultura a la ciencia, como hizo en su colaboración para la voz <<cambio social>> en la Encyclopedia of Social Sciences (1930), (…) Éstas y otras contradicciones, que aparecieron en su estructura conceptual, fueron resueltas cuando a partir de 1936 sustituyó el concepto de cultura material por el de tecnología, y el de cultura no material por el de instituciones sociales, lo que supuso un uso más restringido de los conceptos, pero al mismo tiempo permitió un acierto mayor en sus análisis, y fue un indicador de la importancia que tiene la aplicación correcta de los conceptos.

 

La Escuela de Chicago de Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

LA ECOLOGÍA HUMANA: R.E. PARK Y E. BURGESS

Otro cambio todavía más importante fue, como hemos visto, el crecimiento del sector terciario y, por tanto, de la burocratización, la aparición del profesional asalariado y la transición del empleo desde el sector manufacturero al de los servicios. El crecimiento del comercio, el transporte, las comunicaciones y los servicios profesionales tuvo como consecuencia la aparición y extensión de una nueva clase media, sobre todo en las ciudades. La población activa en los sectores primario y secundario permaneció estable en esa década, pero su peso disminuyó a la del sector terciario, de tal manera que mientras la clase trabajadora se multiplicó por seis desde 1870 a 1940, la clase media se multiplicó por ocho y la nueva clase media por dieciséis.

A esto contribuyó también la reforma y expansión del sistema educativo. Las universidades y los <<colleges>> comenzaron a ofrecer cursos especializados en derecho, periodismo, educación, servicios sociales y gestión de los negocios. Muchos de estos profesionales formaron el cuerpo más consistente de las clases medias agrupándose en estructuras regionales y locales para defender sus intereses, como hicieron los ingenieros, abogados, empresarios, sanitarios y otros, que poco a poco tomarían conciencia de su protagonismo social. De ahí que Parsons hablase, poco después, de la importancia de la revolución educativa en las sociedades modernas, y dedicase algunos de sus escritos más importantes a la sociología de las profesiones.

La conflictividad se desplazó a otros sectores y grupos, sobre todo a los inmigrantes y a los negros, por sus problemas de anomia e integración en la cultura original americana.

A estos problemas étnicos y raciales se unió la violencia que invadió el mundo de los negocios asociada al contrabando, el robo y la extorsión. El crimen organizado, sobre todo en algunas ciudades como Chicago, las bandas juveniles, la prostitución y la ayuda a los marginados captaron la atención de los primeros sociólogos y se convirtieron en el centro de sus investigaciones. La ciudad que había crecido de manera desorbitada, sin orden ni planificación, era el laboratorio perfecto donde se concentraban todos estos problemas.

En Europa esta problemática no era novedosa. Como han puesto de relieve estudiosos, la literatura, sobre todo la novela que normalmente se adelanta a la sociología en la detección de los problemas sociales, había descrito ya la miseria, la delincuencia y el crimen de las nuevas ciudades industriales, como se podía leer en Los Miserables de Víctor Hugo, en Cocketown, la ciudad minera de Tiempos Difíciles de Dickens, y en otros escritos que ponían de manifiesto las consecuencias sociales del nacimiento de la sociedad industrial y el capitalismo.

Los progresistas creyeron que la prohibición disminuiría la pobreza, reduciría el crimen, fortalecería las familias y ayudaría al buen gobierno, pero esta ley fracasó porque las clases altas y medias consumían alcohol como símbolo de estatus, y la prohibición fomentó más las ventas porque su control cayó en manos de los inmigrantes.

La figura más representativa de este período fue R.E. Park (1864-1944), (…) Estaba convencido de que el conocimiento de la vida urbana y su geografía tenían que hacerse investigando la realidad tanto de los grupos más influyentes como de los marginados, la verdadera imagen de la sociedad se conseguía con la observación diaria y concreta tanto en los juzgados, donde se dirimían los conflictos amparados por la legalidad, como en los tugurios, donde imperaba la más absoluta ilegalidad.

[Simmel] La ciudad moderna es el centro neurálgico de la diferenciación social, de la complejidad de las relaciones sociales, de los grupos más o menos definidos, y ofrece también la posibilidad de la indiferencia ante el prójimo. La reserva social prevalece en la interacción como medio para preservar la distancia, la afirmación individual. A su vez la lucha por singularizarse conduce a las excentricidades como manera de ser diferente, de distinguirse de los demás. Así pues, el fundamento psicológico del tipo de la personalidad urbana es el incremento de la vida nerviosa como resultado del cambio rápido de los estímulos externos e internos. El bombardeo constante de los sentidos, con el ritmo cambiante de las impresiones, produce una personalidad neurasténica que genera una distancia entre nosotros y nuestro entorno social y físico, una barrera que es indispensable para la forma de la vida moderna, que nos obliga a cerrarnos físicamente a un gran número de personas.

La metrópolis es un lugar de colectividades indefinidas. El individuo enfrentado a la masa busca la autopreservación. Los problemas fundamentales de la vida moderna derivan de la afirmación del individuo por preservar su autonomía y la individualidad de su existencia. Por eso el ritmo apresurado y los estímulos cada vez mayores de la ciudad exigen de los hombres mayor conciencia e inteligencia, expresada en el nivel de la puntualidad y la exactitud. Estas mismas fuerzas provocan en las personas reserva y antipatía, características exclusivamente urbanas. El aumento de la inteligencia es un medio de proteger al individuo contra los flujos del ambiente urbano que amenazan con desbordarle. Reserva y antipatía son necesarias para protegerse contra la indiferencia y contra muchos de los contactos personales no deseados.

Pero Park (…) comentó más tarde: <<se había recogido una gran cantidad de información solamente con el propósito de determinar qué e slo que había que hacer en cada caso determinado. Se estudiaban los problemas sociales para apoyar un determinado tipo de teorías, pero no de manera científica para validar hipótesis>>.

Entender el mundo no significaba implicase en su transformación.

El primer problema que tiene que resolver todo agregado de seres vivos es el de la lucha por la existencia y, por tanto, el de la adaptación de las especies al medio ambiente. Esto implica en primer lugar competencia y, por tanto, conflicto. Ahora bien, particularmente en el caso del grupo humano, la adaptación se produce también mediante la modificación del medio a través de un proceso de división del trabajo que requiere formas de cooperación, y en definitiva un sistema cultural que regule la lucha por la existencia y permita el establecimiento de relaciones de solidaridad.

Para Park, el hombre marginal contempla la figura tanto de la persona que se desenvuelve entre dos culturas, es decir la suya de origen, más primitiva y simple, y la de llegada, más compleja y sofisticada, como la de los pueblos marginales, por ejemplo los negros de Luisiana o los blancos apalaches, que viven a medio camino entre la organización tribal y la estructura urbana de las ciudades modernas.

De ahí que aun cuando los ejemplos más evidentes de esta situación sean el campesino que deja el ámbito rural para entrar en la ciudad o el inmigrado que deja su país y sus costumbres y está solo para afrontar los nuevos retos de la ciudad, sin embargo, el caso que más interesa es el inmigrado de segunda generación, que durante algunos años de su vida se encuentra en una situación parecida, y para dar el paso definitivo hacia la integración son muy importantes los grupos secundarios de socialización.

La Escuela de Chicago de Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

3. Chicago

Los alemanes fueron el grupo étnico más numeroso antes de 1890, seguido de los irlandeses, lo bohemios y los escandinavos. Los alemanes tenían cuatro periódicos, los suecos tres, los noruegos uno, los daneses dos, los checo-bohemios tres, los italianos dos, los polacos tres y los judíos cuatro. Estos periódicos nos dicen que Chicago era realmente un colectivo de comunidades distintas y no un ciudad de melting pot. (pg. 39)

Durante el último periodo del siglo XIX los americanos se trasladaron masivamente desde el campo a la ciudad, pero hicieron este recorrido con muchas reservas. La ciudad se percibía como peligrosa, dañina y un lugar no natural. De acuerdo con la lectura convencional del momento, las casas de juego, el radicalismo del trabajo, los salones, los burdeles y el ateísmo no florecían en los campos de Iowa, en los de algodón de Mississippí o en las granjas familiares de Indiana. Muchos americanos creían que el vicio y el desorden habitaban en la ciudad. <<La ciudad se ha convertido en una seria amenaza para nuestra civilización>>, decían muchos ministros religiosos americanos. Nadie negaba el éxito comercial de la ciudad, pero muchos se preguntaban si estaban pagando un precio demasiado alto por el desarrollo económico. (pg. 41-42)

Una descripción resumida de la ciudad nos la dio Weber a su paso por allí en su primer viaje a Estados Unidos en 1904, cuando fue invitado por A. Small a la Exposición Universal de San Luis (Congress of Arts and Sciences) para dar una conferencia:

[…] Chicago, esa monstruosa ciudad que más aun que Nueva York es el punto de cristialización del espíritu americano. Aquí se dan todos los contrastes, pero aumentados: nuevos ricos que se exhiben en unas magníficas casas de mármol y bronce dorado; pobres desamparados que te miran desde ventanas opacas y unos vestíbulos suciamente oscuros de unas calles infinitamente desoladas, flujo sin descanso de una población mezclada de todas la razas y partes de la tierra.

Chicago es una de las ciudades más sorprendentes. Al borde del lago, encontramos algunos barrios residenciales agradables y de bella apariencia, la mayoría con casas de piedra de estilo imponente y macizo, y justo detrás de encuentran antiguas casitas de madera tal y como son las de Helgoland. A continuación vemos los alojamientos de los trabajadores y la suciedad indescriptible de las calles: sin pavimento o si acaso con revestimiento pobre en cuanto nos alejamos de los barrios residenciales. En el centro de la ciudad, entre rascacielos, el estad de las calles es absolutamente horroroso […].

El diablo anda suelto en los mataderos de ganado: una huelga ha salido mal, con cantidades de italianos y negros haciendo de esquiroles; hay enfrentamientos armados con decenas de muertos de una parte y de otra; un tranvía ha sido volcado porque un no-sindicado viajaba dentro y una docena de mujeres han muerto aplastadas, se han producido atentados con dinamita contra el metro aéreo, y un vagón ha descarrilado antes de zambullirse en el río. Cerca de nuestro hotel, un vendedor de tabaco ha sido asesinado en pleno día, unas calles más allá tres negros han atacado y desvalijado un tranvía al atardecer…: en resumen, un peculiar apogeo de la civilización. (pg. 42)

…: los polacos y húngaros, como hemos dicho, se concentraban en la industria pesada, los judíos en el comercio de ropa, los italianos en la construcción. Hacían el trabajo más fuerte, sucio y desagradable y soportaban largas jornadas en condiciones peligrosas. Estas condiciones generaban pobreza, descontento, delincuencia y conflictividad tanto en el sistema productivo como en el ámbito de la convivencia urbana. Chicago fue así un centro de agitación y conflictos permanentes tanto entre los propios inmigrantes como entre empresarios y trabajadores, una de cuyas huelgas más importantes fue la que tuvo lugar en la Pullman (1893-1894), que arrastró a todo el país a causa del apoyo que recibió de los trabajadores del ferrocarril. (pg. 43)

Para el que llegaba de fuera el símbolo de Chicago era la vida criminal, la degradación y la explotación a través de la cual se producía el dinero fácil, y el contraste profundo entre el horror de los barrios degradados y la opulencia de la Costa Dorada. (…) Conviene decir que 625 de los 675 establecimientos de venta de licor pertenecían a los inmigrantes, y en 1889 una guía anunciaba que la ciudad tenía 900 burdeles, y se editaba para ayudar a los visitantes a identificar los establecimientos legítimos, tranquilos y respetables, que eran <<seguros>> y de <<primera clase>>.  (pg. 43-44)

…, como W.H. Stads, que en su obra If Christ Came to Chicago (1894) documentaba toda la corrupción, la pobreza y la violencia que se vivía en la ciudad. (…) Tuvo más éxito la novela de otro periodista, U. Sinclair, The Jungle (1905-1906), que denunciaba las atroces prácticas de los mataderos y la industria del envasado de carne. (pg. 44)

En esa línea el experimento más importante y el que más repercusión tuvo en la ciudad de Chicago y en la sociología naciente vino de la mano de Jane Addams y la constitución de la Hull House. Jane Addams, que llegó a ser la primera presidenta de la Women’s International League for Peace and Freedom y Premio Nobel en 1931, fue una defensora de la justicia social y una americana que entregó su vida por cuidar a los marginados y oprimidos, a luchar por los derechos de los trabajadores, las mujeres y los niños. (pg. 44-45)

Delegada en el Congreso del Partido Progresista en 1912, hizo campañas por la justicia social y a favor de la presidencia de Roosevelt. En 1895, junto a F. Kelley, protagonizó un trabajo de investigación (Hull House, Maps and Papers) que fijó los prolegómenos de buena parte de la sociología de Chicago y tuvo una repercusión general en todos los estudios posteriores. (pg. 45)

…dos mapas dibujaron las características demográficas de los residentes, uno proporcionó la información sobre la distribución de 18 grupos nacionales dentro del distrito, y otro se interesó por los salarios, los puestos de trabajo y las condiciones de la vivienda. En esta documentación e información participaron miles de personas. Los capítulos 2 y 3, escritos por Kelley, documentaban los bajos salarios, las condiciones insalubres del trabajo y la injusticia del capitalismo. En el capítulo 4 el centro de atención fue la vida de los inmigrantes, una tradición que tendría gran importancia posteriormente para los sociólogos de Chicago. El capítulo de Zeublin sobre la comunidad judía en Chicago fue un modelo para la obra de Wirth, The Guetto, publicada en 1928. En los capítulos 5 y 6 se analizaba a los inmigrantes italianos y a los bohemios. Los campesinos bohemios fueron considerados como un grupo conservador y paciente mientras que los inmigrantes italianos, diferían de otros campesinos por su deseo de volver al Viejo Mundo. El capítulo 10 de Addams sobre el trabajo supuso la base para sus futuros escritos sobre el conflicto. Sus análisis sobre los sindicatos nunca fueron igualados por los hombres de la Escuela de Chicago, que lo evitaron y ni siquiera lo citaron, pero ella pensó que era necesario estar al lado de los trabajadores, y que sus esfuerzos para mejorar su poder contractual eran una forma de romper el ciclo de la pobreza. (pg. 45-46)

De esta manera, HH Maps and Papers estableció algunos precedentes, como el uso del <<mapeo>>, la técnica estadística para poner de relieve los modelos de los grupos sociales, el énfasis sobre la ciudad como factor que estructura las vidas diarias, el análisis de los grupos inmigrantes y su desorganización en la ciudad, como elemento que debilitaba, sobre todo, sus condiciones económicas, y el vínculo directo entre el trabajo de los residentes de la HH y los sociólogos de Chicago. (pg. 46)

La autoras de HH Maps and Papers también se diferenciaron de los hombres de la Escuela porque:

1. enfatizaron las condiciones económicas como causa fundamental de los problemas sociales y constataron la necesidad de cambiarlas;

2. estudiaron el arte como una actividad de la vida diaria;

3. a menudo enfocaron sus trabajos hacia el estudio de las mujeres;

4. abogaron por cambios sociales directos, como la intervención gubernamental para atender a los necesitados o para la organización del trabajo;

5. rechazaron el conflicto como método de interacción social, ya que no creían que fuese la base de la sociedad o del orden social. (pg. 47)

 

La escuela de Chicago de Sociología. Josep Picó & Inmaculada Serra

1. El contexto histórico

 

(…) M.A. Jones:

Ya en 1910 un tercio de la población de las doce mayores ciudades había nacido fuera y otro tercio lo componían los hijos de los inmigrantes. Nueva York tenía más italianos que Nápoles, más alemanes que Hamburgo, el doble de irlandeses que Dublín y más judíos que toda Europa Occidental. Chicago era aún más cosmopolita.

Cada grupo de inmigrantes tendió a concentrarse en industrias diferentes: los polacos, eslovacos y húngaros, en la minería y la industria pesada; los rusos y los judíos polacos, en el comercio de ropa; los italianos, en la construcción o, junto con los portugueses y franco-canadienses, en los textiles. En su mayoría, hacían el trabajo más fuerte, sucio y desagradable. Con frecuencia soportaban largas jornadas, explotación y condiciones de vida peligrosas e insalubres. Algunos de los males más notorios se encontrarían en la industria de prendas de vestir. Debido al sistema de contratación a destajo que le caracterizaba, hombres, mujeres y niños trabajaban hasta diecisiete horas al día en sórdidas habitaciones de alquiler o talleres llenos de vapor y mal iluminados. El terrible incendio del Triangle en 1911, la peor tragedia industrial en la historia de la parte oriental de Nueva york, en el que se perdieron 146 vidas, provocó con retraso la acción hacia estos males y agilizó la intervención legislativa. Las condiciones en las minas y fábricas eran peores en algunos aspectos. Aunque los salarios eran más altos que en Europa, también lo era el índice de accidentes.

Así se desarrolló un mosaico de barrios étnicos, aunque el uso de apelativos como <<Pequeña Italia>> o <<Pequeña Alemania>> para describirlos resultaba erróneo puesto que los inmigrantes se agrupaban en grupos provinciales y no nacionales. El deseo de preservar su identidad y de encontrar seguridad emocional en compañía de sus semejantes también explica por qué cada grupo inmigrante estableció sus propias instituciones también explica por qué cada grupo inmigrante estableció sus propias instituciones sociales:  escuelas, iglesias, periódicos, sociedades de ayuda mutua y teatros.

También existía una preocupación creciente sobre el cambio de composición de la inmigración. La afluencia de bandas abarrotadas de extranjeros que hablaban lenguas extrañas y seguían extrañas costumbre llevó a muchos a sospechar que su sociedad estaba sufriendo un cambio radical a peor. Los nuevos inmigrantes provenían de las partes más atrasadas de Europa y eran en general más pobres, menos preparados y más analfabetos que los anteriores. La mayoría de ellos, también , eran ajenos a la democracia y al gobierno representativo. Los estadounidenses comenzaron a dudar si una gente tan extraña podía llegar asimilarse. El prejuicio y el temor intensificaron la hostilidad nacionalista. Había una alarma extendida acerca del radicalismo inmigrante, sobre todo después de la condena a anarquistas extranjeros por la bomba de Haymarket en 1886. (pg. 6-7)

Esta idiología liberal se asentó decidida y fuertemente en la sociedad americana, de tal manera que para la mayoría la riqueza no estaba reñida con la moralidad. Pero esto contradecía la expeeriencia de la vida real en la que reinaba el espíritu del laissez faire, y el principio supremo de la <<supervivencia de los más aptos>> era una verdad incontrovertible. ya en 1879 H. George, el profeta de la Reforma americana, denunciaba estas contradicciones en su libro Progress and Poverty con estas palabras:

Nosotros aramos nuevos campos, abrimos nuevas minas, fundamos nuevas ciudades; nos enfrentamos e hicimos retirar a los indios y exterminamos al búfalo; nosotros extendimos sobre la tierra carreteras, raíles de acero y enlazamos el aire con cables de telégrafo; añadimos conocimiento al conocimiento, y utilizamos una invención después de otra; construimos escuelas y dotamos los colegios; sin embargo, no es fácil para la mayoría de  nuestra gente ganarse la vida. Al contrario, se hace difícil. La clase rica es cada vez más rica; pero la clase pobre se convierte cada vez más en más dependiente. La distancia entre los empleados y los desempleados se hace cada vez mayor; los contrastes son cada vez más agudos; a medida que aparecen los carruajes lujosos también lo hacen los niños con los pies descalzos. (pg. 9)

2. El mundo de las ideas.

 

El pragmatismo fue una doctrina filosófica que tomó cuerpo trenzando diversas aportaciones intelectuales y se configuró de manera estable en la Universidad de Chicago entre 1894 y 1904, cuando J. Dewey y G.H. Mead, que procedían de la Universidad de Michigan, asentaron y difundieron esta filosofía. (pg. 19)

La palabra pragmatismo apareció por primera vez en 1878 en el artículo de Peirce <<How to Make our Ideas Clare?>>, donde el autor trata de establecer las reglas según las cuales se ha de probar la veracidad de las hipótesis científicas, para lo cual el experimento tiene una importancia fundamental.

A finales del siglo XIX, con la difusión del darwinismo en un momento de gran expansión de la ciencia experimental, la sustitución de los postulados teológicos y religiosos por los filósofos y, en general, la secularización del conocimiento, Ch. Peirce -el líder intelectual de esta corriente- desarrolló un enfoque filosófico basado en la lógica inductiva, un método más apropiado para alcanzar la verdad que el teológico deductivo. Pero como las generalizaciones no surgen espontáneamente de los hechos, ideó un proceso de conjetura basado en que toda forma de pensar consiste en la conexión de unas ideas con otras, y esas conexiones y sus leyes pueden ser investigadas empíricamente. La ciencia que desarrollaría este proceso sería la semiótica.

La semiótica es la ciencia de los signos. Según Peirce, nunca percibimos o pensamos en el mundo directamente, sino por medio de los signos. El <<significado>> de las cosas es siempre una relación triangular entre el signo, el objeto y el referente interno o pensamiento. No hay una relación directa entre la idea y el objeto externo al que se refiere, sino que el signo se interpone siempre ejerciendo una influencia controladora. Por tanto, los signos son externos a nosotros, y su esencia consiste en que son equivalentes para todos los que los utilizan. De esta manera intervienen en el proceso del pensamiento e introducen un elemento universalsocial en la mente humana. El pensamiento, además, tiene lugar en el seno de una comunidad, donde se da esa conexión de unos signos a otros y a través de ellos se busca y se alcanza la verdad. Solamente a través de la mediación significativa (o de significados) de la interacción en una comunidad alcanzamos la verdad. (pg. 19-20)

A su vez el pragmatismo afirma que el pensamiento y la acción humana actúan por la necesidad de responder a los problemas; el pensamiento y la acción están provocadas por la tensión que se suscita entre las necesidades de nuestro organismo y el medio ambiente que ha de satisfacer esas necesidades. Los seres humanos pensamos y actuamos con el fin de reducir esa tensión. Por tanto, las ideas no son algo que está ahí fuera de nosotros esperando ser descubierto, sino herramientas que la gente utiliza para enfrentarse al mundo, y no se desarrollan de acuerdo con una lógica interna, sino en la interacción social con los demás; son respuestas provisionales y contingentes a circunstancias particulares, por lo cual su supervivencia depende no de su inmutabilidad, sino de su capacidad de adaptación. De esta manera, los postulados teológicos y religiosos para explicar el conocimiento de la realidad social se sustituían por los filosóficos, basados en la lógica inductiva. (pg. 20-21)

Por eso, para él ( Dewey) la educación en la escuela se basaba en la idea de que el conocimiento es un subproducto de la actividad: la gente hace cosas en el mundo, y ese hacer da como resultado el aprendizaje de algo que, si se considera útil, es traslado a la actividad siguiente. En el método de educación tradicional, se considera que el conocimiento está separado de la actividad sobre la que proyecta su significado, y se convierte así en una abstracción. Una de las consecuencias de este tipo de enseñanza es que se refuerza la distinción entre saber y hacer, una distinción que Dewey estimaba socialmente perniciosa, así como filosóficamente errónea. (pg. 25)

El pragmatismo prendió fuertemente en la sociología americana, sobre todo en la Escuela de Chicago. Esta influencia se hizo sentir al menos en tres aspectos fundamentales: a) en primer lugar subraya la importancia de estudiar lo concreto y particular más que lo abstracto y universal. El pragmatismo rechaza el razonamiento y la especulación filosófica cuando están divorciados de las actividades prácticas y concretas, y los sociólogos de Chicago siguieron esta línea en casi todos sus estudios empíricos, interesándose por la organización o desorganización de los grupos, las historias de vida, las interacciones sociales en las instituciones, etcétera; b) el análisis y la lectura de la sociedad no descansa en el descubrimiento de grandes sistemas, la tarea de la ciencia no es descubrir un sistema racional eternamente fijado, sino inspeccionar múltiples mundos que se están haciendo y rehaciendo continuamente y examinarlos en sus formas cambiantes, su actividad y sus consecuencias; c) rechazan el dualismo entre individuo y sociedad y consideran que su relación es dialéctica, el individuo y la sociedad -como diría Dewey- no se oponen el uno al otro, ni están separados, sino que la sociedad es una sociedad de individuos y el individuo es un individuo social. (pg. 32-33)