Una familia mal avenida. Falange, Iglesia y Ejército. Alfonso Lazo

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La invasión de Rusia y sus consecuencias

…el discurso oficial y público del catolicismo español identificó a las potencias del Eje con Europa, y a Europa con el cristianismo de tal modo que ahora la guerra -de la misma manera que había ocurrido con la Guerra Civil española- pasaba a ser «una cruzada europea contra el comunismo».

Más aún: si la civilización cristiana se encarnaba en Europa, si Europa se asentaba en el Orden Nuevo y si el liderazgo de ese orden nuevo recaía sobre Alemania, todo ello significaba que el régimen hitleriano se había convertido en un instrumento de Dios.

En el recuerdo de millones de españoles de hoy se encuentra la desproporcionada y beata censura que pesó como una losa sobre las proyecciones cinematográficas a lo largo de cuarenta años de régimen franquista. Producto típico del nacionalcatolicismo, semejante censura fue en realidad una iniciativa de la Iglesia. Apenas iniciada la Guerra Civil, el Gobierno de Franco estableció la censura cinematográfica con un objetivo fundamentalmente político: no dejar pasar la más mínima crítica, la más mínima insinuación, por muy remota que fuese, contra la dictadura. A la Iglesia eso le pareció poco. (…) A comienzos de 1943, la vicesecretaría de Educación Popular publicó una orden reorganizando el aparato de la censura de cine: de entonces en adelante no se pudo censurar película alguna en ausencia del censor eclesiástico, cuyo dictamen hacía imposible la aprobación de la cinta.

En el terreno educativo el clero español lo quería todo, y la Iglesia no sólo reclamaba el derecho a contar con sus propios centros y a designar libremente a su profesorado, sino también el derecho a vigilar la enseñanza en los centros oficiales.

… y en una aparente paradoja, la actitud de los intelectuales y escritores falangistas fue mucho más abierta, tolerante e intelectualmente liberal que la de sus antagonistas católicos.

Tiempo de censura. La represión editorial durante el franquismo. Eduardo Ruiz Bautista (coord.)

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LA CENSURA DE LIBROS DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

José Andrés de Blas

De este modo, se puede establecer -siquiera sea a título de hipótesis- que la premisa que determina la existencia de un objeto específico de estudio que denominamos censura, y que hace posible que, de un modo cabal, este artículo pueda escribirse, solo puede delimitarse a partir del concepto de represión.

En el marco de la ley que, en enero de 1938, reorganizaba la Administración central del Estado, se creaba el Servicio Nacional de Propaganda, con integración del mismo en el organigrama del Ministerio del Interior. Su cometido, entre otras funciones, sería el de llevar a cabo la censura en todos los medios de comunicación, salvo el referido en la prensa, que poseería un servicio específico. (…) Hacia finales de año, una nueva remodelación gubernamental crearía el Ministerio de la Gobernación. La principal novedad, en lo que hace al organigrama inicial, sería la formación de un escalón administrativo intermedio, entre los anteriores servicios y la cúpula ministerial, con la creación de una serie de subsecretarías, de las cuales nos incumbiría la Subsecretaría de Prensa y Propaganda, <<que comprenderá los Servicios de Prensa, Propaganda y Turismo>>.

En cuanto a la organización territorial, …, un modelo radialcentralizado, pero, como parte importante del proceso de asunción de las tareas de propaganda por parte de Falante, el 26 de junio de 1938, las antiguas subdelegaciones para Prensa y Propaganda, a su cambio nominal, añadieron la fusión de los anteriores organismos provinciales del partido -delegaciones de Prensa y Propaganda de FTE (sic) y de las JONS- con las jefaturas provinciales de adscripción estatal. A ello hay que añadir que, desde el 15 de febrero, Serrano desempeñó el cargo de delegado nacional de Prensa y Propaganda de FET, confundiendo -<<aunque no co-fundiendo>>- definitivamente dichas atribuciones entre el partido y el Estado.

Así las cosas, de la mano de Serrano Suñer, la élite intelectual falangista iba a asumir en esta coyuntura la totalidad de las tareas relacionas (sic) con la prensa y la propaganda, disponiendo, según sus expectativas, de una primera oportunidad, que les permitía reconducir la tarea de adoctrinamiento ideológico, según pautas de ortodoxia falangista. Al respecto, creemos que no es necesario abundar en las tesis que muestran cómo, tras el decreto de unificación, la Falange había perdido su capacidad operativa, si es que alguna vez la tuvo, de marcar de modo único la impronta ideológica del régimen.

Aunque Ridruejo confiesa sus intenciones totalitarias, la mención a esa <<junta secreta>>, de la que apenas da detalles, podría hacer pensar en una búsqueda de un descargo de responsabilidades respecto a una labor, la de la censura, que, pasado el tiempo, poco podía decir en su favor. Por nuestra parte, y a título de hipótesis, pensamos que la supuesta <<junta secreta>> -de la que no hemos encontrado pruebas documentales, que vinculen directamente su actividad con el Servicio Nacional- en realidad no es, y a pesar de lo dicho, tan secreta.

«La gran estrategia de política exterior de la República» de Ángel Viñas, en Al servicio de la República. Diplomáticos y guerra civil. Ángel Viñas (dir)

Hoy, el cruce de la Evidencia Primaria Relevante de Época (EPRE) de uno y otro origen permite reinterpretar el pasado y avanzar en el conocimiento de lo que realmente ocurrió y, sobre todo, por qué ocurrió. Los historiadores de nuestra generación podemos ya legar a las venideras una versión respetuosa con hechos que durante tanto tiempo fueron oscurecidos, deformados y manipulados.

En contra de las numerosísimas interpretaciones que en parte se remontan a los años del conflicto mismo, en la actualidad cabe afirmar con confianza:

a) La guerra no puede considerarse como una reacción anticipadora y salvadora de la situación de emergencia en que se encontraba una España a punto de despeñarse en los abismos de la revolución.

b) Los sublevados no sostuvieron una guerra larga y cruel para impedir que España cayese en las garras de la Unión Soviética.

c) El masivo y continuado apoyo de las potencias del Eje a Franco, en la época de expansión del fascismo y de revisión por la amenaza de la fuerza de los esquemas de Versalles, insertó la sublevación de las oscuras aguas de la Europa de entreguerras.

d) Hubo, eso sí, una <<España traicionada>>, la España que pugnaba por romper las cadenas del subdesarrollo económico, social y cultural. Hoy es posible determinar quién la <<traicionó>>, si es que puede utilizarse tal verbo en un contexto en el que la apuesta podía ser la guerra o la paz, cuando los Estados, <<monstruos fríos>>, perseguían una política salvaje de protección de intereses nacionales aderazados de connotaciones ideológicas, políticas y de clase y desvirtuados por análisis erróneos o prejuzgados de la realidad española.

La determinación de quiénes <<traicionaron>> a los republicanos constituye el meollo de la presente obra y se ve reflejado en, prácticamente, cada uno de los capítulos.

3. En tierra española se prefiguraba el futuro. Si las democracias no ayudaban a quienes se batían por defender la propia, su inhibición daría alas al Eje (14. Esto parecía ser una realidad innegable y lo compartieron amplios sectores de la opinión pública. La augusta tribuna que era The Times londinense, a la sazón lectura obligada, ya lo había predicho el 31 de marzo de 1936: <<Siempre que la Sociedad [de Naciones] fracasa a la hora de prevenir que un dictador cualquiera se olvide de las obligaciones del Pacto, se da -y siempre se ha dado- un estímulo a que cualesquiera otros sigan su ejemplo>>. Citado por R.J.B. BOSWORTH, Mussolini’s Italy. Life Under the Dictatorship, Londres, Penguin, 2005, pág. 396) Una derrota del régimen legítimo abriría las puertas aun conflicto europeo. En definitiva, en España se luchaba también por la Europa democrática.

Tales convicciones no fueron ningún secreto. Las desgranó la propaganda pro-republicana y sirvieron de base a las conversaciones diplomáticas (15. Una de las primeras de las que tenemos noticia, a nivel estricto de funcionarios, la dio Rafael de Ureña, secretario general del Ministerio de Estado, al encargado de negocios francés en Madrid el 25 de octubre de 1936: <<Vuestro egoísmo os perderá. Aunque no quiera batirse por defender a la España republicana, Francia va encontrarse arrastrada a una guerra general en cuatro meses>>. Se equivocó en la fecha casi por tres años, los de la guerra civil. Citado en Á.Viñas, La soledad de la República. El abandono de las democracias y el viraje hacia la Unión Soviética, Barcelona, Crítica, 2006, pág. 203) e intergubernamentales de todo tipo.

La aparición de la Unión Soviética en la guerra civil impregnó desde fecha temprana la interpretación del conflicto. Son numerosos los historiadores que se hicieron un nombre atribuyéndole un carácter poco menos que siniestro y apocalíptico. Es una visión que dura. En 2009 se han publicado dos de sus últimas manifestaciones. La primera en un periódico madrileño de gran difusión (21. J. REDONDO, <<En la rehabilitación de Juan Negrín>>, El Mundo, 3 de noviembre de 2009, en el que destacamos, como ejemplo, las tres <<perlas>> siguientes: <<La República desde comienzos de 1937 estaba en manos del Kremlin>>, el <<entreguismo a la Unión Soviética de Juan Negrín>> y <<el Ejército republicano luchaba por situar a Madrid en la órbita de Moscú>>. De dicho autor no he encontrado, según el buscador de Google, nada sustantivo sobre la guerra civil, salvo su participación en una obra de mera divulgación). La segunda en un capítulo, plagado no ya de elucubraciones y afirmaciones lamentables sino de errores primarios (22. Sólo cuatro correcciones de errores elementales: el envío de oro a la Unión Soviética tuvo lugar el 25 de octubre de 1936 y no a lo largo del primer año de guerra; el PSUC fue el resultado, esencialmente en clave catalanista, de la amalgama de la Unió Socialeista de Catalunya, el Partit Comunista de Catalunya, el Partit Català Proletari y la federación socialista catalana; la salida de Prieto del Gobierno se produjo en abril de 1938 y no al final de 1937; Vicente Uribe desempeñó la cartera de Agricultura desde septiembre de 1936 y no la asumió en la crisis de aquella fecha. Quisiera enfatizar que las afirmaciones de VIDAL (pág. 341) de haber consultado documentación soviética son espurias, como ya demostré en Á.VIÑAS, El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, Barcelona, Crítica, 2007, págs. 68 y ss.,…), debido a la <<casa Vidal>>. En él, por lo demás, abundan las tergiversaciones y manipulaciones características de esta firma. Un amplísimo abanico de fuentes primarias relevantes y no manipuladas de procedencia española, rusa, británica y francesa lleva a una interpretación radicalmente opuesta.

Ahora bien, que la Unión Soviética se mostrara, en septiembre de 1936, dispuesta a echar una mano a la acosada República no significa que quisiera, o incluso pudiera, llegar a los extremos a los que estaba decididos a llegar los dictadores fascistas.

En varias ocasiones Stalin y, con él, sus más inmediatos colaboradores informaron a los dirigentes republicanos de cuáles eran sus intenciones. Por lo que podemos colegir y documentar, se atuvieron a ellas con bastante precisión, sin dejarse ablandar por la corriente de ruegos y peticiones que les llegó desde Valencia y Barcelona. La carta de la troika soviética a Largo Caballero de diciembre de 1936 ha sido malinterpretada a conciencia y los autores conservadores o pro-franquistas no han sabido nunca qué hacer, salvo ignorarla, con la amplia exposición que también hizo al embajador Marcelino Pascua en febrero de 1937 y a la que aludiremos más tarde. Normalmente quien avisa no es traidor. Stalin, Molotov y Vorochilov hablaron con Pascua cuando había terminado el recuento del oro de Moscú y empezaba una nueva fase en la implementación de la estrategia republicana que para entonces se había diseñado. Se basaban en la interpretación de cuatro puntales:

El primero estriba en extraer las conclusiones operativas del recuento. No era factible, bajo las condiciones de la no intervención y de creciente distanciamiento de las potencias democráticas, depender sólo del contrabando, ya se realizase con la cobertura mexicana (…) o a través de los mecanismos ad hoc montados en París y que adolecían de fallos profundos. (…) El oro del Banco de España nunca se envió para mantenerlo a resguardo en la Unión Soviética.

El segundo puntal consistía en reconocer que los suministro soviéticos eran absolutamente vitales.

El tercer puntal era que resultaba preciso montar una economía que hiciera su propia aportación al esfuerzo bélico. Esto implicaba realizar lo que todavía no se llamaba reconversión industrial, pero lo era, con independencia de que el naciente Ejército Popular necesitaba no sólo armas modernas, sino también tácticas e instrucción adecuadas. No de otra manera operaban los ejércitos franquistas que, a pesar de estar mandados por solados profesionales, siempre acudieron a los especialistas alemanes e italianos, que instruyeron a algo más de 80.000 hombres. Si se tiene en cuenta que a Franco le afluyeron, además, 187.000 soldados extranjeros, se observa que la aportación exterior no sólo en material sin o también en el ámbito humano no fue nada desdeñable.

Por último, una labor esencial, la más complicada, consistía en aunar fuerzas y recursos políticos, disciplinándolos con el fin de resistir el ariete que las potencias del Eje suministraban a Franco. Éste es uno de los aspectos que más se ha prestado a la distorsión pero que, por razones evidentes, no se aborda en la presente obra.

Ello no obstante, en ciertos autores, siguiendo la leyenda propagada por el franquismo durante la guerra civil, subsiste la tesis de que la estrategia republicana fue impuesta por la Comitern. (…) La Comitern podía influir, e influyó, sobre el PCE, aunque con choques ideológicos y de intereses entre sus representantes en España. No conformó la estrategia gubernamental que ya se había puesto a punto en los meses finales de 1936. (…) Fue la sucesión de derrotas militares lo que llevó a un proceso de desprendimiento de los nacionalismos vasco y catalán en primer lugar y, más tarde, a una cierta autonomización de los partidos políticos y organizaciones sindicales en la zona centro. Su efecto terminó siendo letal cuando se les añadió posteriormente un sector de las bases anarcosindicalistas, apoyadas por sus correlatos en un cuerpo de Ejército a las órdenes de Cipriano Mera.

En las querellas y rencillas del exilio muchos <<perdieron>> la memoria y el recuerdo de los documentos que firmaron o en los que se notaba lo que habían dicho u obrado. Con tres cuartas partes de la reserva de oro trasladas en octubre de 1936 para, desde la capital soviética, movilizarlas de cara a la financiación de la guerra, largo Caballero, Negrín y Prieto conocían que los rusos no incurrirían en riesgos financieros y pidieron abundantes armas y municiones. Muchas más de lo que la Unión Soviética estaba en condiciones de poder suministrar razonablemente.

Negrín, acusado de procomunista hasta la actualidad pero ya rehabilitado, nunca se llamó al engaño.

Dado que la marcha de las hostilidades fue consistentemente negativa, el margen de maniobra externo se recortó en un sistema internacional jerarquizado y en el que las potencias democráticas se desentendían a toda velocidad de los republicanos.

La tesis de que, en gran medida, el acercamiento -desesperado, pero contenido- a la Unión Soviética provino esencialmente de las consecuencias de la inhubición -o de la hostilidad- de las potencias democráticas es, naturalmente, anatema para los autores conservadores y todos los anti-republicanos del más variado pelaje. (…) Se opone, además, de manera frontal a las certidumbres y <<verdades>> que los integristas del neo-franquismo historiográfico siguen divulgando hoy, en aplicación de la máxima del <<calumnia que algo queda>>.

Stalin, quien, en contra de lo que han afirmado algunos historiadores alemanes e italianos, solía dar su visto bueno a las más mínimas modalidades de la ayuda, pretendió cuadrar el círculo estratégico e ideológico al ayudar a la República.

Como es notorio, la Alemania nazi ocultó su ayuda bélica a Franco, a pesar de que siempre fue un secreto de Polichinela para unos y para otros. Mussolini, por el contrario, jamás se preocupó de cubrir con una manto de prudencia su ayuda a Franco y, a mitad de 1937, la reconoció ditirámbicamente. Por lo demás, gracias al esfuerzo de desclasificación de documentos británicos emprendido en los últimos años, hoy sabemos que precisamente el Gobierno conservador conocía perfectamente y casi al día la situación, las incidencias y los éxitos de la aviación legionaria en España, incluida su participación en el gran escándalo internacional del período que fue el bombardeo de Gernika.

… la actitud de Stalin no varió prácticamente desde noviembre de 1937 hasta después del acuerdo de Munich.

La reducción de los envíos de material de guerra implica, obviamente, que los propósitos de Stalin no estribaban en contribuir al establecimiento en España de un régimen para-soviético.

Stalin no cambió de postura respecto a los suministros de material bélico hasta noviembre de 1938.

Una de las piezas esenciales en el dispositivo exterior republicano fue la representación diplomática en Moscú.

En realidad, Pascua se vio expuesto a algunas de las dimensiones más críticas de la guerra española en el plano internacional y realizó gestiones de la máxima importancia relacionadas con la política soviética hacia España. Lamentablemente reconstruir la labor de la embajada es tarea imposible. Al término de la guerra, y antes de entregar la cancillería a las autoridades soviéticas, el último encargado de negocios, Vicente Polo, se encerró durante una semana para quemar toda la documentación. Segúía las instrucciones que el Ministerio de Estado había cursado a todas las representaciones en el exterior.

Una buena estrategia no garantiza el éxito. Por el contrario la mala estrategia sí asegura un fracaso. Es, nos parece, indudable que la política exterior republicana cometió fallos tácticos. (…) En lo que se refiere al político recordemos, simplemente, que como se reconocía en el Ministerio de Estado, y expuso con toda contundencia el último subsecretario del mismo, José Quero Molares, la orientación tradicional española estaba enfocada hacia el Reino Unido y Francia.

Las masas revolucionarias españolas, movilizadas paroxísticamente por las bases anarcosindicalistas- y no tanto por sus cúpulas que formaban parte del Gobierno republicano- o la dirección del pequeño POUM difícilmente hubieran podido prevalecer contra una máquina militar como la franquista, que hacía la guerra de forma convencional, que encuadraba lo más granado del antiguo Ejército con oficiales profesionales provistos de amplio asesoramiento foráneo, que disponía de una superioridad material y, en particular, aérea, lo cual le permitía bombardear ciudades u otros objetivos de forma terrorista, bien de forma directa o gracias a la ayuda de la <<Aviación Legionaria>> y de la Cóndor. Una máquina, por último, que se benefició de un cuantioso chorro de suministros nazi-fascistas que duró casi ininterrumpidamente desde finales de julio de 1936 hasta finales de febrero de 1939.

El Ejército Popular, de nuevo cuño y politizado, nunca estuvo en condiciones de asegurar el éxito de sus ofensivas. Éstas, por lo demás, casi siempre se planearon para descargar otros frentes, nunca como operaciones cerradas en sí mismas. No se contaba con la fuerza suficiente para ello. Desde el punto de vista militar, la República jamás pudo recuperarse del hecho, duro de admitir pero inesquivable y que ya reconoció Azaña, que hacia septiembre u octubre de 1936 había perdido la guerra, salvo que las circunstancias internacionales dieran un giro copernicano a su favor. No fue este el caso. La ayuda soviética sirvió para mantener la resistencia pero también contribuyó a que, a partir de febrero-marzo de 1937, a Franco le interesara más prolongar la contienda que acortarla.

Desde el punto de vista diplomático las derrotas fueron menos visibles pero no menos continuas.

Los grandes procesos de la Guerra Civil española. Fernando Díaz-Plaja

Las bases jurídicas en los dos bandos

Los tribunales de la España <<nacional>> actuaron hasta el final de la guerra contra sus enemigos directos en el frente o en la retaguardia. Pero a últimos de febrero de 1939, el Gobierno de Burgos anuncia su intención de perseguir también a los que considera causantes morales de la contienda, es decir, a quienes <<por acción o omisión grave hayan favorecido a las fuerzas que se opusieron al Movimiento Nacional. Es la Ley de Responsabilidad Política.

En el preámbulo se dice: Ante la próxima y total liberación de España, el Gobierno, consciente de los deberes que le incumben respecto a la reconstrucción espiritual y material de la Patria, considera llega el momento de dictar la Ley de Responsabilidad Política contra aquellos que por acción u omisión grave hayan fomentado la subversión roja o la hayan mantenido viva durante más más de dos años o hayan entorpecido el triunfo providencial e histórico del actual Movimiento Nacional.

Los castigos y reparaciones alcanzarán dimensiones propias dentro del hondo sentir y por ello establece la Ley algunas atenuantes, armonizando los intereses sagrados de la Patria sin quebrar la vida económica de los particulares.

Las sanciones económicas se regulan con moderación, de la que son ejemplo los preceptos encaminados a no coartar la actividad a quienes la basan en negocios moderados, y establece en aquellos casos en que se debe prever peligros de posible actuación futura de los inculpados, que podrán ir acompañadas de otras de distinto carácter, como por ejemplo, inhabilitación para ejercer determinados cargos y alejamiento de los lugares de residencia anterior, llegándose en ciertos casos de gravedad significada a la pérdida de nacionalidad de los que no merecen seguir siendo españoles.

Tras anunciar los tribunales encargados de esa misión serán constituidos por representantes del Ejército, la Magistratura (en este orden) y de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, el decreto establece los partidos políticos que, por su actuación desde el 1º de octubre de 1934 (para incluir a los responsables de las revoluciones asturiana y catalana de ese mes y año) y antes del 18 de julio de 1936, se opusieron al Movimiento Nacional. La lista dada a continuación abarca desde el republicanismo y el autonomismo moderados a los anarquistas y separatistas.

…Quedan incursas en responsabilidad política y sujetas a sanción las personas comprendidas en los siguientes casos:

Haber sido o ser condenadas por la jurisdicción militar por delitos de rebelión, adhesión, auxilio, inducción y excitación a la misma o por traición en virtud de causa criminal seguida con motivo de Movimiento Nacional.

Haber desempeñado cargo directivo en partido o agrupación o haber ostentado representación en Corporaciones públicas o privadas.

Haber figurado inscrito antes del 18 de julio y seguir perteneciendo, con excepción de los simples afiliados, a las organizaciones sindicales.

Haber desempeñado cargos o misiones de carácter político o administrativo de la confianza del Gobierno del Frente Popular cuando el nombramiento se deba a conocimientos especiales y fuera su afiliación política contraria al Frente Popular.

También se hallan comprendidos los que hubieren desempeñado cargos con el Frente Popular en la Administración Central.

Haberse significado públicamente en favor del Frente Popular o de los partidos citados o haber contribuido con su ayuda económica a los mismos de manera voluntaria y libre, aunque no desempeñaran cargos ni estuviesen afiliados.

Haber provocado las elecciones de diputados de 1936, formando parte del Gobierno o desempeñando cargos en el mismo, o haber sido candidato, apoderado o interventor del Frente Popular o compromisarios de tales partidos en la elección de presidente de la República de 1936.

Los diputados que en 1936, traicionando a sus electores, hayan contribuido por acción o abstención a la implantación del Frente Popular, como asimismo los pertenecientes a la masonería, (…)

Haber contribuido desde el 18 de julio, salvo los casos de justificación muy calificada, en Tribunales u organismos encargados de juzgar a las personas por el solo hecho de ser adictas al Movimiento…

Haber excitado o inducido a realizar hechos punibles, personalmente.

Haber opuesto al Movimiento.

Haber permanecido en el extranjero desde el 18 de julio sin reintegrarse a la Patria en el plazo máximo de dos meses, salvo aquellos que tuvieran residencia en el extranjero o desempeñaran una misión encomendada por las autoridades naciones; los imposibilitados físicos para hacerlo o aquellos en los que se hubiera una causa extraordinaria que lo justifique.

Haber salido de la zona roja sin entrar en España en el plazo máximo de dos meses, salvo en los casos especificados anteriormente.

Haber cambiado de nacionalidad o haberla autorizado a los sometidos a su potestad de no haberlo hecho para evitar persecuciones, pidiendo seguidamente la nacionalidad española.

Haber aceptado misiones en el extranjero, excepto para conseguir la evasión.

Haber adoptado el cargo de presidente, consejero o gerente de Sociedades o Compañías, de manera voluntaria y libre, acuerdos de ayuda económica al Frente Popular o a los partidos,…

Están exceptuados los menores de catorce años y los que hayan prestado servicios al Movimiento Nacional. Los que hayan obtenido en su defensa la Laureada o Medalla Militar individuales. Los heridos graves incorporados voluntariamente al Ejército desde los primeros momentos o seis meses antes de la llamada de su reemplazo. Los que tengan el título de Caballeros Mutilados absolutos.

Los que hayan hecho arrepentimiento público antes del 18 de julio de 1936 seguido de adhesión y colaboración al Movimiento, aparecerán beneficiados en eximentes o atenuantes a juicio de los Tribunales.

(Heraldo de Aragón, 28 de febrero de 1939)

La jurisprudencia en las dos Españas se equipara cuando el 23 de enero de 1939 el Gobierno de la República declara el estado de guerra en la zona central (hasta entonces seguía el estado de alarma), designación a todas luces absurda pero que obedecía al deseo del Gobierno de mantener la ficción de una República parlamentaria mandada por civiles.

Don José Miaja Menant, general del Ejército republicano, jefe del Grupo de Ejércitos de la región Centro Sur, hago saber:

De conformidad con lo dispuesto en el decreto de esta fecha queda decretado el estado de guerra en todo el territorio dependiente de esta zona central, o sea las provincias de Valencia, Alicante, Murcia, Almería, Jaén, Granada, Córdoba, Badajoz, Ciudad Real, Toledo, Madrid, Guadalajara, Cuenca, Teruel, Castellón y Albacete, y, en consecuencia, con arreglo a lo prevenido en el párrafo tercero del artículo 95 de la Constitución de la República Española y en los artículos 53 al 58 y 61 de la Ley de Orden Público, ordeno y mando: (…)

A todos los efectos de términos legales se hace la publicación del presente Bando en Valencia, a las doce horas del día 23 de enero de 1939. (El Socialista, Madrid, martes 24 de enero de 1939).