La psicología de la autoestima. Nathaniel Branden

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Capítulo 5

LAS EMOCIONES

La herramienta básica de supervivencia del hombre, su razón, tiene dos funciones básicas: la cognición y la evaluación. El proceso de cognición consiste en descubrir qué son las cosas, en identificar su naturaleza, sus atributos y sus propiedades. El proceso de evaluación consiste en que el hombre descubra la relación entre él y las cosas, que identifique lo que es beneficioso o perjudicial para su persona, qué debería procurar y qué debería evitar.

<<Un «valor» es aquello que uno actúa para obtener y/o conservar>> (Ayn Rand). Es aquello que uno considera que contribuye a su bienestar.

Como ser con conciencia volitiva, el hombre no está <<programado>> biológicamente para elegir los valores correctos automáticamente.

…la irracionalidad es un concepto inaplicable a los animales: sólo es aplicable al hombre.

Los valores básicos y objetivos de un animal vienen <<programados>> biológicamente, por naturaleza.

…el punto de vista que tenga alguien de sí mismo juega un papel fundamental en la elección de sus valores. (…) Implícito en nuestros juicios de valores está el punto de vista (consciente o no) sobre nosotros mismos como personas, sobre nuestra naturaleza y capacidades, tanto si nos evaluamos correctamente como si no.

La relación que existe entre juicios de valor y emociones es la que hay entre causa y efecto. Una emoción es un valor-respuesta. Es el resultado psicológico automático (que implica características mentales y somáticas) de una evaluación rapidísima e inconsciente.

Una emoción es la forma psicosomática según la cual el ser humano experimenta el cálculo que hace de la relación beneficiosa o perjudicial entre su persona y algún aspecto de la realidad.

La secuencia de sucesos psicológicos es la siguiente: desde la percepción a la evaluación, y desde allí a la respuesta emocional.

1. La competencia para hacer una introspección e identificar los procesos mentales de uno mismo es algo que se debe adquirir, hay que aprenderlo.

2. La mayoría de las personas no tienen valores y convicciones con una forma claramente definida.

4. A veces, respondemos emocionalmente a cosas de las que no somos conscientes.

Una de las características principales de la enfermedad mental es la política de permitir que los sentimientos, los deseos y temores, determinen el pensamiento, guíen las acciones y funcionen como el patrón de los juicios que emite una persona. Esto es más que un síntoma de neurosis, es la receta para obtenerla. Es una política que implica la destrucción de nuestra facultad racional.

No es accidental, sino lógico e inevitable, que las emociones predominantes que le quedan a un irracionalista (una vez ha puesto en práctica su política) sean la depresión, la culpabilidad, la angustia y el temor. La idea de un irracionalista feliz, igual que la de un psicótico feliz, es un mito, tal y como puede corroborar cualquier psicoterapeuta.

Una de las características cardinales de los valores irracionales es que siempre implican cierto tipo de <<resaca>>, ya se la pérdida de la salud, del trabajo, de la esposa o esposo, de la competencia intelectual, de la capacidad sexual o la autoestima. Dependiendo de los valores que lija una persona, sus emociones son una recompensa o un castigo. La naturaleza y la realidad siempre tienen la última palabra.

La felicidad y la alegría es el estado emocional que se deriva de la consecución de nuestros valores. El sufrimiento es el estado emocional derivado de la negación o destrucción de esos valores. Dado que la actividad de perseguir y alcanzar los valores es la esencia del proceso vital, podemos considerar que la felicidad y el sufrimiento son un sistema de incentivos que la naturaleza ha insertado en el hombre, un sistema de recompensa y castigo, diseñado para alargar y proteger la vida humana.

El dolor físico advierte al hombre de un peligro para su cuerpo, capacitándole para adoptar las medidas correctivas oportunas. Lo que no se suele admitir demasiado es que el dolor psicológico -la angustia, la culpa, la depresión- desempeñan la misma función biológica en lo relativo a la conciencia humana. Le advierte que su mente se halla en un estado incorrecto, y que debe actuar para modificarlo.

Toda emoción proviene de un juicio de valor, pero todo juicio de valor conduce a una emoción. Experimentamos una emoción cuando consideramos que el juicio de valor involucrado tiene importancia para nuestra vida, tiene relevancia para nuestras acciones.

Toda conciencia es necesariamente selectiva.

La conciencia focal implica el proceso de discriminar ciertos hechos o elementos del campo más amplio en que aparecen, considerándolos separadamente.

Hay grados de conciencia.

El hombre se programa a sí mismo. (…) tiene la capacidad de retener, integrar y automatizar el conocimiento.

Pero el valor moral de una persona no se puede juzgar por el contenido de sus emociones; hay que juzgarlo por el grado de racionalidad: sólo ésta cae directamente dentro de su control volitivo.

Un hombre puede cometer errores, honestamente o no, que dan como resultado unas emociones que él sabe que son malas, indeseables; se puede dar el caso de que algunas de estas emociones inadecuadas sean el resultado de errores pasados o de la irracionalidad. Pero lo que determina su estatura moral en el presente es la política que adopte hacia esas emociones.

La ignorancia no es ninguna bendición, al menos no en el ninguna área de la vida humana, y ciertamente no en lo que respecta al contenido de la mente del hombre.

Cuando una persona se reprime, su intención es obtener una mayor sensación de control sobre su vida; invariablemente e inevitablemente, lo que consigue es lo opuesto.

La represión destruye más que las emociones humanas: tiene efectos desastrosos sobre la claridad y eficiencia de su pensamiento.