La Escuela de Chicago de la Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

4. LA PRIMERA GENERACIÓN

(…) W.I. Thomas (1863-1947) (…) El campesino polaco en Europa y América (…). Esta investigación se enmarca dentro de los estudios que emprendió el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago antes de la Primera Guerra Mundial. Es un estudio de más de 2.000 páginas que analiza el fenómeno de la emigración polaca a los Estados Unidos a comienzos del siglo XX como respuesta a la necesidad de integrar y asimilar a los inmigrantes, a promover su americanización y a resolver las dudas sobre la oportunidad de autorizar nuevos flujos migratorios. 

(…) Entre 1899 y 1910 los polacos alcanzaron a ser casi un 25% de todos los inmigrantes y se fueron concentrando en las grandes ciudades como Chicago, Buffalo o Detroit. 

(…) Estos polacos venían de una de las últimas sociedades feudales europeas y además poseían solamente cualificaciones agrícolas rudimentarias, de siervos campesinos. (…) En Chicago la mayoría de los polacos se emplearon en la industria del acero, los mataderos o en muchas de las empresas de la ciudad. Eran pagados de manera muy precaria, en parte debido a que tenían los trabajos menos cualificados y en parte porque los empresarios los discriminaban.

Los inmigrantes polacos crearon instituciones de autoasistencia a medida que se adaptaban a la vida en América. 

La institución más significativa y poderosa de los polacos fue la Iglesia Católica. (…) Los polacos se resistieron a la asimilación de muchas maneras. 

Desde su perspectiva intelectual, aunque formado en la escuela de Small, Thomas se declaraba alejado de su enfoque histórico y metodológico así como de sus pretensiones reformistas, y estaba enfrentado a las posiciones evolucionistas y a las explicaciones biológicas que defendían muchos de los sociólogos americanos. 

Los americanos consideraban a la mayoría de los inmigrantes como biológicamente inferiores y creían que la presencia masiva de éstos hacía descender el nivel de la civilización americana. (…) Sólo los trabajos de F. Boas, un antropólogo alemán emigrado a Estados Unidos, pusieron en entredicho las teorías biológicas de la diferencia racial. (…) Boas distinguía entre diferencia racial y desigualdad racial. La primera tiene una causa biológica, y la segunda, social y cultural. Para Boas la desigualdad racial tenía causas culturales vinculadas al grado de desarrollo de cada civilización como resultado de sus prácticas sociales. 

(…) El comportamiento y el cambio social debían ser entendidos como el resultado de la interacción continua entre la conciencia individual y la realidad social objetiva, por tanto, la interpretación del comportamiento social requería necesariamente el conocimiento del significado subjetivo que los individuos aplican a su acción.

Para ellos la organización social es un conjunto de convenciones, actitudes y valores colectivos que arrancan de los intereses individuales de un grupo social. Por el contrario, la desorganización social se corresponde con el declive de la influencia de las reglas sociales sobre los individuos, y se manifiesta en la debilidad de los valores colectivos y el crecimiento y revalorización de las prácticas individualistas.

(…) Para Cooley individuo y sociedad son inseparables y el Self, en el que el individuo se experimenta como sujeto, surge del proceso de socialización en el que los grupos primarios -la familia, los amigos, el vecindario- juegan un papel fundamental. Este enfoque de Cooley es rotomado por Mead, para quien el Self se desdobla en un Yo y un Mí. Como hemos visto anteriormente, el Yo es el instinto espontáneo, impulsivo de la persona; el Mí es el conjunto de normas sociales con las que el individuo se experimenta como Self. 

La importancia (…) se vio cuando estos conceptos se pusieron en práctica a través de la investigación aplicada de Thomas y Znaniecki en El campesino polaco, donde tratan de demostrar que la causa de los fenómenos sociales no es sólo social (Durkheim), ni individual, sino una combinación de ambas. 

(…) El enfoque sociológico debe tener en cuenta tanto los valores sociales, como <<elementos culturales de la vida social>>, como las actitudes, que son <<un conjunto de ideas y emociones que se convierten en una disposición permanente del individuo y le permiten actuar de manera estereotipada>>.

El deseo de nuevas experiencias indica el hecho de que los hombres buscan afanosamente fuentes de excitación, y las experiencias más fuertes están vinculadas a aquellas que hunden sus raíces en la historia primigenia d ela humanidad, es decir: la caza, el vuelo, la captura, la fuga, la muerte. El deseo de seguridad, por otra parte, se basa en el miedo que tiende a evitar la muerte y se expresa en actitudes de timidez y retraimiento. El individuo necesitado de seguridad es cauto, conservador y aprensivo, y tiende a tener hábitos regulares, trabajo sistemático y propiedad acumulada. El deseo de acogida está vinculado sobre todo al instinto del amor, y se expresa en la tendencia a buscar y a dar señales de aprecio hacia otros individuos. El deseo de reconocimiento se expresa en la lucha general de los hombres por alcanzar una posición el propio grupo social y para asegurarse un estatus social reconocido, envidiable y ventajoso.

(…) Thomas: <<Si los hombres definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias>>, por tanto el individuo actúa en función del entorno que él percibe y de la situación a la que ha de enfrentarse.

La Escuela de Chicago de Sociología. Josep Picó e Inmaculada Serra

3. Chicago

Los alemanes fueron el grupo étnico más numeroso antes de 1890, seguido de los irlandeses, lo bohemios y los escandinavos. Los alemanes tenían cuatro periódicos, los suecos tres, los noruegos uno, los daneses dos, los checo-bohemios tres, los italianos dos, los polacos tres y los judíos cuatro. Estos periódicos nos dicen que Chicago era realmente un colectivo de comunidades distintas y no un ciudad de melting pot. (pg. 39)

Durante el último periodo del siglo XIX los americanos se trasladaron masivamente desde el campo a la ciudad, pero hicieron este recorrido con muchas reservas. La ciudad se percibía como peligrosa, dañina y un lugar no natural. De acuerdo con la lectura convencional del momento, las casas de juego, el radicalismo del trabajo, los salones, los burdeles y el ateísmo no florecían en los campos de Iowa, en los de algodón de Mississippí o en las granjas familiares de Indiana. Muchos americanos creían que el vicio y el desorden habitaban en la ciudad. <<La ciudad se ha convertido en una seria amenaza para nuestra civilización>>, decían muchos ministros religiosos americanos. Nadie negaba el éxito comercial de la ciudad, pero muchos se preguntaban si estaban pagando un precio demasiado alto por el desarrollo económico. (pg. 41-42)

Una descripción resumida de la ciudad nos la dio Weber a su paso por allí en su primer viaje a Estados Unidos en 1904, cuando fue invitado por A. Small a la Exposición Universal de San Luis (Congress of Arts and Sciences) para dar una conferencia:

[…] Chicago, esa monstruosa ciudad que más aun que Nueva York es el punto de cristialización del espíritu americano. Aquí se dan todos los contrastes, pero aumentados: nuevos ricos que se exhiben en unas magníficas casas de mármol y bronce dorado; pobres desamparados que te miran desde ventanas opacas y unos vestíbulos suciamente oscuros de unas calles infinitamente desoladas, flujo sin descanso de una población mezclada de todas la razas y partes de la tierra.

Chicago es una de las ciudades más sorprendentes. Al borde del lago, encontramos algunos barrios residenciales agradables y de bella apariencia, la mayoría con casas de piedra de estilo imponente y macizo, y justo detrás de encuentran antiguas casitas de madera tal y como son las de Helgoland. A continuación vemos los alojamientos de los trabajadores y la suciedad indescriptible de las calles: sin pavimento o si acaso con revestimiento pobre en cuanto nos alejamos de los barrios residenciales. En el centro de la ciudad, entre rascacielos, el estad de las calles es absolutamente horroroso […].

El diablo anda suelto en los mataderos de ganado: una huelga ha salido mal, con cantidades de italianos y negros haciendo de esquiroles; hay enfrentamientos armados con decenas de muertos de una parte y de otra; un tranvía ha sido volcado porque un no-sindicado viajaba dentro y una docena de mujeres han muerto aplastadas, se han producido atentados con dinamita contra el metro aéreo, y un vagón ha descarrilado antes de zambullirse en el río. Cerca de nuestro hotel, un vendedor de tabaco ha sido asesinado en pleno día, unas calles más allá tres negros han atacado y desvalijado un tranvía al atardecer…: en resumen, un peculiar apogeo de la civilización. (pg. 42)

…: los polacos y húngaros, como hemos dicho, se concentraban en la industria pesada, los judíos en el comercio de ropa, los italianos en la construcción. Hacían el trabajo más fuerte, sucio y desagradable y soportaban largas jornadas en condiciones peligrosas. Estas condiciones generaban pobreza, descontento, delincuencia y conflictividad tanto en el sistema productivo como en el ámbito de la convivencia urbana. Chicago fue así un centro de agitación y conflictos permanentes tanto entre los propios inmigrantes como entre empresarios y trabajadores, una de cuyas huelgas más importantes fue la que tuvo lugar en la Pullman (1893-1894), que arrastró a todo el país a causa del apoyo que recibió de los trabajadores del ferrocarril. (pg. 43)

Para el que llegaba de fuera el símbolo de Chicago era la vida criminal, la degradación y la explotación a través de la cual se producía el dinero fácil, y el contraste profundo entre el horror de los barrios degradados y la opulencia de la Costa Dorada. (…) Conviene decir que 625 de los 675 establecimientos de venta de licor pertenecían a los inmigrantes, y en 1889 una guía anunciaba que la ciudad tenía 900 burdeles, y se editaba para ayudar a los visitantes a identificar los establecimientos legítimos, tranquilos y respetables, que eran <<seguros>> y de <<primera clase>>.  (pg. 43-44)

…, como W.H. Stads, que en su obra If Christ Came to Chicago (1894) documentaba toda la corrupción, la pobreza y la violencia que se vivía en la ciudad. (…) Tuvo más éxito la novela de otro periodista, U. Sinclair, The Jungle (1905-1906), que denunciaba las atroces prácticas de los mataderos y la industria del envasado de carne. (pg. 44)

En esa línea el experimento más importante y el que más repercusión tuvo en la ciudad de Chicago y en la sociología naciente vino de la mano de Jane Addams y la constitución de la Hull House. Jane Addams, que llegó a ser la primera presidenta de la Women’s International League for Peace and Freedom y Premio Nobel en 1931, fue una defensora de la justicia social y una americana que entregó su vida por cuidar a los marginados y oprimidos, a luchar por los derechos de los trabajadores, las mujeres y los niños. (pg. 44-45)

Delegada en el Congreso del Partido Progresista en 1912, hizo campañas por la justicia social y a favor de la presidencia de Roosevelt. En 1895, junto a F. Kelley, protagonizó un trabajo de investigación (Hull House, Maps and Papers) que fijó los prolegómenos de buena parte de la sociología de Chicago y tuvo una repercusión general en todos los estudios posteriores. (pg. 45)

…dos mapas dibujaron las características demográficas de los residentes, uno proporcionó la información sobre la distribución de 18 grupos nacionales dentro del distrito, y otro se interesó por los salarios, los puestos de trabajo y las condiciones de la vivienda. En esta documentación e información participaron miles de personas. Los capítulos 2 y 3, escritos por Kelley, documentaban los bajos salarios, las condiciones insalubres del trabajo y la injusticia del capitalismo. En el capítulo 4 el centro de atención fue la vida de los inmigrantes, una tradición que tendría gran importancia posteriormente para los sociólogos de Chicago. El capítulo de Zeublin sobre la comunidad judía en Chicago fue un modelo para la obra de Wirth, The Guetto, publicada en 1928. En los capítulos 5 y 6 se analizaba a los inmigrantes italianos y a los bohemios. Los campesinos bohemios fueron considerados como un grupo conservador y paciente mientras que los inmigrantes italianos, diferían de otros campesinos por su deseo de volver al Viejo Mundo. El capítulo 10 de Addams sobre el trabajo supuso la base para sus futuros escritos sobre el conflicto. Sus análisis sobre los sindicatos nunca fueron igualados por los hombres de la Escuela de Chicago, que lo evitaron y ni siquiera lo citaron, pero ella pensó que era necesario estar al lado de los trabajadores, y que sus esfuerzos para mejorar su poder contractual eran una forma de romper el ciclo de la pobreza. (pg. 45-46)

De esta manera, HH Maps and Papers estableció algunos precedentes, como el uso del <<mapeo>>, la técnica estadística para poner de relieve los modelos de los grupos sociales, el énfasis sobre la ciudad como factor que estructura las vidas diarias, el análisis de los grupos inmigrantes y su desorganización en la ciudad, como elemento que debilitaba, sobre todo, sus condiciones económicas, y el vínculo directo entre el trabajo de los residentes de la HH y los sociólogos de Chicago. (pg. 46)

La autoras de HH Maps and Papers también se diferenciaron de los hombres de la Escuela porque:

1. enfatizaron las condiciones económicas como causa fundamental de los problemas sociales y constataron la necesidad de cambiarlas;

2. estudiaron el arte como una actividad de la vida diaria;

3. a menudo enfocaron sus trabajos hacia el estudio de las mujeres;

4. abogaron por cambios sociales directos, como la intervención gubernamental para atender a los necesitados o para la organización del trabajo;

5. rechazaron el conflicto como método de interacción social, ya que no creían que fuese la base de la sociedad o del orden social. (pg. 47)