«Esto no es una pipa» y «Esto no es un país»

René Magritte. «Esto no es una pipa». Dentro de la serie de imágenes conocida como La traición de las imágenes, pinta este cuadro entre 1928-1929.
La primera noticia que tuve de este pintor surrealista, «olvidado» dentro de este grupo de creadores tan imaginativos como originales fue a través de un libro de Ciencias Naturales de la EGB:

«Perspectiva amorosa» 1935.

El choque me produjo este cuadro fue inmenso.

Realmente los cuadros de Magritte producen muchos sentimientos contradictorios, búsqueda de significados que resultan distintas según avanza el tiempo de vida de la persona. Los significados que yo le di a la incógnita que planteaba este cuadro no son los mismos que le puedo dar ahora. Y tal vez tenga que lamentarme, porque recuerdo levemente esos significados majestuosos y misteriosos mientras que ahora, si me pongo a reflexionar sobre ellos, serían más pragmáticos y adaptados a la realidad vivida hasta ahora.
Ese es el triunfo de este artista. Planteaba incógnitas tan válidas para unos y para otros: que el ser joven, ser viejo, ser mujer, ser hombre, saber de arte o no saberlo, no importaba, sino el abanico de significados que se abre delante de las obras de este pintor.
El pintor no nos deja el trabajo hecho. Independientemente de que la obra esté bien acabada. Nos plantea una incógnita o un problema de visión, un problema de realidad y los títulos de las obras plantean además otras incógnitas suplementarias.
«Esto no es una pipa» deja entrever que entre la realidad y lo representado hay una distancia que tenemos que valorar. Y aquí podemos entretenernos, si queremos, con planteamientos filosóficos y psicológicos sobre cómo entendemos la realidad de fuera de nosotros, cómo aprendemos, como conceptualizamos…
Magritte tan sólo ha resaltado que lo que hay es la representación de una pipa, pero que no es la pipa en sí la que está ahí. Es la imagen de ella pero no es ella.
En nuestra mentalidad es, algunas veces difícil distinguir o resaltar, la corporeidad y la representación de ella. Somos seres visuales que, creciendo, aprendemos a que no es necesario tocar algo para saber exactamente tu forma, su textura, su tamaño y su peso y otras mil características.
Los niños lo tienen difícil. Valorar estos aspectos necesita tiempo y aprendizaje y tocar mucho. De ahí que se pasen el día tocando cosas, porque necesitan esa información para completar sus propios esquemas. Un adulto puede tocar, pero las más de las veces no lo requiere.
Magritte pinta confusiones visuales, se entretiene confundiendo nuestro ojo como un mago. Y lo plasma para hacernos entender que entre la realidad física y la realidad de cada uno, hay un mundo inmenso. Si nos ponemos ante determinado cuadro de Magritte, la idea que cada uno tiene de esa representación no sólo está acompañado de lo que ve, sino de la experiencia que tiene en su vida, de lo que ha aprendido, de su psiquis, de su estado de ánimo en el momento en el que se enfrenta a la obra y de su carácter. Es apasionante oír las respuestas de cada una de las personas que se pueden enfrentar a un cuadro de este pintor, desde niños hasta adultos, desde mujeres y hombres, desde parejas a personas con otras vivencias vitales diferentes y las respuestas que dan, si se atreven a expresar sus sentimientos y motivaciones, son distintas. Son obras para pensar, para reflexionar y para aprender. Son obras encuadradas en un momento singular, en un apasionante debate que se mantiene visualmente y de forma poética: el Surrealismo. La corriente psicológica del arte. Influenciados por los avances de la psicología que inició Freud, se desarrolla esta corriente tan interesante del s. XX y tan reveladora de una época muy determinada de la historia europea: convulsa, emotiva, desgarradora.
Pero ya no estamos en esa época, ya no estamos en el período de Entreguerras del s.XX. Ahora mismo no hemos pasado la I Guerra Mundial y vamos de camino a la otra. ¿Qué tiene de parecido esta época con esa que vivieron estos pintores?
La crisis.
El mundo está en crisis. Cuando el mundo está en crisis se convulsiona, se revisa, se crea, se destruye. Es como el estallido de un volcán, la revolución. Todo lo que estaba arriba, en el mejor de los casos, va a hacia abajo.
Y el mundo está en crisis y este país, entre otros, también. «Esto no es una pipa» y redescribiendo o repintando… «Esto no es un país». Este ya no es el país dónde vivíamos a gusto y felices, contentos y satisfechos, dónde disfrutábamos, dónde no teníamos preocupaciones importantes, dónde teníamos una serie de condiciones que nos llenaban o nos ayudaban o nos curaban o nos educaban o nos daban seguridad o trabajo o… «Esto no es un país».
Porque la pipa de Magritte, la física, la real, estaba en la boca de ese «sintecho real» que iba con su carrito de la compra, pero sin compra, con sus enseres por el paseo de la Castellana, con esa levedad que sólo lo da el no tener nada más que unas pocas y escasas pertenencias, entre ellas, la pipa.
¿Qué nos ha quedado, a estas alturas, me pregunto yo: la pipa o la representación de la pipa?.
Magritte planteaba que no era lo mismo la realidad de una pipa que la representación de una pipa.
Cierto no es igual la representación de una España, de un país, que su realidad. Pero esta no aparece. Y me explico. La España real ya no existe, sólo nos queda la ilusión de esa España que conocimos. Y esa es la imagen a vender. Tranquilos muchachos, tranquilos ciudadanos desposeídos de todo y sin remisión, no han perdido a su país, está, pero ahora no pueden apreciarlo, como no se pude apreciar la luna cuando hay niebla, pero ahí, ahí está. Pero no está. No se puede ver porque lo único que nos queda de ese país es la representación de él, es la idea, pero no la realidad.
Y es una lástima que tengamos que retroceder en el tiempo, a Magritte, para mostrar mediante imágenes que igual que eso no era una pipa, esto no es un país, no es nuestro país, no será nuestro país. Es un montaje, no ideal tampoco, no real.
La realidad de ese país que era España tenemos, la obligación, no de imaginarla o recrearla, sino de crearla y trabajar por ella. La puerta blindada ha sido traspasada.